miércoles, 29 de diciembre de 2010

Profecías y Utopías (y 2)

“Una sociedad no vive sin utopías, es decir, sin un sueño de dignidad, de respeto a la vida y de convivencia pacífica entre las personas y pueblos. Si no tenemos utopías nos empantanamos en los intereses individuales y grupales y perdemos el sentido del bien vivir en común”, afirma Leonardo Boff

Afortunadamente, ya es grande la colectividad conformada por quienes valoran las iniciativas que fomentan el positivismo y la acción transformadora, y actúan en consecuencia para afrontar las profecías.

Día a día suman más los “lúcidos pero optimistas”. Al vivir la situación vigente ya no es preciso consultar nueva vez los vaticinios porque se sabe que el modo de mejorar el presente y resolver el futuro es adoptando ante la vida la posición correcta.

Incalculables son los que apoyándose en su voluntad aspiran hacer realidad los ideales de bien; tienen la certeza de poder modificar costumbres que les perjudican a ellos y a los demás. Por eso, también ejercen y promueven una participación constructiva para cuidar a otros, a la Naturaleza y al medio ambiente por medio de proyectos particulares, grupales e institucionales.

Aunque aún no sean noticias consideradas para ocupar las primeras planas de los periódicos, la gente está comunicándose con la lógica y la bondad. Está centrando esfuerzos a favor del bienestar común y resaltando los puntos luminosos.

Tal vez se precise de un tiempo prolongado para exorcizar, regenerar, concienciar y transformar, pero sin dudas se nota la determinación y la actuación de múltiples sectores sociales orientada a diseñar y construir un presente y un futuro distinto.

Hay que mantener el sueño de ver suspendidos los hábitos egoístas, la prosperidad sin codicia, el mundo sin armas, la verdad practicada, la justicia aplicada, la insensibilidad superada, las problemáticas ventiladas desde una expectativa de solución, con un enfoque creativo y con una mente positiva. Hay que soñarse mejores, aprovechar los particulares dones y conservar tal actitud consigo mismo y en todos los espacios de interacción humana.

Las utopías tienen fuerza redentora. El pasado pudo haber sido desolador, incluso el presente puede parecer serlo, pero indudablemente se está avanzando hacia un horizonte de luz.

Si acaso alguien no alcanza a ver la perspectiva así, posiblemente deba ampliar el agujero de su percepción. Existen diversas maneras de conocer de cerca toda la energía creativa y optimista que edifica el nuevo mundo.

Sí, una profecía se cumplirá. Modificando la expresión, se puede tomar prestada la profética sentencia de Aymará Tupac Katari y con una clara visión esperanzadora exclamar: “Prevaleceremos y seremos millones”.

El poder de las utopías y el accionar puesto en marcha solo le deja al destino la posibilidad de colocar a la humanidad a la deriva del amor incondicional.

¡Bendiciones!

“El cielo es el hogar. La utopía está aquí. El nirvana es ahora”. E. P. Abbey

martes, 21 de diciembre de 2010

Profecías y Utopías (1)

En todas las épocas la humanidad ha vivido situaciones difíciles, pero ahora por los sucesos cotidianos parece que está tocando el fondo de la desesperación, de la violencia, de la corrupción.

Son tiempos de incertidumbre, de confusiones, de indefiniciones. Se ha hecho frecuente vivir cotidianamente con intranquilidad. Esta realidad es un punto de inflexión que redibuja la supervivencia humana, y para muchos el horizonte en nada luce auspicioso porque continúan cumpliéndose las Profecías.

Peor aún, sabiendo que el temor es un factor común en el ser humano, el sistema mediático, en sus diversas modalidades, comercializa con dicha condición y la utiliza para manejar la población. Diariamente reproduce información negativa que unas veces responde a la verdad de los hechos, otras veces es magnificada y otras tantas inventada.

El miedo, como debilita, atrapa e intoxica y crea la rutina de buscar y rebuscar la “noticia” de día relacionada con lo mismo que se dijo antes sobre: delincuencia, violación, degeneración, inseguridad, mentira, especulación, difamación. Semejantes eventos son materia prima deseada por quienes saben que el pesimismo es semilla del fracaso y que sembrarlo contribuye con el cumplimiento de las predicciones negativas.

Los comentarios sobre tales actos ocupan un primer plano en los medios informativos, igualmente, en las pláticas entre familiares, amigos y vecinos, en las conversaciones de los individuos en las calles y en los centros recreativos y laborales, convirtiendo esos acontecimientos en protagonistas sociales.

Algunos textos egipcios, la Biblia, el Corán, el Código Maya, los Indios Hopi, Nostradamus, Mamá Shipton, Alois Irlmaier, Benjamín Solari y otros más, en sus referencias futuristas revelan posibles episodios desastrosos para la humanidad, si ésta no cambia la ruta autodestructiva que está recorriendo.

Aunque el terreno de la desesperanza es fértil y tiene eficientes sembradores que cada día merman el optimismo y el estímulo, los vaticinios expresados por las fuentes antes indicadas, han debido y deben ser un motivo para modificar el camino, porque si acerca del mañana algo se sabe es un error de insensatos, egoístas y soberbios no tomar en cuenta las advertencias.

Puede parecer improbable combatir el infortunio y el escepticismo; para sanear al mundo hay que enfrentar considerables obstrucciones.

Puede parecer que los desaciertos estén borrando el horizonte vital del ser humano y éste camina a merced de las circunstancias por la vía advertidamente preestablecida.

Pero, ¿por qué no escuchar lo prevenido y alterar el rumbo?... ¿Por qué no retar la visión de cataclismo?... ¿Por qué no confiar en la capacidad humana de redención?...

Creemos, que a pesar de las complejidades de la vida, una buena parte de la humanidad se niega a aceptar un mundo que no tenga un porvenir mejor.

Ciertamente el cambio no ocurrirá de la noche a la mañana. Pero, poco importa la inmensidad de la tarea cuando esta se sostiene en una cosmovisión avalada por la utopía.

Para muchos, el hombre ha tocado el fondo, está a la deriva; sin embargo, no son menos los convencidos de que ahora es la oportunidad para reavivar la acción y la confianza en lo que ha de venir.

Continuará…

¡Bendiciones!

“Por muy larga que sea la tormenta, el Sol siempre vuelve a brillar entre las nubes” K. Gibrán

martes, 14 de diciembre de 2010

Diversión

En los niños pequeños la diversión y el disfrute es parte natural de su forma de ser. Los estudios sobre el comportamiento humano han determinado la importancia que tiene para el individuo mantener activo el aspecto infantil en su personalidad, porque este le facilita la creatividad, la diversión y el disfrute de cualquier actividad.

Afortunadamente todos los seres humanos tienen la capacidad de divertirse.

Mantener o recobrar el derecho a la diversión es similar a revivir momentos de la infancia; aquellos períodos de sanos disfrutes con sencillas actividades que uno mismo se propiciaba o compartía con los otros.

La diversión es un espacio esencial en la vida del ser humano y cada quien tiene sus formas para experimentarla.

Sin embargo, muchas personas en el transcurrir de sus vidas van perdiendo la disposición a la diversión, consideran que divertirse está fuera de carácter en un adulto “serio”; otras se empeñan en conseguir dinero para “luego divertirse” o la diversión la califican como una pérdida de tiempo y si lo hacen les provoca un sentimiento de culpabilidad y prefieren decantarse por una vida aburrida y desdeñosa.

Por tales razones y otras más, para un sinnúmero de adultos aprender a divertirse implica un proceso de rehabilitación.

La diversión es un acto de compensación personal que contribuye con el equilibrio de la mente y de las emociones y resulta beneficioso para la función biológica.

Hay múltiples manera de divertirse y cada quien se divierte de manera diferente, hacerlo constituye una práctica saludable y esta no está vinculada al gasto material, dependerá de su imaginación, su gusto y su interés de activar sus hormonas de felicidad para divertirse solo o acompañado.

Puede elegir bailar, ver películas o programas de comedias, vídeos musicales, compartir con la familia o amigos, practicar algún deporte al aire libre, efectuar juegos de mesa sin apuesta monetaria o sostener pláticas que despierten su sentido del humor.

Involucrar pequeños espacios de diversión retribuye significativamente en la vida personal, en las relaciones familiares y de amistad, en el compartir laboral y en el social. Además, reduce la tensión y la ansiedad, favorece la autoestima, permite desarrollar una actitud positiva frente a la vida, provee mayor claridad en la búsqueda de soluciones a muchos inconvenientes, entre otros beneficios.

La interacción humana incluye diversión porque fomenta el intercambio de estados anímicos que representan una parte pura de nosotros mismos.

Hay múltiples formas de diversión sana y gratuita. ¡Diviértase!

¡Bendiciones!

“Divertido” no es lo contrario de “serio”. “Divertido” es lo contrario de “aburrido”, y de nada más”. G. K. Chesterton

martes, 30 de noviembre de 2010

¿Absurdos?

Bueno, tal vez usted pueda asignarle una apropiada titulación a esta reflexión.

En la actualidad, algunas definiciones o acontecimientos sorprenden por contrastar con la realidad de innumerables seres humanos y por eso se hace difícil adjetivarlos con exactitud. Por ejemplo:
- Los hijos de una madre suelen ser calificados como “legítimos o naturales”
- La exhibición que ofrecen dos hombres en un escenario propinándose una golpiza recíproca, es diversión colectiva.
- Es usado el diamante para masajearse y el champagne para bañarse.
- Más del 60 % de la filmografía es de género violento, y una significativa parte de los espectadores siente fascinación con los roles delincuenciales de los protagonistas.
- Se prescriben medicamentos invasivos con el objetivo de “sanar”.
- Jugar, actividad que antes era premiada con una rama de laurel, ha pasado a generar más de cien millones a un solo deportista.
- Se subasta el sanitario que usó un personaje fallecido o un pedazo de pastel de una boda de afamados contrayentes.
- Un hombre matando lentamente a un animal es un evento masivo considerado atractivo.

Inaudito también es el que se pague:
- Tres millones doscientos mil dólares por un collar para un perro
- Un millón seiscientos mil dólares por un bolso femenino
- Ciento treinta y seis mil euros por una fragancia
- Más de un salario mensual de un obrero por la entrada a un espectáculo
- Un millón setecientos mil dólares por un vehículo
- Cien mil euros por un televisor
- Un millón de dólares por un calzado tipo tenis por tener una joya en el cordón
- Cien mil dólares por una fricción
- Un millón cuatrocientos mil dólares por un postre
- Ciento veinte mil dólares por unas sandalias o veinte mil por unas botas
- Trece mil dólares por una noche en una habitación de un hotel
- Más de 30,000 mil dólares en adherirse extensiones de pelo
- Quinientos mil dólares por una muñeca
- Un millón doscientos mil dólares por un Martini o por un coctel ochocientos mil
- Doce millones de dólares por un traje de novia
- Ciento quince millones de euros por una casa

Más insólito aún es:
- Que la cantidad de dinero anual consumida en helados, en un pequeño estado europeo, pudiera servir para reducir la pobreza de varios miles de personas en el mundo.
- Que el gasto mundial en armamento militar haya ascendido hasta 1,5 billones de dólares, superando más de ciento noventa veces el desembolso destinado al de la lucha contra el hambre y que el monto del gasto equivalga al 2,4 por ciento del Producto Interno Bruto mundial alcanzando nuevos niveles de récord.

Nos preguntamos, ¿actos como estos ocurren por indolencia o simplemente deben ser considerados absurdos?...

¡Bendiciones!

“Los procesos que causan los mayores avances de la civilización destruyen las sociedades en las cuales ocurren” A. N. Whitehead.

martes, 23 de noviembre de 2010

Orgullo

“Mucho más que los intereses es el orgullo quien nos divide”, apunta Auguste Comte.

Orgullo clasista, nacionalista, cultural, religioso, racial, familiar. Orgullo por el grado de inteligencia, por la preferencia recibida, por las capacidades, por las tradiciones, por las posesiones y por las posiciones.

La lista de orgullos es ilimitada. Y la pregunta se hace obligada: ¿hacia dónde conduce el orgullo?...Este es uno de los sentimientos que más retrasa el desarrollo del individuo; tiene componentes de desequilibrio, egocentrismo y una alta proporción de miedo. Y puede ser cruel, obstinado, insolente, irreverente, manipulador, necio, intimidante, ultrajante, insensible, destructor.

Una postura de orgullo puede ser una dificultad para solicitar u ofrecer los afectos, procurar ayuda para aprender, revelar un fracaso o expresar el bienestar, reconocer un error, pedir perdón o eliminar un obstáculo.

El orgullo crea barreras de separación, reduce la colaboración, debilita los valores, descansa sobre falsas premisas y causa rigidez en el pensamiento, en las emociones y en las actitudes.

“El orgullo está antes de un ruidoso estrellarse; y una actitud altiva antes del tropiezo”, advierte el texto bíblico.

En ocasiones, el orgullo se confunde con la autoestima, pero esa consideración está lejos de la realidad. Sustentar un pedestal de orgullo puede minar o destruir magnificas oportunidades para cultivar las relaciones humanas fomentando la comunicación y manifestándose con sencillez.

Aprender a deponer el orgullo es una tarea de crecimiento importante en el ser humano porque nadie se desarrolla bien sin recibir apoyo, sin confiar o ser confiable, sin intercambiar conocimiento y experiencia y sin el estímulo de otros.

El orgullo debe ser sustituido por la gratitud. Cualquier facilidad u ofrenda recibida, así como cualquier resultado de lo que se hace, en ningún caso debe ser para provocarnos un sentimiento orgulloso; sólo debe ser motivo de agradecimiento al Poder Supremo por los efectos favorables que lleguen a nuestras vidas.

¡Bendiciones!

“El orgullo se encuentra en el fondo de todos los grandes errores”. J. Ruskin

martes, 16 de noviembre de 2010

El tiempo

En la actualidad, la mayoría de la gente ha acelerado su ritmo de vida a niveles casi irracionales. Además, el orden de prioridad que le da a las actividades ha cambiado, y mucho de lo que es esencial en el vivir lo lleva al capítulo de “asuntos que hacer si tengo tiempo”, siendo muy probable que hacerlos lo posponga meses o quizás años.

Todo se quiere conseguir por la vía rápida; la inmediatez se ha apoderado de los espacios de vida y se está esparciendo con grado de vicio. Se prefiere la comida rápida, las ganancias rápidas, las respuestas rápidas, las satisfacciones rápidas, el aprendizaje rápido y, por supuesto, el sexo rápido.

La nueva industria de lo instantáneo también afecta el mundo de las ideas; hay poco tiempo para pensar y se quieren listas para consumir. Además, cuesta mucho dedicar un momento para escuchar a la mujer o al marido; desarrollar el pensamiento analítico; atender la evolución personal o trabajar y crear riqueza para prosperar.

Porque el tiempo es escaso, se procura recibir con preferencia el servicio solicitado sin esperar el turno; se apura la obtención de haberes utilizando las relaciones que tienen influencias y la carestía de tiempo impide hasta mostrar cortesía.

La prisa lleva a adelgazar con tratamientos invasivos, a irrespetar las reglas del tránsito vehicular y a permitirles a los hijos los comportamientos incorrectos buscando acelerar su “crecimiento”. Se dice no tener tiempo para estudiar, para compartir, para madurar, para ejercitarse y menos aún para ser voluntario apoyando un proyecto comunitario.

Las experiencias derivadas de los actos precipitados pagan un precio muy alto en términos de energía, de tiempo y, en ocasiones, humanos y materiales.

Un vivir apresurado deviene en un estrés prolongado, en una angustia innecesaria y finalmente en posibles enfermedades emocionales, mentales y/o físicas de las cuales acaba costando más tiempo la cura.

La escalera se sube peldaño a peldaño. La tendencia a la impaciencia para conseguir algo puede malograr el buen fin.

El tiempo que se tiene es el perfecto para hacer lo que hay que hacer; sólo se requiere de una buena administración de él y un uso consciente de la inteligencia para anteponer lo principal sobre lo banal.

El tiempo debe invertirse, no desperdiciarse; es recomendable observar detenidamente en qué se emplea. Beneficia revisar el tiempo que se está desaprovechando, por ejemplo, hablando en demasía, viendo anodinos programas televisivos o cuidando de modo excesivo la imagen personal. También en la lectura trivial, en el chisme, en los lamentos o perdiendo el rumbo de lo bueno en la propia vida.

Contrario a eso, hay que darse tiempo para reflexionar antes de actuar, para las demostraciones afectivas, para el compartir con la familia, para el verdadero aprendizaje, para silenciarse y serenarse, para la sana diversión, para fomentar la interacción con los hijos, con la pareja y con los amigos.

Asimismo, hay que darse tiempo para el desarrollo de las aptitudes, para lograr la excelencia en cualquier entrenamiento, para escuchar las particulares respuestas. Incluso, para difuminar el odio, para olvidar las ofensas, para rehabilitarse y para transmutar la tristeza.

En todos los aspectos productivos de la vida, también hay que darse el tiempo necesario para ordenar y concretar las ideas, establecer su elección, elaborar un plan de acción, diseñar la ruta, expandir la imaginación y la creatividad, tomar la mejor decisión y afianzar la determinación.

Cada día es un gran día para aprovechar y disfrutar el tiempo. Inviértalo en su crecimiento humano y material, sin recurrir a la prisa. Experimentará paz, fortalecerá sus relaciones y será más productivo.

¡Bendiciones!

“Siempre se tiene tiempo suficiente cuando se emplea como es debido. J.W.Goethe

martes, 9 de noviembre de 2010

Lo bueno y lo malo

Para clasificar las acciones humanas en cualquier asunto existencial, el individuo suele manejar dos adjetivos: bueno y malo

Esta reflexión hace referencia a los juicios que son emitidos desde una visión cultural. Por lo tanto, no implica disquisiciones relativas a los denominados actos de bondad o actos de maldad de un individuo.

Uno de los elementos más interesantes de los seres humanos es la diversidad que tienen en el color de la piel, el tipo de pelo, la fisonomía, el tamaño corporal. Pero lo que más despierta la curiosidad son los modos de vida y costumbres de los grupos sociales: la forma de expresar los afectos, las normas de convivencia, las comidas, el idioma, la religión, los bailes. O sea, las características de cada comunidad que la diferencia de las demás.

Sin embargo, sobre este tema aún hay incomprensión. Aunque estamos presenciando una época de universalidad en múltiples cuestiones, en las distintas sociedades del mundo todavía persiste la práctica de calificar de malo lo que no forma parte de la propia cultura. La estrechez de criterio origina el errado convencimiento de que lo “nuestro” es superior y que fuera de ello nada es correcto.

En tal sentido, los hechos valorados como buenos o malos son variados. Veamos los siguientes ejemplos.

Hay lugares donde se come con los dedos de las manos; mientras que en otros esto se considera una falta de educación doméstica. En algunos países la mujer acepta el rol de completa subordinación al hombre; y en otros, esa actitud no se tolera dado que la independencia de la mujer se estima como una condición ganada. Bueno y malo también se atribuye al tratamiento que se le da a los cadáveres humanos, porque unos los creman y otros los entierran.

En enumeradas comunidades, el hombre tiene explícito el permiso de convivir con diferentes mujeres; mas, en la mayoría restante la censura a esa postura es porque el evento no se disimula. El significado de determinadas palabras, en unos pueblos provoca risa y en otros resulta ofensivo. Igualmente, la inclusión de insectos en la gastronomía de numerosos países cuenta con quienes los aprecian como deliciosos manjares, pero en otras cocinas ese tipo de alimento es rotundamente rechazado.

También existen divergentes pareceres con relación a ciertos bailes como el Belly Dance de los países de Oriente Medio y la Samba de Brasil, los cuales embelesan por su encanto, belleza y energía, pero a uno se le considera hermoso y al otro indecoroso dependiendo de la procedencia de quien lo juzgue.

El dictamen de la parte calificadora puede estar asociado a conceptos religiosos; otras veces al desconocimiento que tiene sobre la pluralidad cultural de la población mundial; pero muchas veces lo hace por etnocentrismo.

Por consiguiente, en lo que evidentemente tiene un acento esencialmente cultural, los epítetos bueno y malo son utilizados por el ser humano para manifestar su desacuerdo con lo inentendible y para defender su propia cultura desde un plano engreído, de no aceptación de la variedad. Entonces, es preferible aprender a desbloquear la percepción respecto a los modos de vida que distinguen a las sociedades del mundo.

La diversidad cultural es un acervo de la humanidad, y comprender eso representa una herramienta fundamental en la interacción humana.

¡Bendiciones!

“Nada es bueno o malo; es el pensamiento humano el que lo hace parecer así”. W. Shakespeare

martes, 2 de noviembre de 2010

Voluntad

“Incluso arrastrándose en la arena la enredadera florece”. Ésta frase de la poeta Tagami Kikusha tiene una clara similitud con los efectos de una vigorosa voluntad humana.

La historia de nuestra especie registra incontables y sorprendentes episodios protagonizados por individuos que ponen en evidencia que sólo se precisa de gente de recia voluntad, para que suceda lo extraordinario.

El ser humano transcurre su vida afanando con los desafíos diarios. Aunque muchos, paralizados por el miedo que sienten, se dilatan en afrontar situaciones infortunadas y otros optan por perpetuar desatinos, hay quienes apelando a su voluntad se colocan sobre su propio estado de ánimo, por encima de inconvenientes, de desaciertos y de adversidades, y logran cambiar favorablemente cualquier circunstancia.

La última postura antes mencionada es fácil entenderla a través del dictamen de Albert Einstein, al proclamar: “Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”.

La voluntad es la facultad para regir la propia conducta. Funciona como ariete que derriba valladares; como cincel para escupir las piedras dándole forma a los ideales; como freno al intento de accionar transgrediendo los principios, la ética y la moral; como acompañamiento para viajar por lo ignoto; como palanca para salir airoso de múltiples propósitos.

La voluntad provoca inspiración, sostiene la perspectiva y provee de una gran capacidad para gestionar excepcionales iniciativas. Apoya las determinaciones, las recuperaciones, el entrenamiento, el aprendizaje, y nos hace más articulados.

Una voluntad enérgica es el alma de todos los caracteres. Donde ella se encuentra hay vida; donde ella no existe, únicamente hay debilidad, impotencia y desaliento”, afirma Samuel Smiles.

Habitualmente, insondables temas sobre la existencia humana se tratan en torno al ejercicio de la voluntad, porque es la vía por antonomasia para manifestar los incalculables talentos y para erigir la sólida plataforma de las acciones de bien.

Por eso, sumar voluntades en la ejecutoria de propuestas comunes también tiene un impacto de mayor alcance.

Si algo posee la virtud de la taumaturgia, es este formidable don que puede hacer posible obtener resultados ciertamente prodigiosos.

El acto volitivo que acompañe el propósito, sin dudas, garantizará el mejor corolario que se pueda alcanzar.

Permítase potenciar su poder ejercitando su voluntad con firmeza. Aplíquela en la construcción de sus sueños, y sus logros le sorprenderán.

¡Bendiciones!

“La fuerza no proviene de la capacidad física sino de una voluntad indomable”. Mahatma Gandhi

martes, 26 de octubre de 2010

Poder

Probablemente, el deseo que mayor fascinación le provoca al ser humano es adquirir Poder. Pero hay dos clases de Poder. Uno es el poder interno y el otro es el poder externo.

Muchos entienden que a través del poder externo se alcanza la “gloria”, razón por la cual convierten en patología sus ansias de tenerlo o fácilmente sucumben a los oropeles de él.

El poder externo está asociado al interés de conseguir algo que casi siempre consiste en la posibilidad de dominar a otros, de resaltar entre otros, de adquirir bienes materiales o posiciones sociales tanto o más que otros. En términos generales, buena parte de este poder se procura para fines de aprovechamiento personal.

Se anhela poder para gobernar, controlar, consumir, invadir, rechazar, impresionar, avasallar, castigar o premiar. Y también se quiere el que ahora denominan los sociólogos “poder de demostración social”. Estos patrones de poder construidos por individuos, grupos y naciones tienden a omitir el deber que hacia los demás trae consigo el poder.

Parece que se precisa de una clara redefinición del poder externo, ya que éste representa una responsabilidad seria, como también un privilegio porque implica compromiso consigo mismo y con los semejantes y porque, además, se necesita valentía para asumirlo e integridad para utilizarlo.

Un ejercicio de poder consciente repercute favorablemente en todas las instancias humanas; y sus expresiones son diversas y valiosas. Es el poder que protege y defiende, el que aplica justicia, el que aglutina y concierta para lograr espacios de mejorías, el que fomenta la igualdad de oportunidad, el que abre senderos de colectiva prosperidad. Igualmente, el que contribuye con alguien facilitándole desplegar sus capacidades de crecimiento personal y productivo.

Esa es la práctica de poder externo que se espera de quien lo obtenga; el poder que, aun sea temporal, hace bien a la mayoría porque se trata de servir, no de concentrarlo para beneficio particular. Por eso, cualquier cuota de poder externo debe ser ejercida con honor.

Y respecto al poder connatural de la especie humana, es aquel que emana de su interior. El poder del ser humano de armonizarse, de desarrollarse, de realizarse, de transformarse. El poder que sostiene su esperanza, su entusiasmo, su fe, su positivismo. El poder que posibilita el buen manejo de los pensamientos, de las emociones y de las actuaciones. El poder de obsequiar la espiritualidad y la humanidad; el poder que provee discernimiento, sabiduría e iluminación.

El poder que permite desarrollar las potencialidades intrínsecas del individuo, y el que también posibilita acompañar a otros en el camino de aprendizaje para realizar lo mismo.

El poder interno, silente, que se debe develar para alcanzar la grandeza sin soberbia. El poder que surge al reconocer la esencia del ser; el que permea el ser para manifestarse como el auténtico Poder.

Ése es el Poder real, la verdadera supremacía. Ése es el Poder que convierte al ser humano en un genuino ente poderoso.

¡Bendiciones!

“El verdadero poder es autárquico para la evolución humana” (Anónimo)

martes, 19 de octubre de 2010

Servir

A Milagros, por su ejemplo.

El integrante de la sociedad moderna ha incrementado una conducta individualista que muchas veces atenta contra su virtud de humanidad, y olvidándose cada día más de los demás, elude el servicio que le debe ofrendar a sus semejantes.

Servir es parte de la responsabilidad personal y social del ser humano. Es un componente de la empatía, de la generosidad y de la solidaridad; una importante curva de aprendizaje que nadie debería negarse.

De tal actitud, con frecuencia se desprende la posibilidad de mejorarle el día a otro. Nos referimos al servicio que por variadas vertientes todos podemos ofrecer, brindado de forma gratuita; sin pasar factura.

El acto de servir es la siembra particular que se hace en el transcurso de la vida. Es la ofrenda de afecto, de tiempo y de colaboración. Es el apoyo dado basado en la conciencia de unicidad que tenemos entre todos y con todo.

Servir es una herramienta potente para expandir la sensibilidad. Cuando el ser humano dispone de momentos para servir, se le transforma la forma de percibir y vivir la vida.

Múltiples son las vertientes para brindar servicio. Éste se puede iniciar con la familia, extendiéndolo a los vecinos y a los amigos. También, involucrándose en tareas comunitarias impartiendo clase de alfabetización, atendiendo a inválidos, solventando los estudios de alguien, asistiendo a huérfanos o a hijos de padres encarcelados.

Aunque sea una vez por mes, se puede servir cooperando en centros de ancianos, de ciegos o de sordos; en instituciones de enfermos mentales o de enfermedades terminales. Igual se puede contribuir en hogares sustitutos, con grupos marginados o con comunidades de algún modo excluidas.

Ofrecer charlas con enfoques optimistas, motivadores; escribir sobre temas reflexivos que fomenten los valores y la confianza en uno mismo, son otras maneras de ofrecer servicio.

Sin esperar la ocurrencia de catástrofes naturales o situaciones personales dolorosas, se debe estar consciente de las carencias de otros; brindar apoyo particular o respaldar proyectos sociales para ser partícipe de las acciones de bien colectivo.

Servir es como un ministerio; requiere apartar la preferencia política, religiosa o social y asumir el acto con ausencia de total discriminación. De lo que se trata es de servir a cualquier persona, y no preferentemente a quienes, a su vez, puedan servirnos.

Resulta desacertado referirse al éxito, al bienestar y a la paz propia sin que esto incluya ayudar a los demás. Absurdo sería entenderlo sin ello.

Servir transciende la individualidad y amplía la solidaridad. La práctica de esta virtud puede lograr que el bien común sea una prioridad para cada quien.

Además, servir no tiene fronteras; día a día los objetivos y los esfuerzos para promover el desarrollo y el bienestar son universales.

Con buen talante, ¡haga su parte! Sea accesible. Descubra su particular manera de donarse. Tal siembra deviene en gratificación existencial, pero lo más importante es que se convierte en un significativo medio para evolucionar.

Servir es una sencilla manera de devolver algo al Universo por lo que se recibe en la vida y de la Vida. Una gran expresión de humanidad. Una experiencia iluminadora para quien recibe y para quien sirve.

¡Bendiciones!

“Cada ser humano nace delante de un erial. Cosechará lo que siembre”. C. C. Vigil

martes, 12 de octubre de 2010

Dios (y 3)

Describir a Dios.
Buscar respuesta sobre quién es Dios.
Tratar de llegar a Dios, por creerse separado de Dios.
Estas actitudes humanas parecen ser equivocadas.

Parece que cuesta mucho, a muchos, dejar de satisfacer el ego interpretando a Dios.

Posiblemente, sólo sea preciso silenciar la mente y la palabra.
Posiblemente, sólo sea precisa la vacuidad de lo preconcebido.
Posiblemente, sólo sea preciso despertar.
Posiblemente, sólo sea preciso permitirse experimentar la infinitud de la Energía, de la Luz, del Amor y del Poder real.
Posiblemente, tal experiencia íntima nos revele a Dios.

Posiblemente. Posiblemente…

¡Bendiciones!

“…La fórmula repetida es Neti-neti (no es esto, no es esto), que lleva a desprender no sólo los sentidos, sino al mismo entendimiento, del afán de aprehender a Dios en sus moldes. (…) Negar para saber. No saber nada para saberlo todo. Desprendimiento total, ascética de conceptos, austeridad de pensamiento. (…) no concepto que, al renunciar a todo, lo incluye todo”. C. G. Vallés

martes, 5 de octubre de 2010

Dios (2)

La reflexión precedente nos muestra las diversas ideas y versiones que de Dios tiene la mayoría de sus fieles. Unas veces la concepción de Dios es terrenal, humana, según lo antes visto. Pero otras veces, Dios es inalcanzable e imposible; se cree que habita en el cielo, un lugar que usted debe “ganarse” para poder “ver” a Dios; un Dios separado del ser humano, que para “contactarlo” es necesario un intermediario.

El infortunio que originan los conceptos y las definiciones de Dios es, que cuando se trata de imponerlos a otros frecuentemente estos se transforman en elementos de intolerancia, de enemistad, de violencia personal y grupal entre sus propios seguidores porque, desde luego, depende de cómo y para qué la persona quiera “utilizar” su idea de Dios. Por ejemplo, la energía eléctrica puede usarse para iluminar un espacio oscuro o para activar un equipo de tortura.

Por eso, como este tema no tiene la intención de iniciar polémicas, preferimos que cada quien efectúe sus particulares reflexiones a través de las siguientes preguntas.

¿Por qué el individuo agota tiempo cuestionándose sobre la existencia o no existencia de Dios? ¿Hacia dónde le conduce tal actitud?

¿Quién tiene la certeza de tener la concepción correcta sobre Dios? ¿Qué hace creer al alguien que tiene la verdad absoluta en su definición de Dios?

¿Por qué considerar que todos deben concebir a Dios de manera similar?

Pero, sobre todo, ¿cómo puede un ser humano definir a Dios si no puede definir su propia existencia? ¡Porque, ni siquiera puede describir el olor de una flor o el sabor de una fruta!

Esto es análogo a la posibilidad de que un pez pueda describir el océano donde habita, o de que una persona invidente desde su nacimiento pueda explicar cómo es la naturaleza.

Además, ¿de dónde proviene la creencia de que para existir, o para morir, se requiera de conceptos o definiciones de Dios?

¿Por qué se busca a Dios? ¿Adónde se espera encontrar a Dios? Recurrimos a otra analogía: ¿A alguna persona se le ha ocurrido buscar la piel de su cuerpo? ¿Será que se busca lo que ya se tiene y que no se está consciente de que se tiene en sí mismo?...

¿Qué significa la expresión de 1 Corintios 3/16: “¿No saben ustedes que son santuario de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?

¿Y qué de la universalidad e infinitud de Dios? ¿Dios es limitado o Dios está en todos y en todo?

¿Vinimos a la vida a pasar el tiempo debatiendo sobre escepticismo y credulidad o a realizar un proceso evolutivo?

Tal vez deberíamos de despojarnos de la presunción de poder explicar a Dios. La arrogancia, incluso si es religiosa, no es un acervo y nunca se justifica.

Tal vez deberíamos dedicarnos a manifestar nuestra espiritualidad más allá de conceptos e interpretaciones sobre Dios.

Tal vez deberíamos honrar a Dios revelando el Bien Supremo en nuestro accionar diario.

Continuará…

¡Bendiciones!

“Dios es más íntimo que mi propia intimidad” San Agustín

martes, 28 de septiembre de 2010

Dios (1)

En sus distintas denominaciones, “Dios” es el nombre más pronunciado por los adeptos, practicantes o no, de las religiones monoteístas.

Esta reflexión está basada en el nombre “Dios” por la cotidiana relación que con él mantenemos.

La expresión: “El ser humano ha sido creado a Su “imagen y semejanza”, probablemente es la que ha motivado que la mayoría de los partidarios de Dios lo conceptualicen como un ente humano y le adjudiquen las facultades de esta especie en términos de pensamientos, palabras y hechos.

El individuo es proclive a construirse una idea de Dios dependiendo de la situación que esté viviendo, la cual puede cambiar en la medida que reciba lo que busca, lo que quiere, lo que espera; o lo que pierde, lo que no encuentra o lo que no obtiene.

Expliquemos un poco esto, con algunos ejemplos.

Cuando la persona quiere seguridad, asume a Dios como su padre protector; cuando sufre la pérdida de un ser querido, considera que Dios es cruel; cuando siente regocijo por la calamidad del prójimo, dice: “Dios lo ha castigado”; cuando tiene dificultades económicas, le parece que Dios es injusto e indiferente; cuando no quiere tomar una decisión para mejorar cierta condición, permanece en ella porque es “la voluntad de Dios”.

Igualmente, cuando se siente amenazada por los fenómenos naturales, implora a Dios pidiendo misericordia; cuando quiere temer a Dios, lo ve como iracundo e implacable; cuando no quiere abandonar los hábitos erráticos, su excusa es que Dios no le da suficiente fuerza; cuando le solicitan cumplir con sus compromisos, hace responsable a Dios contestando: “Lo haré, si Dios quiere”; cuando está enferma, clama al Dios sanador y compasivo.

Otros ejemplos lo son, cuando el individuo le quiere dar un escarmiento a alguien, le pide ayuda a Dios porque es vengador y justiciero; cuando el hijo o la mujer/el marido lo “hacen sufrir”, Dios es insensible; cuando quiere intimidar a otros, utiliza a Dios para juzgar y condenar; cuando la fortuna le sonríe, aparentemente, Dios suele estar ausente.

Como puede verse, a Dios se le ha convertido en pretexto o en impedimento para justificar las acciones y las posturas que libremente decide cada quien. O sea, para hacer o no hacer lo que se quiere de manera conveniente.

A Dios se le atribuyen palabras, se le conoce el pensamiento, se le describen sentimientos y se le culpabiliza de eventos.

A Dios se le asigna parcialidad en la guerra, en la discriminación racial, en la prerrogativa social.

A Dios se le concibe como causante de batallas, de pobreza, de sufrimiento, de adversidad, porque se cree que Dios está castigando, combatiendo, oprimiendo, probando a la raza humana o administrando su propia marca de justicia.

A Dios se le supone de sexo masculino, como una especie de “hombre” poderoso que se compadece y se enfurece; que ama, humilla, perdona, reprende, acepta, rechaza, premia, castiga.

En el nombre de Dios a cada instante se comete una iniquidad. Y muchos declaran que gozan de la preferencia de Dios para obtener privilegios, actuar con negligencia o abusar sin penitencia. Porque hasta genocidas, inquisidores, cruzados, terroristas y fundamentalistas dicen contar o haber contado con la divina providencia.

Si tal es el concepto que se tiene sobre Dios, no resulta inapropiado preguntarse, pues, ¿en qué se diferencia Dios de un ser humano? Porque, de acuerdo a sus circunstancias, el ser humano también puede ser: bondadoso, sanguinario, compasivo, vengativo, solidario, arbitrario, protector, unificador, indolente, pacifista.

Por lo tanto, es fácil inferir que si Dios es semejante a los seres humanos, Dios también fue creado. Entonces, ¿quién creó a Dios?

Pero, ¿así es Dios, en verdad?... …

Continuará…

¡Bendiciones!

“El Hombre, en su orgullo, creó a Dios a su imagen y semejanza”. F. Nieztche

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Respeto

“Algo que todos quieren, algo que pocos dan: respeto”.

Al igual que la educación, el respeto constituye un notable pilar en el bienestar humano y en el progreso de los pueblos. Pero el respeto no es materia para aprender en la escuela, es asignatura que debe ser incluida en el proyecto instructivo del hogar.

Somos seres emocionales y relacionales. Se espera, por lo tanto, que estemos conscientes de que podemos afectar a otros a través de la palabra, del gesto o de la acción; sin embargo, parece que no es así.

En el comportamiento humano se registra irrespeto a los padres y a los hijos, a los amigos y a los vecinos, a los profesores y a los estudiantes, al compañero de trabajo y al directivo.

Se irrespetan los principios, las creencias, los derechos, las capacidades. Igualmente, el esfuerzo, el pensamiento, la aflicción, la esperanza, la diversidad racial y la cultural.

Abundan las personas quienes como respuesta acostumbrada, tienen una actitud desconsiderada. Modalidades de ésta se realizan a diario faltando el debido respeto con el insulto, la impuntualidad, el chisme, la falsa habilidad, la hipocresía, la mentira, el engaño, la mordacidad, la irresponsabilidad; con una actuación deshonesta, deshonrada, avasallante, intimidante, insolente e indolente.

Tales conductas devienen en valladar para la convivencia, debilitan lo que representa el horizonte vital de cualquier interacción, arriesgan la comunicación y canceran los conflictos.

Una sociedad donde un significativo número de sus habitantes no respeta las reglas regulares, familiares y sociales, irrespeta a otros aprovechándose de la inferioridad de sus circunstancias, trata irrespetuosamente a sus subalternos o se apodera de lo ajeno, difícilmente llegará lejos en lograr el bienestar y el progreso común.

Imprescindible se hace recordar la importancia que tiene el respeto como un valor que debe desarrollarse desde el ámbito del hogar, porque los hijos tienden a reproducir el proceder de los padres.

Una sociedad compuesta por familias estructuradas con claro entendimiento del respeto, se pone en evidencia con la práctica del mismo. Cuando se ha aprendido eso, el ser humano se respeta y respeta todas las formas de vida, y lo expresa en todas sus acciones.

Un comportamiento regido por cánones respetuosos facilita las relaciones, la justicia, la participación constructiva, la integración, la dinámica del dar y del recibir, el aprendizaje y la enseñanza.

Beneficia al grupo familiar, profesional, laboral, tanto como a la comunidad en general, el mutuo respeto que sus miembros se ofrezcan entre sí.

El respeto apoya la sana coexistencia humana, la conservación del medio natural, la colaboración en el crecimiento de un país y la armonía entre las naciones. Es un sello cultural caracterizador.

Hay que educarse y educar en el respeto. Con el ejemplo, hay que impulsar el trato respetuoso, brindarlo sin importar edad, sexo, estatus social, económico o por oficio.

Los individuos deben ser honrados por su identidad humana y sobre todo, porque en cada uno habita la divinidad. Entonces, ¡honremos!

¡Bendiciones!

“Ante un imprevisto enfrentamiento, debo tener bien a punto y afiladas mis mejores armas: la educación y el respeto”. Anónimo

jueves, 16 de septiembre de 2010

Suicidas

Generalmente, la gente denomina suicidio a la acción de quitarse la vida en un solo acto utilizando medios considerados infalibles como un disparo, tomar veneno o ahorcarse. Sin embargo, el porcentaje de quienes efectúan este tipo de suicidio es muy inferior al porcentaje de quienes lo hacen de forma lerda, poco a poco y día a día.

“Privación voluntaria de la vida” y “Conducta peligrosa o dañina para quien la realiza”, son dos definiciones del Diccionario de la Lengua Española para el vocablo suicidio. “Irresponsable, imprudente, irreflexivo”, son algunos sinónimos del término suicida.

La presente reflexión se apoya en esas descripciones.

Casi siempre el suicidio se lleva a cabo por motivaciones asociadas a la desesperanza, a la angustia, a los problemas económicos, a la soledad, a la ira, a sentirse menospreciado, a fundamentos religiosos, entre otras. También, estos han estado relacionados a circunstancias y razones políticas o a ciertos principios culturales en determinadas épocas como los conocidos suicidios de los Tokkōtai (Kamikaze)(1) y la práctica del Seppuku (Harakiri)(2).

En todos los períodos de la humanidad han habido suicidas. Pero en el mundo moderno, son millones las personas que desarrollan y adoptan diariamente distintos hábitos y adicciones que atentan contra su propia vida; hacen una elección suicida de paulatina ejecución y efectivos resultados. Mafalda, la de Quino, lo dice así: “La vida moderna tiene más de moderna que de vida”.

Veamos esto sin incluir el tema de las drogas, el cual amerita una consideración aparte.

El cada vez más diverso y globalizado sistema mediático difunde alarmantes informaciones y cifras sobre las consecuencias nocivas generadas por una alimentación insana, por el consumo excesivo de alcohol, por fumar, por la obesidad, por el uso desmedido del teléfono, del computador y de la televisión, por el ruido de mil maneras producido ya sea con la voz, con los equipos de audio, con las bocinas vehiculares.

Igualmente, resalta los efectos dañinos que le causan al individuo sus relaciones tóxicas, su violencia verbal, sus posiciones rígidas, sus sentimientos de animadversión y soberbia. Asimismo, las derivaciones perjudiciales que tiene el no concederse un adecuado descanso, el construir ambientes hostiles, el pasársela escenificando una actuación negativa, y muchas conductas más. O sea, por adoptar costumbres lesivas que van afianzando su predominio sobre él y le provocan un deterioro gradual en su salud mental, emocional y/o física, conduciéndolo a una inevitable autodestrucción.

Relativamente pequeño es el grupo de personas desconocedoras de tal situación.

Se puede colegir, pues, que una gran parte de la colectividad humana está seleccionando cotidianamente sus nuevos estilos de suicidio, de aniquilamiento; sus modernos códigos de muerte.

Lo peor es, que estas formas de suicidio son por indisciplina, por falta de voluntad y de valoración de la propia existencia. El sujeto penetra en un laberinto y opta por un comportamiento vacilante para buscar la salida.

Decantarse por realizar una vida separada de la serenidad y la moderación está incrementando la población de irresponsables, imprudentes, irreflexivos; está conformando las sociedades por gente de vocación suicida. En el presente, parece que ha dejado de ser exagerado el señalamiento de Benjamín Franklin, al decir: “Nueve hombres de cada diez son suicidas”.

El hecho de que la persona tiene derecho de gobernar su existencia usando su libre albedrío, no hace menos lamentable el diario desaprovechamiento que hacen tantos seres humanos de sus potencialidades, y el trato irreverente que le dan a la vida al apresurar su muerte con tan absurdos procederes.

La vida nos ha sido ofrendada para cultivarla, para desarrollarla, para dimensionarla, para disfrutarla. Vivir respetándose a sí mismo es la respuesta de gratitud que debe ser dada.

¡Bendiciones!

"El mejor uso de la Vida es gastarla por algo que dure más que la misma vida" W. James


(1)Tokkōtai (Kamikaze) Unidad Especial de Ataque Shinpū; ataques suicidas.
(2) Seppuku (Harakiri) Suicidio ritual japonés.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

El Agua

Esta es una reflexión obligada; las instituciones autorizadas señalan que se está empeorando la crisis del agua.

Para vivir, el ser humano precisa de algunos elementos que yacen en la Tierra, y del usufructo que haga de ellos depende su subsistencia. El Agua dulce es uno de los principales, es un recurso finito y vulnerable y conforma solamente un 2.53% de toda el agua del Planeta, porque el resto es salada. Entonces, sobrados y poderosos son los motivos para abordar este tema.

El agua constituye el ingrediente fundamental de la materia viva, el sostén de toda forma de vida y, hasta ahora, se desconoce la posibilidad de la existencia humana sin ella.

Hay muchos que pueden sobrevivir largos períodos sin comer, pero sin tomar agua la persona moriría en pocos días. Las dos terceras partes del cuerpo humano están compuestas por agua y ésta es primordial en diversos procesos biológicos incluyendo la respiración, la digestión, la absorción, la circulación y la excreción.

Es el componente básico de la sangre, del líquido linfático y de los órganos internos; regula la temperatura corporal, mantiene el metabolismo, los músculos fuertes, la piel joven y elástica y lubrica las articulaciones y los órganos manteniéndolos en buenas condiciones.

El agua evita la deshidratación del cuerpo; se encuentra en las células y en los tejidos y lleva a éstos los nutrientes y la energía; ayuda a mantener el equilibrio y la presión sanguínea; elimina la grasa corporal y también las toxinas del organismo a través de los riñones, la vejiga y la transpiración.

La gente la emplea para la cocción de los alimentos, el aseo personal, la limpieza, el lavado, los rituales y otras modalidades. Es necesaria para garantizar el desarrollo sustentable, los comestibles, los servicios de salud y la industria. Y es indispensable en la preservación de la Naturaleza.

La continuidad de una explotación irrazonable del agua arriesga tanto al ser humano como el desarrollo social y el medio ambiente. Por tal razón, se debe prestar atención a los resultados de las investigaciones que revelan una grave y creciente carestía de agua que en una proporción significativa es provocada por la inconsciencia e irresponsabilidad de la mayor parte de la humanidad en su utilización, distribución y conservación.

Se ha hecho común el dispendio del agua que el individuo hace al ducharse, rasurarse, lavar la ropa, limpiar los utensilios, la casa y el vehículo; en el regadío, en la piscina, en el jacuzzi, en las fuentes; como también manteniendo roturas en los conductos. Igual de frecuentes son las formas de afectar la depuración para su provisión al contaminarla depositando en los desagües productos tóxicos como aceites, medicinas o pintura.

Es cierto que en este asunto para obtener soluciones eficientes, sostenibles y equitativas deben ser atendidos diferentes factores. Pero la contribución de cada miembro de la sociedad es imprescindible, y no puede alegar desconocimiento porque la información sobre la peligrosa deficiencia de agua le llega por los distintos medios impidiendo que justifique su indiferencia.

El World Water Development Report-WWDR- (Informe sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo) de la UNESCO, 2003, de su World Water Assessment Programme-WWAP- (Programa Mundial de Evaluación de los Recursos Hídricos), indica que en los próximos 20 años la cantidad de agua disponible para todos decrecerá en un 30%.

“Hoy en día, una de cada tres personas del mundo no dispone de agua suficiente para satisfacer sus necesidades diarias”, destaca el WWDR en su Informe titulado “Agua para todos, agua para la vida”. Además, refiere: “A mediados del presente siglo, 7000 millones de personas en 60 países sufrirán escasez de agua, en el peor de los casos, y en el mejor se tratará de 2000 millones de personas en 48 países”.

El tiempo del abuso en el uso del agua, ya prescribió. Irremediablemente, se hace necesaria la reflexión y la acción.

El ser humano debe cesar el malgasto del agua. Debe modificar sus patrones de consumo y administrar adecuadamente este irremplazable bien natural. Debe pensar en su propia vida, en la vida de sus hijos y en la de los hijos de sus hijos.

El incremento en la escasez de agua convertiría el hogar y la sociedad en espacios de total anarquía. La falta de agua ocasionaría la extinción humana.

¿Aún falta presentar más argumentos para tomar la decisión personal de frenar tal irracionalidad?...Esperemos que no.

¡Bendiciones!

“El agua es el alma madre de la vida y la matriz; no hay vida sin agua”. A. Szent Gyorgi

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Vanidad

Con anterioridad hemos reflexionado sobre la soberbia. Aunque el término Vanidad es un sinónimo de ella, el aspecto narcisista de la expresión es lo que trata esta reflexión. O sea, la actitud del individuo de resaltar desmesurada y obsesivamente los atributos de su físico.

El ser humano quiere lucir bien; gustar de su apariencia. De alguna forma también quiere ser apreciado por lo que exhibe: figura, vestimenta, porte…Pero, ¿qué ocurre cuando el deseo de sobresalir por el aspecto se exagera? ¿De dónde procede el interés del individuo de disponer en demasía de recursos para destacar su imagen utilizándola como señuelo para atraer?

El desarrollo del narcisismo generalmente se origina desde la etapa de la niñez. Padre, madre u otros del entorno le aportan al niño la simiente de vanidad realzándole de forma vehemente y reiterada ciertas características de su físico: el pelo, los ojos, el rostro, la estatura y/o estructura corporal, los ademanes.

Adolescencia alcanzada, ésta resulta un espacio fértil para seguir cultivando el envanecimiento desde otras esferas: en la escuela, en la práctica de algún deporte, en una actividad artística o en el escenario que familiares, amistades o aduladores le construyen. ¡Nadie es tan fascinante como ella o como él!

Conforme transcurre el tiempo, no hay sorpresa al observar a esa criatura convertida en adulta haciendo “cualquier cosa” para que los demás mantengan su atención en ella en función del elemento que le ha sido recalcado.

El extremado interés que el individuo le presta a su apariencia pasa a ser una palanca para manipularlo, materia prima de simulados comentarios o noticia ampliada en los medios, dependiendo de cuán pública sea la imagen del vanidoso.

Entonces, la persona convierte en una obsesión su fachada por la sobreestimación que ha hecho de los halagos recibidos destacándole su aspecto. No le sacian los auxilios del maquillaje, la peluquería, la dieta, los ejercicios, la vestimenta, la cirugía. Previsto es el desenlace fallido de ese empeño y sus arrebatos de infelicidad por haber optado por la superficialidad, se hacen eminentes.

Se extiende el extravío de tal sujeto hasta generarle preocupación el cómo lucirá al morir, el qué dirán cuando eso suceda y cuánto durará el recuerdo de su imagen. Infausta situación esa para una persona tenerla de compañera mental en el trayecto existencial.

Por descuido, por adversidad o por edad se pierden los atractivos del físico. El basamento ilusorio que sostuvo tan débil estructura de vida desaparece quedando al descubierto las carencias que se pretendían ocultar con la apariencia, y el mundo personal se sacude.

¿Qué hace… pensar? al ser humano que puede erigir su supervivencia encima de una plataforma de absurda fragilidad? ¿Vivir se considera una experiencia intrascendente que induce a malgastar energía y tiempo en tonterías?

Ciertamente es agradable una imagen aseada, cuidada y de buen talante. Pero, desacertado es transitar por el sendero de la vanidad porque éste se malogra con facilidad. Nada es tan vulnerable al cambio como la parte exterior del individuo.

Por muchos atributos externos que la gente pueda tener, ninguno tiene la valía y permanencia de sus dones internos. Enseñar sobre la relevancia de la esencia del ser, es un aprendizaje insustituible. Poco probable es, que la adultez trastorne esa enseñanza; y menos probable es, el que se dé mayor importancia a la apariencia reconociendo esa esencia.

Suerte de preferencia humana es tener disponible y gratuito el remedio que yace en cada quien para curar semejante desvarío: apelar a la cualidad real de su SER. Ésa es la perdurable belleza.

¡Bendiciones!

“Teniendo por mejor en mis verdades consumir vanidades de la vida que consumir la vida en vanidades! J. I. De la Cruz

miércoles, 25 de agosto de 2010

Codicia

Desde tiempos inmemorables la humanidad ha tenido claras enseñanzas respecto al carácter de las consecuencias de sus excesos y la importancia que tiene mantener el equilibrio en sus actos de vida.

Pero, incluso, a nadie le es imprescindible ser instruido para ello. La conciencia individual es la mejor maestra para guiar en el camino aunque, por supuesto, también cuentan los valores humanos que sirven de cayado.

La actitud codiciosa, pues, no comienza en el grupo social, por ahí hace metástasis, sino con la decisión personal de obrar de esa manera.

“Dañosa es la abundancia que viene sobre gran codicia”, advierte Séneca.

Por los deseos de una ostentosa existencia fácilmente se decanta una postura individualista, presuntuosa, engañosa, corrupta, insensible e indiferente, siendo estos algunos de los ingredientes de ese coctel explosivo que hace colapsar los principios morales y las creencias.

El accionar del codicioso se torna subrepticio, evasivo, simulador, lo cual le atormenta la mente y le causa una ineludible ansiedad que le socava la salud emocional, mental y hasta física.

Pero, además, el proceder del codicioso perjudica significativamente a la sociedad porque, en su interminable afán de tener más, este se apropia de lo que no le corresponde buscando saciar presuntas necesidades para las que nunca siente que satisface.

Tanto los medios, que de manera enfática y permanente exponen a la sociedad a los peores excesos, como la ineficacia de controles sirven de excusa para los actos del codicioso. Los resultados nefastos de la falta de integridad se esparcen e igualmente la tendencia a ser emulada por otros, moralmente vulnerables, que observan que para tal comportamiento hay ausencia de una sentencia punitiva que la “legitima”.

Existen notables diferencias entre codiciar y crear riqueza y disfrutarla de forma adecuada, manteniendo la prioridad en el crecimiento personal y en las respuestas a los compromisos familiares y con la comunidad.

Sin embargo, una conducta codiciosa ralentiza la evolución del ser humano.

El profeta Mahoma, sabiamente destaca: “Tres cosas hay destructivas en la vida: la ira, la codicia y la excesiva estima de uno mismo”.

Por eso, la crianza que da preferencia a la expansión de la espiritualidad, a los valores positivos, a los hábitos de vida sana, al desarrollo de la conciencia social es un elemento clave en el desarrollo individual.

Es preciso intensificar acciones familiares, académicas, profesionales, laborales para explicar el impacto que ocasiona la codicia y para implementar medidas que la eviten o la sancionen apropiadamente.

¡Bendiciones!

“Si un individuo posee la base espiritual necesaria, no se dejará vencer por (…) la locura de poseer. Sabrá encontrar el justo equilibrio, sin pedir demasiado. El peligro constante es abrir la puerta a la codicia, uno de nuestros más encarnizados enemigos, y ahí reside el verdadero trabajo del espíritu”. Dalai Lama

miércoles, 18 de agosto de 2010

Valores positivos

Quienes deben sustentar y transmitir los Valores, están en crisis. La crisis ha mutado en descomposición familiar, peor aún, en sistémica. Se torna difícil vivir en un dilema entre los valores positivos y las complacencias derivadas del egoísmo, la ambición, los excesos; esos placeres que se acomodan a los intereses particulares o grupales dejando fuera el verdadero bien-estar, al prójimo y al medio donde se habita.

Dominados por egos inflados muchos se separan del sentido común; divididos en clanes se causan su propia debacle y la desencadenan alrededor esparciendo de manera epidémica las consecuencias. Para algunos, su falta de valores positivos es casi demencial.

Este cambio está arrasando con los cimientos de las arquitecturas sociales sobre las que se asientan el crecimiento del individuo y su proceso evolutivo.

La proclividad a construir sobre soportes falsos, carentes de trascendencia y durabilidad conduce a la gente a crear o a agudizar las situaciones conflictivas, delictivas, destructivas. Tal propensión no fomenta en el individuo la conexión espiritual ni le funciona como una sana directriz social de comportamiento y tampoco es beneficiosa como proyecto colectivo.

Se denominan Valores Positivos a los principios y a las creencias personales cuyas prácticas desarrollan la humanidad del ser. Y sirven de fundamento a las acciones tanto de principiantes como de veteranos del vivir.

Los Valores están presentes casi desde el inicio de la especie humana, la cual, por milenios, le ha dado valía al bien, a la verdad, a la virtud, a la belleza, a la felicidad. Sin embargo, el criterio para definir los valores ha variado a través de los tiempos, al igual que la idea que se tiene de ellos.

Cada uno valora al considerar y al preferir, y sus valoraciones se expresan a través de sentimientos, convicciones, credos, entendimiento, intereses, actitudes y actos.

Factores como la tradición, la estética, los esquemas sociales y en otros términos la comodidad, el goce, la utilidad, inducen a modificar los valores que se optan como guías.

Por supuesto, así como carece de validez una norma que no se integra a la conciencia, así también resultan los valores positivos si de éstos se desconoce su importancia. Por eso, hay que despertar la conciencia sobre la relevancia que tienen.

Una persona que actúa regida por valores positivos se beneficia a sí misma y se convierte en vector de conductas adecuadas, apreciadas por la familia y por la sociedad, cultivando con ello una impronta que seguramente dará motivos para celebrar como legado.

Indudablemente es apropiado considerar además los valores intelectuales y económicos. Sin embargo, la comunicación, la amabilidad, la paz, la libertad, el bien común, la generosidad, el servicio, la afectividad, el respeto, la integridad, la compasión, la sensibilidad, la gratitud, la responsabilidad, la solidaridad, la educación, establecen una diferencia de miras que orienta y provee diversos canales para llevar a cabo la concreción de cualquier meta personal o colectiva.

Son las actitudes y las propuestas positivas que evitan vencer la esperanza de realizar una valoración de los principios y de las creencias, que facilite emprender auténticos caminos de crecimiento y bienestar.

Las transformaciones humanas, a nivel personal o grupal, revalidan y desestiman valores; o generan nuevos. Pero más allá de la inclusión y de la exclusión que de ellos se haga, o que se acomode el parecer para clasificarlos en antiguos y modernos es fácilmente demostrable que los valores espirituales, morales y éticos continúan siendo eficaces para el desarrollo de la humanidad particular y para la convivencia y la armonía social.

¡Bendiciones!

La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas”.
K. Marx

viernes, 21 de mayo de 2010

Pensar

Pensar, es la facultad más significativa que diferencia a la raza humana de la especie animal.

Sin embargo, es evidente que son menos quienes brindan atención al desarrollo de tal aptitud. Entendidos en la materia consideran que la gente utiliza no más de un 5% del potencial de su mente. Quizás esto motivó a Ralph Waldo Emerson a cuestionar y responder: “¿Cuál es la tarea más difícil del mundo? Pensar”.

Desde temprana edad debe aprenderse a pensar, porque la evolución del ser humano incluye su pensamiento. Por supuesto, este aprendizaje se refiere “a pensar”, no sobre “lo que se debe pensar”.

Aunque el pensamiento es considerado como la mayor fuerza creadora existente en la tierra, a aprender a pensar no se le asigna la debida importancia ni en el hogar ni en los centros educativos. Por lo tanto, un significativo porcentaje de personas realiza su vida de manera irreflexiva.

Cuando el individuo no piensa adecuadamente, sus pensamientos y sus actos consecuentes pueden resultarle perjudiciales. Por ejemplo, negativo le es discurrir demasiado en sí mismo o en sus prejuicios; cavilar a través de sus temores; tratar de aprender sin pensar; obstinarse con ideas o deseos. Como también, adoptar las ideas de otros sin sopesarlas o ser impulsivo con la palabrería, por no concederse el tiempo necesario para pensar.

Esas actitudes tienden a generar cansancio mental, turbación del pensamiento, angustia, equivocaciones y, en muchos casos, conflictos con los demás.

Por eso, esta reflexión apunta al ejercicio y uso de la mente orientada al “pensar bien” y pensar “positivamente”. O sea, utilizar este don para beneficio personal y colectivo.

Con esa finalidad, se habrá de tener presente ciertos aspectos relevantes para facilitar el proceso del pensamiento, tales como: descansar la mente practicando el silencio interno, dar reposo al cerebro separándose del tema o de la preocupación persistente, recurrir a la flexibilidad para reemplazar la obsesión.

Favorece higienizar la mente por medio de la meditación, la música relajante, la recreación en la naturaleza.

Hay que aprender a pensar y ejercitarse en ello para hacerlo con acierto, agilidad y alegría. Para generar pensamientos creativos, útiles y productivos.

¡Bendiciones!

“Pensar es moverse en el infinito”
H. Lacordaire

martes, 4 de mayo de 2010

Compartir

En las últimas décadas, la gente ha estado adoptando un estilo de vida que relega un acto valioso en su crecimiento humano: Compartir.

La multiplicidad de actividades que realizan y la facilidad y velocidad de dar información que proporciona la tecnología, contribuyen a que las personas de forma súbita o paulatina otorguen menos importancia al compartir.

Este modo de vivir reduce la comunicación presencial con los hijos, la pareja, la familia, los amigos. Y también, en el ámbito laboral para transmitir mandatos, datos y despido, regularmente se está mediatizando el procedimiento.

Cuando el individuo pierde el trato con quienes son fuentes retro-alimentadoras de energía, estímulo y afectividad, escasamente se libra de tomar una dirección conflictiva.

La ausencia de un diálogo personal y de la sana manifestación directa de los pensamientos y los sentimientos está creando situaciones críticas en la vida humana. En ningún caso el uso de monosílabos y el contacto virtual habrán de ser sustitutos de lo que verdaderamente representa el compartir. Como tampoco lo es el contacto tóxico; ése, donde la gente destapa un estado de ánimo repleto de resentimiento, drama, agresión o negativismo.

Ahora bien, en este tema debe quedar claramente establecida una diferencia: compartir no es pasar momentos juntos viendo televisión o yendo al teatro o a un concierto o estar en un mismo espacio.

El compartir, está basado en encuentros nutritivos. Acercamientos personales que permiten participar en una dinámica de comunicación, en una praxis de dar y de recibir, aportando desde la propia zona de comodidad; esa es la diferencia entre “estar juntos” y “compartir”.

Es incuestionable el valor que tiene tan sencillo acto. A través de él, los participantes suman conocimiento de sí mismos y del otro, lo cual les posibilita, por ejemplo, fortalecer los lazos afectivos, difuminar disgustos, ampliar habilidades, eliminar prejuicios.

Compartir es una actividad saludable y conveniente. Nutre, enriquece, ayuda a expandir la conciencia, facilita el crecimiento personal, y permite dividir alegrías y tristezas.

Quien vive experiencias de trato personal, participando en la vida de otros, con reciprocidad, suele mostrar una conducta más consciente, distendida, indulgente, accesible, porque la interacción le propicia el aprendizaje y la enseñanza.

Con una postura auténtica y armoniosa participe en pláticas, comidas, juegos, peñas literarias y culturales. Comparta gozos y aflicción, éxitos y fracasos; cotidianidades y planes; remembranzas y empeños; criterios e información.

Comparta el bienestar, las esperanzas, las anécdotas particulares, las reflexiones; así como elementos materiales y todo cuanto, con sinceridad, quiera compartir.

Concédase oportunidad para compartir; eso redundará en beneficio de usted y de sus allegados.

¡Bendiciones!

“Todas las buenas maneras tienen que principiar compartiendo alguna cosa con sencillez. Dos hombres tienen que compartir un paraguas; si no tienen un paraguas, tendrán por lo menos que compartir la lluvia, con todas sus ricas posibilidades de humor y de filosofía”. G.K. Chesterton


miércoles, 28 de abril de 2010

Fama

“La fama es la amada de todo corazón humano”; ésta es una opinión de Charles Dickens. Infortunadamente, podría ser así.

De una u otra forma el ser humano es proclive a dejarse seducir por la fascinación de sobresalir y en muchos casos lo ansía con tanta vehemencia que, de repente o paulatinamente, arriesga aspectos esenciales de su vida.

Por supuesto, hay diferentes motivos para lograr fama. Por ejemplo, unos obtienen popularidad con la futilidad y otros ganan notoriedad a través de su integridad.

Pero, la ruta hacia la fama es análoga al escalamiento del Everest: prepararse físicamente no es suficiente, porque un edema pulmonar o cerebral puede atacar sin avisar; eso dicen los especialistas en la materia.

Cuando se comienza a recibir lisonja, ensalzamiento, preferencia, o sea, a alimentar el ego, con facilidad se termina perdiendo el norte y construyéndose el propio avatar, porque, generalmente, también con ello se atrae la envidia, la intriga, las disputas, las exigencias y la necesidad de llenar apariencias para saciar las expectativas de los demás.

En ese sentido, entre otras actitudes, innumerables son quienes hacen una exposición intencional de la cotidianidad de sus vidas, comprometen su proceso evolutivo, sus valores y criterios personales, los espacios familiares, su tiempo para el descanso y los amigos.

Hay que transformarse en habilidoso actor para sustentar un rol de famoso. Optar por satisfacer lo que quieren los otros puede llevar al mercantilismo emocional si se pierde la capacidad de auto-controlarse y mantener el equilibrio existencial.

Difícilmente alguien esté preparado para bregar con las trampas externas de la celebridad. Convertirse en objetivo, someterse al escrutinio personal y social que normalmente altera la vida diaria, es causa de conflicto familiar, provoca fingimiento, hastío, hostilidad. Y crea tendencia a las relaciones inestables y poco gratificantes.

“Por querer alcanzar la cima uno se olvida del suelo y de saber que tu propia casa es la sucursal del cielo”. Poéticamente, Ricardo Arjona refiere tal situación de esta forma.

Ahora bien, cuando la fama eleva sus demandas a niveles extremos o amaina el impacto o ésta remite, entonces, varía el panorama. Se hace más revelador el precio que involucra la popularidad. En poca o mucha cota, esta es un triste espectáculo.

Por lo tanto, el individuo, apabullado por la vorágine descendente de su nombradía puede comenzar a experimentar ciclos de abandono, traición, subterfugios, mentira. Porque los mismos que le colocan alto le execran cuando sienten que no pueden disponer de esa persona a su antojo.

Dice el Maestro: “¿Sabes por qué la virtud deja de ser verdadera…? La virtud deja de ser verdadera por causa de la fama… … La fama es ocasión de que los hombres se avasallen unos a otros… es un instrumento nefasto… y con ella no se puede llevar a la perfección la conducta del hombre”.

En cualquiera que sea su rango, la popularidad arrebata o afecta en mayor o menor grado el reposo interior, la paz del entorno. Por ella, se cambian las prioridades, se redefinen los intereses y resulta difícil de conciliarla con una sana y plácida manera de vivir.

Por lo visto, conserva vigencia, y más ahora, la acertada expresión: “Un hombre que no desea nada, es invencible”.

Se requiere de un profundo desarrollo de la conciencia para librar las batallas con las peculiaridades de la fama.

Sin importar cual sea el sinónimo que usted quiera emplear para denominar su deseo de destacar: fama, celebridad, popularidad, prestigio, honor, gloria, cuide que ese anhelo no le deforme la verdadera visión de la senda que debe recorrer y le conduzca a tener unos días finales marcados por una vida de reclusión no pensada.

¡Bendiciones!

“Bendito aquel cuya fama no hace palidecer el brillo de la verdad”. R. Tagore

lunes, 19 de abril de 2010

Empatía

La sabiduría tolteca señala, que para comprender al prójimo se debe calzar sus zapatos por siete lunas, siete ciclos lunares. O sea, colocarse en el lugar de ese alguien para poder captar su universo personal mental y afectivo.

Tal enseñanza está sintetizada en el término moderno: Empatía. Habilidad considerada como un factor interpersonal en la Inteligencia Emocional, ofrecida por medio de la comunicación y la conducta.

La empatía, es una preciada destreza que debe ser estimulada y reafirmada desde el ámbito del hogar porque se fundamenta en el desarrollo de una sana aptitud emocional, psicológica, y en el conocimiento de sí mismo.

Impulsar el desarrollo de la conciencia y alentar la expresión de los sentimientos, es una misión que cumplirán los padres con sus hijos a partir de sus propias respuestas empáticas con estos y de la correspondencia que tengan con las emociones de ellos. Y la colaboración y el ejemplo que les brinden para que desplieguen la capacidad de conmoverse por el sentir de otros, se torna vital.

Aprender a revelar los sentimientos constituye una destreza social fundamental. Por eso, el ser humano que restringe la manifestación de sus emociones, se sitúa en una precaria posición para relacionarse con los demás por la posible escalada de peligrosa indiferencia que pueda mostrar frente a lo que sienten sus semejantes.

Comprender, percibir las sensaciones y las necesidades e interesarse en las inquietudes y deseos ajenos amplía el entendimiento de la naturaleza humana y las complejidades de la interacción.

Por el poder que tienen las emociones, cuando la empatía es aprendida y practicada de forma desprendida permite evolucionar con mayor facilidad en los aspectos humanos que influyen en lograr una conexión más profunda con los otros.

Una conducta empática resulta ser una excelente aliada para la convivencia armónica, el desempeño profesional, la conquista de posiciones laborales y sociales, en razón de que esta encierra la expresión de valiosos dones particulares del individuo.

La persona empática revela sensibilidad, generosidad, compasión, compenetración, amabilidad, calidez, receptividad, sociabilidad. Privilegia un mejor entendimiento con los de su especie al obsequiar atención a cualquiera que sean las señales de comunicación de estos, estimando sus emociones y brindándoles una clara exposición de interés altruista.

Como las relaciones humanas están conformadas por contenidos verbales, gestuales, posturas, intensidad y tono de voz, disposición y otras exteriorizaciones, contribuye con el ejercicio de la empatía: escuchar, percibir, afirmar, intuir, preguntar; alejarse de la indolencia, de la suposición negativa, de los prejuicios, de las ideas preconcebidas.

También, para tal fin, hacer lectura cauta de las demostraciones recibidas del otro y una interpretación efectiva de sus silencios abre ventanas para ver más allá de las propias perspectivas o de lo aparentemente evidente; así se puede descubrir las necesidades subyacentes a los pensamientos y sentimientos que este haya declarado verbalmente.

El proceder con empatía conlleva garantías de gratificación existencial. Percatarse y comprender las emociones, las creencias y las carencias de otros es ganancioso como aprendizaje y experiencia para ambas partes.

Si usted quiere optimizar su relación con los demás, practique la empatía con ellos. Escúcheles, aprécieles, aliénteles, sírvales, afírmeles, ayúdeles; usted se sentirá retribuido con una vinculación que excederá las circunstancias. ¡Compruébelo!

¡Bendiciones!

“Prestar atención, sensibilizarse, donarse…” Jo.

martes, 13 de abril de 2010

La violencia

La violencia es una problemática ancestral, y su incremento día a día estremece la sociedad global. Nuevas generaciones y métodos para ejercer maltrato, sufrimiento, represión, abuso, muerte, desatan el infierno en hogares, en la calle, en sitios laborales y de diversión, en los templos, en la escuela y en cualquier rincón; esparcida ésta en todo el Planeta.

La humanidad vive un difícil predicamento por su propia insensatez. Exiguo es el avance hacia la paz.

Intensificada, causando en muchos casos un impredecible impacto personal y social, la violencia continúa siendo utilizada como instrumento para manifestar el egoísmo, el miedo, el odio, el enojo, el dolor, la coerción, la inseguridad, la avaricia. Escalofríos provocan las vivencias y las noticias diarias.

Transformada en la mayor epidemia mundial, la agresión abarca todas las esferas de la especie humana ejercida de lo pasivo a lo activo, teniendo como víctimas y/o victimarios a niños, adolescentes, jóvenes y mayores; expresada de forma silente o a través de la palabra, la indiferencia, el gesto, la acción; ocasiona daño psicológico, físico, moral.

Violencia doméstica, de género, sexual, cotidiana, política, socio-económica, cultural, delincuencial; contra el semejante, el medio ambiente y hacia sí mismo; presente en las relaciones personales y entre grupos humanos, en canciones, literatura, juegos, películas, comedia, ficción y, además, es resaltada en todos los medios de difusión.

Violencia generada también por el fundamentalismo, el sectarismo, la alienación. Porque hay quienes todavía continúan justificándola para imponer creencias, autoridad o crear virtud. Esta se mantiene como patrón de conducta de las naciones que se decantan por las acciones sangrientas con el fin de ampliar sus negocios armamentistas e instaurar su injerencia y poderío, y se enardecen cuando sus raíces guerreras avasallan a otras.

Por lo tanto, vale preguntarse, ¿cómo puede una persona, grupo o país vivir, fomentar o atraer la violencia sin ser víctima de ella?... “Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego”, sentencia Mahatma Gandhi.

La violencia es un tema sobre el cual, de manera impostergable, la raza humana debe reflexionar y actuar decididamente para solucionarlo.

“La humanidad no puede liberarse de la violencia más que por medio de la no violencia”; es una sabia observación que también hizo Gandhi.

La sensibilidad debe ser recuperada en el plano individual para hacerla innegociable a nivel general; porque, aun con la complejidad que muchas veces tal decisión implica, esta es la opción personal que contribuye a frenar el espiral de agresión en el ambiente de cada quien y, sin dudas, repercute favorablemente en la sociedad.

El ser humano debe sanar su mente y sus emociones, responsabilizarse de su expansión espiritual y su crecimiento particular para ofrecerse, y ofrecer a los otros, lo mejor de sí mismo.

Hay que suprimir el discurso personal, político y social que defiende cualquier tipo de violencia.

La agresión atenta contra la salud completa del ser humano, le ralentiza la evolución y puede desvanecer sus aspiraciones de felicidad y paz.

Es ineludible aglutinarse en agenciar resoluciones efectivas para abolir esta ignominia antes de ver sucumbir de forma irreversible la población humana.

Conscientemente, debe justipreciarse la humanidad. Por el propio bien y el de los demás, la persona tiene que dejar de tratar con distancia emocional esta crítica situación.

¡Bendiciones!

“La violencia jamás resuelve los conflictos, ni siquiera disminuye sus consecuencias dramáticas” Juan Pablo II

martes, 6 de abril de 2010

Reflexionar

Una de las palabras más utilizadas en la actualidad es “Reflexionar”. Posiblemente el hecho está motivado porque ya se hace difícil ocultar que debido a sus desenfrenos, la humanidad desarrolla la vida con un alto contenido diario de irracionalidades.

Falta atender la advertencia del Buda al decir: “Reflexiona cuidadosamente antes de actuar”.

Cuando la reflexión se excluye de la ecuación en el vivir se dificulta el ejercicio espiritual, la metafísica de estar vivos, y no hay muro de contención para la insensatez, la insensibilidad, la incomprensión y el caos.

En el momento que no se reflexiona, se tiene la propensión a: precipitarse en juzgar, pensar de forma temerosa o negativa, experimentar sentimientos contaminados, tocar la zona vulnerable de alguien, tomar decisiones erráticas y, por consiguiente, obrar de manera equivocada.

En su práctica, reflexionar no es un concepto que se limita a los temas religiosos, filosóficos o morales; es un acto que en el silencio puede llevar a la profundidad interior para explorar y conocer la naturaleza del propio ser.

Por medio de la reflexión se puede eliminar las ideas preconcebidas y darle paso a la flexibilidad y a la aceptación; reformular planes para hacer más asequibles los aciertos; suprimir los prejuicios reconociendo la unidad en la espiritualidad; eludir la tendencia a manejarse con los absolutos descubriendo muchas imprecisiones en la ruta mental; admitir los yerros para corregir el proceder perjudicial en la interacción con otros y elevar el nivel de comprensión hacia los demás.

Reflexionar allana la búsqueda de respuestas existenciales, aproxima a la verdadera esencia del ser y a la auténtica identidad humana. Restablece la ecuanimidad, el pensamiento y acción prudentes posibilitando cualquier proceso de crecimiento humano con paz interna, entendimiento y coraje.

Reflexionar es un aspecto vital en el desarrollo personal, y es un puntal en la acción transformadora. Por eso, todo aprendizaje debe hacerse reflexionando, si así no se hiciese sería malgastar energía, como asegura Confucio.

Hay que reflexionar para mejorar todo lo que influye en el actuar propio en razón de que éste, debe ser resultado de la reflexión.

Es preciso reflexionar para observar lo que ocurre en uno mismo y en el entorno, para generarse nuevos espacios mentales y emocionales, y también para obsequiarse plenitud y serenidad.

La humanidad tiene el reto de cultivar y mantener una actitud reflexiva, puesto que cada acto particular tiene consecuencias que afectan el universo personal y colectivo.

Por fortuna, se cuenta con la herencia de mensajes y enseñanzas de Maestros y sabios que favorecen nuestras reflexiones diarias.

¡Bendiciones!

“La reflexión clamada y tranquila desenreda todos los nudos”. H. MacMillan

miércoles, 31 de marzo de 2010

Negocios

Ciertas conductas humanas han convertido la sociedad global en un inmenso mercado donde todo puede negociarse, y la palabra sirve de eufemismo para ocultar la verdadera dimensión del hecho.

En el “mundo de los negocios”, ilimitada e infortunadamente, también se mercadea al ser humano, la vida, los principios, los valores, la fe, y todo cuanto involucra la humanidad del individuo. La entropía moral proporcionando ganancia material.

Lejos de la sorpresa, cada día hay abogados negociando condenas con otros abogados, jueces o jurados, sin importar culpa o inocencia; ejecutivos o funcionarios con descaro, negocian el contrato soñado; y se emplea la tarjeta de crédito para costear la creencia y la indulgencia que ofrece la iglesia.

Las competiciones artísticas y deportivas, están atrapadas en el espiral de negociación de la ambición desmedida del competidor, aunque no se tiene garantía de que su resultado sea por el esfuerzo y la disciplina. Igual se negocia con la medicina; aun recibiendo menos tiempo de atención el paciente paga más dinero por su sanación, y cuando la cura es invasiva le origina otra dolencia.

Asimismo, se negocia con los hijos, la mujer o el marido para evitar divulgar la disfunción familiar. Se elaboran convenios entre las parejas para asegurar en su relación la perdurabilidad y la fidelidad, y casas de apuestas elevan el perfil y la utilidad negociando privacidad.

Se negocia con niños, jóvenes y adultos para fines de prostitución o el tráfico de narcóticos. También, con órganos humanos enfermos o sanos y con la explotación o la adopción de infantes donde el dinero puede distorsionar las decisiones de los responsables y de padres a quienes les arropa la indigencia.

De igual manera, es negociable la fingida generosidad, la afectividad, la opresión, el poder, la popularidad, la impunidad, la iniquidad, el arribismo; todo negociado con un proverbial cinismo.

Éstas y otras conductas similares y recurrentes, reflejan los motivos que gobiernan a una parte de la especie humana que fácilmente se separa de los principios que sustentan la existencia.

En consecuencia, es imperativo ayudar a abolir tales prácticas de negociación con la actitud de lo opuesto desde la propia ejecutoria cotidiana; solamente la expresión del espíritu a través de las acciones conscientes, transforman la sociedad.

Evitar comprar cualquier tipo de privilegio, negarse a recibir seguridad doblegando la dignidad, seleccionar profesionales éticos para adquirir servicios, reclamar con civilidad el reconocimiento del derecho en buena lid obtenido, apelar a instituciones acreditadas para efectuar una adopción o para cubrir la necesidad de un trasplante, son algunas de las acciones pertinentes.

La inferioridad de las circunstancias no debe colocarse sobre la valía personal. La carestía no justifica los efectos de una negociación por droga o prostitución. Por eso, aportando concienciación a otros también se colabora para eliminar esos actos.

Una conducta personal basada en los valores espirituales y humanos es la mejor forma de impedir escándalos, ya sean desde una posición pública o privada, causados por conflictos de pareja, codicia, fracasos económicos, infortunios familiares y otras razones.

Cada uno debe dar una muestra inequívoca de que sobre la efectividad de la fuerza espiritual y moral particular descansa el mejoramiento social que deseamos. La realización de esta aspiración debe apoyarse en ese comportamiento individual.

¡Haga posible que ocurra así!

¡Bendiciones!

“Hay muchos más espíritus que tierra sin cultivar”. La Bruyére

martes, 23 de marzo de 2010

Culpabilidad

Posiblemente, todos los seres humanos en algún momento hayan experimentado un sentimiento de culpabilidad.

Esto así, cuando al revisar determinado acontecimiento y sus consecuencias la persona cree que debió afrontarlo de manera distinta a como lo hizo, quizá sin evaluar factores no claramente revelados al ponderarlo, los cuales pudieron incidir en su actitud.

Las acciones humanas dependen también del cómo se presenten las situaciones de la vida. En ciertos casos, la persona se da tiempo para la reflexión y la toma de decisión en pos de obtener el mejor resultado; en otros, sus ejecutorias no son debidamente sopesadas.

El miedo, la impotencia, la permisividad, la costumbre, la torpeza, la sorpresa, la intención, la desinformación, la confusión, el apego, la inconsciencia, el sentido de sobrevivencia y las emociones descontroladas, son algunos de los motivos que pueden conducir al individuo a proceder de forma diferente a la que podría tener si antes de vivir las circunstancias considera acertadamente sus opciones.

Pero, incluso haciendo eso, en ocasiones, el sentimiento imprevisto que genera una definida situación bloquea la pertinente respuesta a un hecho.

Entonces, el porqué, por ejemplo, se consintió irracionalmente al hijo, se permitió el abuso del marido, no se defendió la posición laboral, se actuó pasivamente frente a la agresión sexual, se reaccionó desproporcionadamente al insulto, se alimentó el resentimiento y el orgullo, solamente es apropiado aquilatarlo para mejorar o solucionar la condición o absorber la experiencia.

Pasársela culpabilizándose, reiterando mental, emocional y verbalmente el evento no contribuye a dejar atrás la experiencia que resultó negativa. El nivel de autoestima juega un papel preponderante en esto, al igual que tener en cuenta la imperfección de la propia humanidad.

Nadie puede decir que todos los episodios de su vida puede predecirlos y que nunca comete errores de juicio o de actitud. Por cuanto, lo que ocurrió, ocurrió, y no puede cambiarse. Queda pues, aprender de la vivencia, superarla y continuar la ruta. Se debe evitar convertir el pasado en una carga de agobio que impida aprovechar el presente.

La evolución, es un camino largo y pedregoso, lleno de aprendizajes. Son escasos quienes han desarrollado posibilidades de poder pre establecer muchas de sus respuestas humanas. Porque, en cualquier momento el miedo puede paralizar y la rabia o el dolor pueden llevar a la destrucción.

Nada que no sea sufrimiento se consigue con la culpabilidad. Libre de cometer errores nadie está; la diferencia es, el cómo se maneja la experiencia. Saber que todo hecho es una oportunidad de aprender algo y sumar sabiduría, es crecimiento.

Hay que aprender a lidiar con la culpa porque ésta consume mucha energía y deviene en error mayor castigarse a sí mismo por no haber respondido a un suceso de tal o cual manera. Las recriminaciones constantes no forman parte de la rehabilitación.

Hay que aprender a tomar decisiones adecuadas y definitivas para contrarrestar las emociones negativas. Ejercitarse en el dominio de la mente y la emoción para aceptar y sobrepasar lo ocurrido.

Cada quien tiene que ser consigo mismo amoroso, compasivo y perdonador. Si uno no se trata con así, tampoco podrá hacerlo con los otros.

¡Bendiciones!

“El remedio de los males es olvidarlos”. P. Sirio

jueves, 18 de marzo de 2010

Besar

Besar, es un acto prácticamente universal y uno de los modos más antiguos de manifestar los sentimientos. Un rito tradicional en casi todas las culturas.

El beso puede expresar amor, ternura, respeto, alegría, pasión, compasión.

Se besa a familiares, amigos, pareja, compañeros, desconocidos y hasta a los animales.

Se besa al saludar, al despedir, al celebrar, al felicitar.

Besan los infantes, los jóvenes, los mayores y los ancianos.

Se besa en el enamoramiento, en el casamiento, en la reconciliación o en el cumpliendo una norma protocolar.

Se besa en la frente, en los ojos, en la nariz, en la mejilla, en los labios, en las manos, y con el beso lento y pasional puede ser explorada la geografía corporal.

En fin, se besa a quien nace y se besa a quien fallece.

Pero, ¿qué de bueno tiene el besar?... Comprobado está que son variados sus beneficios. Veamos.

Múltiples estudios médicos y científicos realizados sobre el acto de besar muestran que éste de muchas maneras favorece, dependiendo de su ejercicio en las diversas formas de las relaciones humanas y de su intensidad y profundidad.

Besar, es un proverbial canal de comunicación de afectividad, de amistad, de satisfacción, de erotismo, de respeto, de reconocimiento.

Besar puede relajar, liberalizar estrés, bajar el colesterol, elevar el ritmo cardíaco, eliminar calorías, disminuir la depresión y la ansiedad, brindar sensación de aceptación, confianza y tranquilidad.

Además, puede estimular el sistema inmunológico y zonas del cerebro que descargan sustancias causantes de un apreciado efecto de bienestar.

Al ser también un magnífico medio de expresión romántica, sensual, excitante, de gozo, el beso intensifica la intimidad compartida en la pareja, inclusive mejorando el tono muscular de la lengua y de los músculos faciales. Por el conocido bien que brinda tal práctica en este tipo de relación, besarse es recomendado para mantener activa las emociones y en la terapia sexual.

Dado que involucra el gusto, el tacto y el olfato, besar resulta ser una modalidad de caricia generalmente preferida por el individuo porque le facilita demostrar el enamoramiento que siente por el otro; la atracción bioquímica, el deseo y el querer que siente por ese alguien.

Besar, es un acto que desconoce la discriminación, la planificación, el itinerario y el calendario.

El beso, es vinculante, dialogante, calmante, estimulante; es otro de los muchos disfrutes gratuitos que puede proporcionarse el ser humano.

Cuantas veces pueda, ¡exprésese de esta maravillosa forma sin requerir vocablo alguno!

¡Bendiciones!

“El beso no se explica, sólo se practica”. Autor desconocido.

martes, 9 de marzo de 2010

Agobio

Recurrimos a la metáfora para presentar esta reflexión activando la imaginación.

El ser humano, nace en un estado perfecto. Pero, sorpresiva y prontamente advierte que a su alrededor tiene una especie de arquitectos y constructores que pasan la mayor parte del tiempo diseñando y edificando lo que se constituye en verdaderos agobios en el vivir; aprovechan los espacios existenciales para construir con sus pensamientos y actitudes todo lo que limita, oprime, agota, cansa.

Citemos algunos ejemplos como ilustración.

Agobian, los hechos insensibles, abusivos y crueles de los padres y de las madres; la irresponsabilidad del servidor, la ineficiencia del frustrado educador, la aplicación del poder coercitivo y la información limitante del comunicador negativo.

Apesadumbra, el andamiaje de las adiciones al consumismo, a la exageración de posesiones, a la ostentación sin medida, a la acumulación de “cosas” y al ejercicio de los vicios.

También, cansan las estructuras de las posturas falsas, de la persistente intolerancia, de la arrogancia por el rango, de la pedantería de la erudición, del habitual pesimismo, de la indolencia enmascarada y de la violencia disculpada.

Agota, todo lo que se edifique con la ausencia de alegría, el exceso de palabrería, la utilización de la mordacidad, el protagonismo de la superficialidad, la poca práctica de la flexibilidad, la incivilidad incrementada y la insensatez agravada.

Otras de las construcciones humanas que, en mucho, agobian, lo son el aumento del irrespeto, las discriminaciones racial y social, el orgullo y los prejuicios, la disimulada agresión doméstica, el decoro en decadencia y el tráfico de influencia. Igual de fatigante es lidiar con el engaño, con el egoísmo, con la adulación y con la fingida devoción.

Estos modelos de obras conductuales que resultan agobiantes, nos hacen reflexionar respecto a la necesidad del ser humano de derribar tales muros optando por las actitudes opuestas a las antes descritas, para crear un medio merecidamente despejado de esta clase de pensamientos y comportamientos.

Es preciso, pues, librarse del peso energético de los diseños y las construcciones contaminadas que día a día levantan y refuerzan ese tipo de paredes en el hábitat existencial. Evitar, que el espacio de todos continúe siendo fabricado por la irracionalidad y la arbitrariedad.

Por la salud personal y social, cada quien debe asumir conscientemente su cuota de responsabilidad efectuando tareas de refacción o desmantelamiento, dedicándose a cribar los materiales apropiados para erigir un mundo libre de las indicadas construcciones, que tenga como sólido cimiento principios y valores humanos universales y se constituya en la mejor y más segura morada comunal… con el menor agobio posible.

Con un buen talante particular, y apelando a la conciencia colectiva, hay que derrumbar desde sus bases las edificaciones que enrarecen el ambiente bloqueando el panorama de la verdadera naturaleza humana.

Desde lo particular a lo general, hay que sustituir con el propio mejoramiento las construcciones mentales y conductuales que obstaculizan la concreción de la afectividad, la verdad, la justicia, la integridad, la reciprocidad, la aceptación, la colaboración.

Hay que acondicionar el terreno personal y social y construir la residencia que albergue a la humanidad identificada con los objetivos de globalización del bien común, y cohesionada en los esfuerzos para alcanzarlos

Que nuestros pensamientos y nuestras acciones diarias muestren un diseño y una ejecutoria que pongan de manifiesto los dones que tenemos para realizar una epifanía constructiva de creatividad, prosperidad, armonía y paz.

¡Bendiciones!

“Cuando se libera lo que agobia, se crea felicidad”. Jo