Pensar, es la facultad más significativa que diferencia a la raza humana de la especie animal.
Sin embargo, es evidente que son menos quienes brindan atención al desarrollo de tal aptitud. Entendidos en la materia consideran que la gente utiliza no más de un 5% del potencial de su mente. Quizás esto motivó a Ralph Waldo Emerson a cuestionar y responder: “¿Cuál es la tarea más difícil del mundo? Pensar”.
Desde temprana edad debe aprenderse a pensar, porque la evolución del ser humano incluye su pensamiento. Por supuesto, este aprendizaje se refiere “a pensar”, no sobre “lo que se debe pensar”.
Aunque el pensamiento es considerado como la mayor fuerza creadora existente en la tierra, a aprender a pensar no se le asigna la debida importancia ni en el hogar ni en los centros educativos. Por lo tanto, un significativo porcentaje de personas realiza su vida de manera irreflexiva.
Cuando el individuo no piensa adecuadamente, sus pensamientos y sus actos consecuentes pueden resultarle perjudiciales. Por ejemplo, negativo le es discurrir demasiado en sí mismo o en sus prejuicios; cavilar a través de sus temores; tratar de aprender sin pensar; obstinarse con ideas o deseos. Como también, adoptar las ideas de otros sin sopesarlas o ser impulsivo con la palabrería, por no concederse el tiempo necesario para pensar.
Esas actitudes tienden a generar cansancio mental, turbación del pensamiento, angustia, equivocaciones y, en muchos casos, conflictos con los demás.
Por eso, esta reflexión apunta al ejercicio y uso de la mente orientada al “pensar bien” y pensar “positivamente”. O sea, utilizar este don para beneficio personal y colectivo.
Con esa finalidad, se habrá de tener presente ciertos aspectos relevantes para facilitar el proceso del pensamiento, tales como: descansar la mente practicando el silencio interno, dar reposo al cerebro separándose del tema o de la preocupación persistente, recurrir a la flexibilidad para reemplazar la obsesión.
Favorece higienizar la mente por medio de la meditación, la música relajante, la recreación en la naturaleza.
Hay que aprender a pensar y ejercitarse en ello para hacerlo con acierto, agilidad y alegría. Para generar pensamientos creativos, útiles y productivos.
¡Bendiciones!
“Pensar es moverse en el infinito” H. Lacordaire
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