miércoles, 28 de octubre de 2009

Dolor emocional

Ya ha sido dicho: nuestra especie también tiene en común la experiencia del dolor, y éste no deja de ser una visita inoportuna en su zona emocional.

El dolor es un pesar paradójico, tiene el potencial para fortalecer la humanidad del individuo o para debilitársela; esto depende de si él/ella lo trata a través de su espiritualidad o de su personalidad, que es el ego. Entonces, como cada uno se permite que el dolor le afecte de forma distinta, el proceso para suprimirlo es distinto.

Corrientemente la gente siente dolor por las pérdidas, por el repudio, por el fracaso, por la infidelidad, por la separación, por la exclusión social, por el agravio; en las crisis evolucionistas que involucran duda, confusión, incomprensión o siente un dolor iracundo, por despecho, que le golpea de forma casi suicida pasando por profundas congojas, por episodios dramáticos, traumáticos, críticos.

Como las emociones del ser humano penetran en todos los niveles de su vida, permitirse experimentar un dolor de tal severidad a muchos los coloca en el borde del abismo y la desdicha personal; somatizando, enfermando su mente y su cuerpo, y en ocasiones, los conduce a atentar contra su vida y la de otros.

Por el dolor también se apela a la manipulación, a la reclusión, a la culpabilidad, a la negación, a la hostilidad; a darle al dolor que sienten una dirección de resentimiento y odio, o guardando la vesania con una conducta de fingido “estar bien”, lo cual sólo consigue empeorar esa condición.

Para redimir el dolor se debe iniciar la reflexión determinando el origen del mismo, porque, generalmente, este sentimiento se produce cuando lastiman nuestra personalidad. “El ser humano se ha falsamente identificado con una seudo-alma o ego. Cuando transfiere su sentido de identidad a su verdadero ser, su alma inmortal, descubre que todo dolor es irreal. Nunca más puede imaginarse un estado de dolor”; esta es una enseñanza del Maestro Yogananda.

Por medio de conocer y entender el hecho que ocasionó el dolor, es más fácil separarse del sufrimiento que de él proviene. Nadie debería sufrir el frío en vez de buscarse abrigo; aunque no con ello elimine el frío. “El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional”, afirma el Iluminado. En el proceso evolutivo del individuo, una parte esencial es cultivar el desapego al sufrimiento.

Al vivir esos eventos es recomendable acudir a la meditación, a la reflexión. También, sana la abierta manifestación del dolor, la comunicación verbal o escrita, el llanto; aceptar palabras aleccionadoras, detalles solidarios y la asistencia de un/a especialista. Estos recursos ayudan a lidiar y transmutar el dolor desde una perspectiva catártica de entendimiento, de perdón y de amor que restablece el equilibrio emocional y mental.

Aunque el dolor puede generar un aprendizaje y, además, en algunas circunstancias ser un elemento unificador en las relaciones humanas, es preciso que la persona evite desarrollar una adicción al dolor o lo exacerbe para obtener atención.

El Curso de Milagros señala: “Cada una de mis decisiones es escoger entre un lamento y un milagro”. Siendo usted el único que puede decidir hasta donde permite que el dolor le afecte y qué lugar en su vida le da a cualquier situación por muy dolorosa que esta sea, de usted depende elegir curarse, rehabilitarse y "dejar ir".

La transmutación del dolor, consciente y sana, repercute positivamente en el bienestar completo del individuo.

¡Bendiciones!

“El dolor tiene poder educativo; nos hace mejores… nos vuelve hacia nosotros mismos y nos persuade de que esta vida no es juego, sino un deber” C. Cantú