lunes, 5 de diciembre de 2011

Infidelidad (1 de 2)

En todos los grupos organizados que conforma la especie humana, sea familia, empresa, liga deportiva, club social, partido político, asociación profesional, regimiento militar y demás, se le asigna una especial valoración a la lealtad porque en la fidelidad de sus miembros se cimenta la estabilidad, el desarrollo y la fortaleza de cualquiera de ellos.

La lealtad a nivel de agrupaciones sociales es un requisito necesario para considerar planes conjuntos y minimizar riesgos por abandono de la responsabilidad que involucra desarrollar acciones unificadas; mientras que la deslealtad debilita la relación sea cual sea la modalidad de la conexión.

Sin embargo, cuando se trata de la fidelidad en la relación de pareja este tema se torna espinoso. Parecería que el proyecto de pareja no tiene igual carácter de importancia para sus participantes y para la comunidad, y que es menos relevante el engaño en este tipo de vinculación.

Como razones de infidelidad en la relación de pareja, los especialistas en la materia señalan ciertos traumas infantiles, inmadurez emocional, inducción familiar o imitación de la actitud de alguien en la familia, decepción en una relación anterior, venganza, permiso social, trastorno sexual, entre otras.

Y los infieles, hombres o mujeres, esgrimen argumentos como estos: el juego de la seducción me despierta a la vida; quiero probar que aún “puedo”; no creía que merecía todo lo bueno que tenía y busqué otro tipo de emoción; siento tedio en la relación estable que tengo.

También dicen: me gusta la aventura; mi pareja no me satisface; siento fascinación por el romance secreto; me canso fácilmente de la persona con quien me relaciono; es interesante tener una “catedral” y varias “capillitas”.

Hay quienes permanecen en la relación de pareja con una persona de conducta infiel por mantener el estatus social, por la compensación económica y/o sexual, por la incertidumbre personal en el futuro, por el decir de los demás, por los preceptos de la religión que profesan.

Igualmente lo hacen por la crianza recibida, por miedo a perder los hijos en una disputa legal, por conservar las apariencias de ser una pareja “ideal” o negociando la deshonestidad de la infidelidad para simular felicidad.

Visto lo anterior, en la siguiente entrega presentaremos nuestra reflexión acerca de tal situación.

Continuará…

¡Bendiciones!