martes, 4 de agosto de 2009

Recuerdos luminosos

Tenemos la capacidad de recordar sucesos a partir de los tres o cuatro años de edad. Hay quienes dicen que recuerdan hechos acaecidos cuando tenían dos años.

La memoria episódica representa la individualidad en lo vivido. Cada recuerdo tiene su propia historia; y provoca en cada quien particulares emociones. Si una persona al repasar su vida dice que no es como la quería, no con eso invalida sus recuerdos.

Se pueden evaluar los recuerdos en retrospectiva. Presentan el contenido de los procesos de desarrollo existencial, las vivencias diarias. Incluyen actos sublimes y superficiales, tiempos de amor y de desamor; de alegrías y tristezas; de luces y de sombras; días de abundancia y de carestía; de fe y de dudas.

Los recuerdos desarropan nostalgias, revelan causas, justifican consecuencias, reflejan niveles de crecimiento, señalan los peldaños alcanzados, las adversidades superadas; muestran el compendio de rótulos colocados en el camino hasta ahora recorrido.

A través de ellos se recrean episodios como las bellas descripciones de aspiraciones compartidas, una impecable manifestación de ternura, el nacimiento de un hijo/a, los paisajes eternos del ejercicio espiritual, el abrazo que nos habló sin palabras, la aceptación de la disculpa después de haber lastimado a alguien.

Mediante los recuerdos se retrotrae la profunda tristeza que produjo una partida, la pesada carga de aflicción como equipaje, el punto de inflexión que indujo a la reflexión, la mano extendida para apoyarnos, la expresión de gratitud por la acción solidaria, los fuertes lazos afectivos construidos.

Sin olvidar la calidez recibida sin factura, los días perfectos habitados cerca del corazón de alguno/a, la amistad y sus aportes, los memorables encuentros con quienes nos ayudaron a crecer y a ser mejor persona.

Nuestros recuerdos luminosos son los evocados sin apegos. Permiten continuar la marcha, explorar nuevas posibilidades con más conocimiento sobre la vida, mejorar las decisiones, justipreciar el presente y el futuro.

Vivamos a plenitud los días por venir. Esos días sumarán momentos para recordar; y de seguro que los nuevos recuerdos serán tan o más luminosos que los actuales.

¿Sabe?…estos recuerdos son de alguien y, en verdad, todos han sido ciertos. Posiblemente, son semejantes a los suyos, y a los de muchos otros.

¡Bendiciones!

“Estas lleno de materia celestial y llevas en tu mente el inventario de tus mejores gracias”. W. Shakespeare