martes, 1 de septiembre de 2009

Paz

Construir la paz es un quehacer imprescindible.

Generalmente se habla más de la paz a nivel colectivo: la paz familiar, gremial, social, nacional o mundial.

Pero, la verdad es que la legítima y transferible paz se inicia con la experiencia individual. ¿Acaso puede una persona disgustada, ansiosa o codiciosa sentir, reflejar, brindar o propiciar paz?

Para la mayoría de la gente los deseos, los apegos, la búsqueda, la espera son motivos perturbadores de su paz mental. También, les perjudica el sosiego a los de comportamiento belicoso o cáustico. Y muchos, acostumbrados a vivir en tempestad por los conflictos, el drama, lo superficial, los excesos, no conocen la paz o ésta los confunde. Esa vibración peculiar se propaga afectando a todos y a todo lo que yace en su campo de gravedad.

La paz personal es un tesoro inconmensurable; es un elemento esencial en la salud completa del ser. Cuando tenemos paz la palabra y el silencio nuestro recrean a los demás.

Se requiere de voluntad y aceptación para crecer en la paz y fomentarla. Es necesario cultivarla, dimensionar su valor deteniendo la glorificación y la premiación de la violencia en las relaciones de la raza humana.

A nivel social hay que motivar acciones para exaltarla y crear más bonos de paz, tales como la música y el deporte, los cuales históricamente han contribuido a derribar barreras de diversidad y exclusión.

La paz facilita la creatividad, la prosperidad y la felicidad propia y colectiva.

Cuando nos sentimos en paz somos libres, podemos ofrendar amor, verdad y solidaridad, y favorecer la justicia y la equidad. Al expandir esas energías, se coopera con la paz de la especie y del Planeta.

Creemos en un proceso dado de lo particular a lo general que concrete el advenimiento de un vivir globalizado, signado por una consistente cultura de paz; que el concepto “paz” deje de considerarse utópico; que la humanidad, por unanimidad, coloque en sitial preferencial este intangible activo universal que brinda atractivos beneficios de excepción, personales y comunes.

Finalizamos este tema agradecidos en perfecta paz, deseándole, que también sea con usted la Paz.

¡Bendiciones!

“Si no estamos en paz con nosotros mismos, no podemos guiar a otros en la búsqueda de la paz”. Confucio