martes, 4 de mayo de 2010

Compartir

En las últimas décadas, la gente ha estado adoptando un estilo de vida que relega un acto valioso en su crecimiento humano: Compartir.

La multiplicidad de actividades que realizan y la facilidad y velocidad de dar información que proporciona la tecnología, contribuyen a que las personas de forma súbita o paulatina otorguen menos importancia al compartir.

Este modo de vivir reduce la comunicación presencial con los hijos, la pareja, la familia, los amigos. Y también, en el ámbito laboral para transmitir mandatos, datos y despido, regularmente se está mediatizando el procedimiento.

Cuando el individuo pierde el trato con quienes son fuentes retro-alimentadoras de energía, estímulo y afectividad, escasamente se libra de tomar una dirección conflictiva.

La ausencia de un diálogo personal y de la sana manifestación directa de los pensamientos y los sentimientos está creando situaciones críticas en la vida humana. En ningún caso el uso de monosílabos y el contacto virtual habrán de ser sustitutos de lo que verdaderamente representa el compartir. Como tampoco lo es el contacto tóxico; ése, donde la gente destapa un estado de ánimo repleto de resentimiento, drama, agresión o negativismo.

Ahora bien, en este tema debe quedar claramente establecida una diferencia: compartir no es pasar momentos juntos viendo televisión o yendo al teatro o a un concierto o estar en un mismo espacio.

El compartir, está basado en encuentros nutritivos. Acercamientos personales que permiten participar en una dinámica de comunicación, en una praxis de dar y de recibir, aportando desde la propia zona de comodidad; esa es la diferencia entre “estar juntos” y “compartir”.

Es incuestionable el valor que tiene tan sencillo acto. A través de él, los participantes suman conocimiento de sí mismos y del otro, lo cual les posibilita, por ejemplo, fortalecer los lazos afectivos, difuminar disgustos, ampliar habilidades, eliminar prejuicios.

Compartir es una actividad saludable y conveniente. Nutre, enriquece, ayuda a expandir la conciencia, facilita el crecimiento personal, y permite dividir alegrías y tristezas.

Quien vive experiencias de trato personal, participando en la vida de otros, con reciprocidad, suele mostrar una conducta más consciente, distendida, indulgente, accesible, porque la interacción le propicia el aprendizaje y la enseñanza.

Con una postura auténtica y armoniosa participe en pláticas, comidas, juegos, peñas literarias y culturales. Comparta gozos y aflicción, éxitos y fracasos; cotidianidades y planes; remembranzas y empeños; criterios e información.

Comparta el bienestar, las esperanzas, las anécdotas particulares, las reflexiones; así como elementos materiales y todo cuanto, con sinceridad, quiera compartir.

Concédase oportunidad para compartir; eso redundará en beneficio de usted y de sus allegados.

¡Bendiciones!

“Todas las buenas maneras tienen que principiar compartiendo alguna cosa con sencillez. Dos hombres tienen que compartir un paraguas; si no tienen un paraguas, tendrán por lo menos que compartir la lluvia, con todas sus ricas posibilidades de humor y de filosofía”. G.K. Chesterton


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