martes, 19 de junio de 2007

Adversidad > Aprendizaje

Sin diferencia de género, edad, raza, estatus social o económico, somos proclives a denominar como adversidad cualquier situación que consideramos dolorosa o no conveniente o ventajosa para nosotros. Sin embargo, esa propensión también debería inducirnos a reflexionar sobre el hecho que calificamos desfavorable.

Todo infortunio que hayamos vivido ha traído consigo algún elemento positivo. Perdemos mucho tiempo reviviendo los sucesos que designamos como tal y, por supuesto, se nos pasa desapercibida la parte vital que vino conjuntamente con esa desdicha.

Por ejemplo: la práctica del desapego a través de la muerte de un ser querido; la oportunidad que brinda de obtener un nuevo y mejor empleo o crear un negocio propio, el reciente despido laboral; la posibilidad de un ruptura catártica que proporciona el divorcio solicitado por la pareja; el crecimiento de la sensibilidad y la paciencia que facilita el cuidar de un(a) hijo(a) que nació con limitaciones físicas o mentales; la disciplina personal que se debe incorporar al tener que reducir gastos y organizar prioridades financieras; el ejercicio de la comprensión y la tolerancia por las desavenencias familiares, igual que la acción de perdonar a quien le agredió.

Los acontecimientos que provocan aflicción, enojo, cuestionamientos, pueden conducirnos al aprendizaje necesario para desarrollar la fortaleza de carácter, afrontar las vicisitudes, ganar los retos y superarnos a nosotros mismos.

En ocasiones, sentimos que nos excede el evento que vivimos y dilatamos en entender qué es lo que debemos aprender. Pero, si no tuviésemos que aprender algo, entonces, ¿qué haríamos?. La vida transcurriera en línea recta, sin emociones, sin desafíos, sin tareas de crecimiento.

Los episodios adversos son los que, irremediablemente, nos permiten conocer la compasión, la solidaridad, el consuelo, la generosidad de otros(as). Las experiencias didácticas son las que favorecen establecer la impronta de vida.

Existimos para aprender; no se puede evitar, porque no hay evolución sin aprendizaje.

La ecuación es simple:
Adversidad > aprendizaje > crecimiento > logro

Además, ¿quién dijo que la vida tiene que ser perfecta para ser feliz?

¡Bendiciones!


“La adversidad siempre trae dulzura…”
W. Shakespeare