martes, 20 de diciembre de 2011

¿Absurdos?

Tal vez usted pueda asignarle una apropiada titulación a esta reflexión.

Algunas definiciones o acontecimientos sorprenden por contrastar con la realidad de innumerables seres humanos y por eso se hace difícil adjetivarlos con exactitud. Por ejemplo:

  • Los hijos de una madre suelen ser calificados como “legítimos o naturales”
  • La exhibición que ofrecen dos hombres en un escenario propinándose una golpiza recíproca, es diversión colectiva.
  • El diamante es usado para masajearse y el champagne para bañarse.
  • Más del 60 % de la filmografía es de género violento, y una significativa parte de los espectadores siente fascinación con los roles delincuenciales de los protagonistas.
  • Se prescriben medicamentos invasivos con el objetivo de “sanar”.
  • Jugar, actividad que antes era premiada con una rama de laurel, ha pasado a generar más de cien millones de dólares a un solo deportista.
  • Se subasta el sanitario que usó un personaje fallecido o un pedazo de pastel de una boda de afamados contrayentes.
  • Un hombre matando lentamente a un animal es un evento masivo considerado atractivo.

Inaudito también es el que se pague:

  • Tres millones doscientos mil dólares por un collar para un perro
  • Un millón seiscientos mil dólares por un bolso femenino
  • Ciento treinta y seis mil euros por una fragancia
  • Más de un salario mensual de un obrero por la entrada a un espectáculo
  • Un millón setecientos mil dólares por un vehículo
  • Cien mil euros por un televisor
  • Un millón de dólares por un calzado tipo tenis por tener una joya en el cordón
  • Cien mil dólares por una fricción
  • Un millón cuatrocientos mil dólares por un postre
  • Ciento veinte mil dólares por unas sandalias o veinte mil por unas botas
  • Trece mil dólares por una noche en una habitación de un hotel
  • Más de 30,000 mil dólares por adherirse extensiones de pelo
  • Quinientos mil dólares por una muñeca
  • Un millón doscientos mil dólares por un Martini o por un coctel ochocientos mil
  • Doce millones de dólares por un traje de novia
  • Ciento quince millones de euros por una casa
  • Más de 600.000.00 dólares por la colección de caricaturas de un héroe imaginario
  • Cuatro millones seiscientos mil dólares por un vestido de una artista fallecida.
  • Ochenta mil ochocientos euros por una botella de vino
  • Doce millones de dólares dejados de herencia a una perrita
  • Sesenta y siete mil doscientas cincuenta libras por un revólver de un criminal del siglo pasado.

Más insólito aún es:

  • Que la cantidad de dinero anual consumida en helados en un pequeño estado europeo pudiera servir para reducir la pobreza de varios miles de personas en el mundo.
  • Que el gasto mundial en armamento militar haya ascendido hasta 1,5 billones de dólares, superando más de ciento noventa veces el desembolso destinado a la lucha contra el hambre y que el monto del gasto equivalga al 2,4 por ciento del Producto Interno Bruto mundial alcanzando nuevos niveles de récord.

Nos preguntamos, ¿actos como estos ocurren por indolencia o simplemente deben ser considerados absurdos?...

¡Bendiciones!

“Los procesos que causan los mayores avances de la civilización destruyen las sociedades en las cuales ocurren” A. N. Whitehead.

martes, 13 de diciembre de 2011

Infidelidad (2 de 2)

Obviamente, este tema está enfocado en la infidelidad en la relación de pareja porque la deslealtad de las personas vinculadas con otros fines, tiene modalidades distintas en sus manifestaciones.

Una relación de pareja puede apoyarse en el amor, en el querer y en el gusto, y lo que se quiere, se merece y se espera de la misma es estar acompañado de alguien veraz. En este tipo de relación puede compartirse casi por completo el universo espiritual y humano particular y eso la hace más vinculante.

Por esa razón, en las sociedades donde se ha establecido la monogamia la falta de fidelidad puede ocasionar conflictos, dolor, ira y tragedia porque la doble moral es una práctica fundamentada en la mentira y trae consigo fatalidad.

La infidelidad en la relación de pareja no se trata simplemente del engaño y de la fornicación con otro. La connotación de la infidelidad en tal relación afecta de manera profunda los sentimientos de la pareja, la confianza, el buen estado de ánimo y hasta puede provocarle inseguridad respecto a la posible transmisión de alguna enfermedad.

Construir una relación creyendo que la otra persona no espera fidelidad, es falso. Cuando dos individuos se asocian para desarrollar una empresa, ¿acaso deben suponer que en cualquier momento el otro le mentirá y le engañará en el negocio?...

La infidelidad es un irrespeto a la persona y a los valores que supone el vínculo de pareja; valores que deben ser reforzados y protegidos. Es una actuación que provoca la pérdida de la integridad por rehuir la determinación de mejorar la conducta. Además, y sobre todo, ¿cómo ser el compañero de vida de alguien sin respetarlo?

Tanto el hombre como la mujer saben que son responsables de sus decisiones, de sus actos, y de las consecuencias de estos. Entonces, en esta situación, dos opciones pueden ser consideradas:

Primera. Si usted prefiere tener dos o más relaciones de pareja a la vez, desde el inicio ¡dígaselo a cada persona con quienes de esa forma se relaciona! Estas personas merecen que usted sea veraz; dice la verdad y ellos o ellas decidirán si quieren o no quieren compartir la vida con alguien que actúe así; no esperarán lo que usted no está dispuesto a ofrecer y sabrán entonces a qué atenerse. Por supuesto, no le auguramos éxito con tal proposición.

Recuerde que en las sociedades donde funciona la poligamia este asunto no está oculto, ambas partes en la relación están claras de lo que sucede y aceptan esa condición. Igual en los acuerdos denominados “relaciones abiertas”, ¿Querrá usted hacer lo mismo?... …

Segunda. Si no sabe cómo comportarse de manera fiel y sinceramente quiere aprender a hacerlo !busque ayuda! La solución que obtendrá le proveerá armonía, satisfacción y felicidad.

¡Bendiciones!

“El engaño y la mentira nos alejan de la senda de respecto a la humanidad del otro”. Anónimo

lunes, 5 de diciembre de 2011

Infidelidad (1 de 2)

En todos los grupos organizados que conforma la especie humana, sea familia, empresa, liga deportiva, club social, partido político, asociación profesional, regimiento militar y demás, se le asigna una especial valoración a la lealtad porque en la fidelidad de sus miembros se cimenta la estabilidad, el desarrollo y la fortaleza de cualquiera de ellos.

La lealtad a nivel de agrupaciones sociales es un requisito necesario para considerar planes conjuntos y minimizar riesgos por abandono de la responsabilidad que involucra desarrollar acciones unificadas; mientras que la deslealtad debilita la relación sea cual sea la modalidad de la conexión.

Sin embargo, cuando se trata de la fidelidad en la relación de pareja este tema se torna espinoso. Parecería que el proyecto de pareja no tiene igual carácter de importancia para sus participantes y para la comunidad, y que es menos relevante el engaño en este tipo de vinculación.

Como razones de infidelidad en la relación de pareja, los especialistas en la materia señalan ciertos traumas infantiles, inmadurez emocional, inducción familiar o imitación de la actitud de alguien en la familia, decepción en una relación anterior, venganza, permiso social, trastorno sexual, entre otras.

Y los infieles, hombres o mujeres, esgrimen argumentos como estos: el juego de la seducción me despierta a la vida; quiero probar que aún “puedo”; no creía que merecía todo lo bueno que tenía y busqué otro tipo de emoción; siento tedio en la relación estable que tengo.

También dicen: me gusta la aventura; mi pareja no me satisface; siento fascinación por el romance secreto; me canso fácilmente de la persona con quien me relaciono; es interesante tener una “catedral” y varias “capillitas”.

Hay quienes permanecen en la relación de pareja con una persona de conducta infiel por mantener el estatus social, por la compensación económica y/o sexual, por la incertidumbre personal en el futuro, por el decir de los demás, por los preceptos de la religión que profesan.

Igualmente lo hacen por la crianza recibida, por miedo a perder los hijos en una disputa legal, por conservar las apariencias de ser una pareja “ideal” o negociando la deshonestidad de la infidelidad para simular felicidad.

Visto lo anterior, en la siguiente entrega presentaremos nuestra reflexión acerca de tal situación.

Continuará…

¡Bendiciones!

martes, 29 de noviembre de 2011

Justicia

Para una significativa parte de la población mundial, la justicia es simplemente una palabra, porque son innumerables las veces que los dictámenes en nombre de ella se parcializan a favor de quienes tienen más poder, más dinero, más influencia, lo cual permite el expansivo estado de deterioro de la misma.

Justicia es la que alguien reclama cuando ha sido víctima de cualquier acto de inhumanidad o ilegalidad. Sin embargo, demasiadas son las veces que las respuestas a tal demanda no son las que se esperan.

Quien ejecuta la justicia debe tener un comportamiento virtuoso, veraz, honesto, y defender los derechos humanos; proteger la ley y demostrar su fuerza aplicándola con rectitud para contribuir a que el infractor de esta se oriente hacia el bien.

Al evadir la administración de la justicia con cabalidad, esta se convierte en una simple palabra del diccionario.

Por otra parte, el individuo que quiere justicia debe entender que su patrimonio, su formación educativa, su rango social o sus conexiones personales, no están por encima de la justicia. Debe saber que sus acciones tienen que mantenerse dentro de los códigos de convivencia establecidos para garantizar también el derecho de los demás, porque si el delinquir no se sancionara se promovería el desprecio por los derechos humanos.

Muchas veces, vencidos los plazos para que quien ha sido abusado pueda obtener justicia, el transgresor se cree inocente ante la ley. Pero olvida que sobre la ley social la conciencia individual rige de manera permanente, y un hecho incorrecto puede atormentar para siempre el alma humana.

Además, y sobre todo, queda la justicia en las acciones diarias de la vida. Las referentes al trato equitativo, honrado, correcto que cada ser humano debe darle a los demás. Esa justicia que pone al descubierto la propia probidad y obra a favor de quien la recibe y de quien la da.

¡Bendiciones!

“En la justicia se hallan representadas todas las virtudes” T. de Mégara

lunes, 21 de noviembre de 2011

Corrupción

En los últimos tiempos, a nivel mundial se escucha hablar acerca de la corrupción con tanta frecuencia que si repetir el tema fuese la medicina, ya la corrupción hubiese sido abolida.

El término “corrupción” tiene como uno de sus sinónimos la deshonestidad, que significa: falta de honestidad, de ética, de rectitud y de honradez.

El Diccionario de la Lengua Española entre las definiciones que ofrece para la palabra corrupción la especifica como soborno, abuso, vicio, alteración, y en las organizaciones […] práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores.

Con base en tales definiciones queda claro que constituyen actos de corrupción brindar prebendas a los hijos para lograr la preferencia de ellos, mentir para pagar menos por recibir un servicio público, aceptar dádivas por alabar o censurar a alguien, fijar sobreprecio a una mercancía y ejercer de Celestina.

También son actuaciones corruptas involucrarse en una supuesta relación afectiva para obtener riqueza o satisfacer las apariencias, traficar con la influencia, explotar al subalterno, sobornar al necesitado, conceder privilegios por nombradía.

De manera similar es corrupción abusar de los estudiantes en la escuela, de los trabajadores en el centro laboral o de las personas en cualquier grupo social, así como, utilizar los recursos del Estado para provecho personal o evadir el pago de los impuestos exactos.

En síntesis, especular, faltar a la honestidad, renunciar a la integridad, hurtar, abusar, engañar, son actos de corrupción, porque como dice Frank Herbert “La corrupción lleva infinitos disfraces”.

Entonces, de acuerdo a lo antes explicado, al hacer una aplicación justa del término se puede colegir que son pocas las personas no corruptas porque toda actitud deshonesta es corrupción. Esta aplicación es igual a quien hurta poco o mucho y se convierte en ladrón, aunque sea un niño que sustrae a otro un lápiz o la merienda.

Es sabido que diversos son los factores que involucran la corrupción. Los estudios sociológicos, los manifiestos conceptuales y las acciones punitivas propinadas al corrupto sirven como medios para impedir el comportamiento corruptivo o para reformarlo. Sin embargo, entendemos este proceder como un resultado primario de fallas en la crianza, en el ejemplo en el hogar y en la poca vigilancia del entorno y de los vínculos.

Este tema tan perjudicial debe tratarse con seriedad, fortaleciendo la conducta personal consciente, basada en principios y en valores positivos familiares y sociales que induzcan a la acción correcta; así será menos probable que las carencias y las influencias del ambiente, alteren el modo de conducirse.

El adulto tiene el deber de examinar sus actuaciones para determinar si está incurriendo en actos de corrupción que afectan su vida e impactan la de otros, en especial la de los menores.

Ciertamente cuesta mucho ver la paja en el ojo propio; es fácil disculpar las particulares actitudes de este tipo, pero por nimias que sean hay que reflexionar acerca de ellas y corregirlas. Acusar a otros de algo que también se hace, no es una postura honesta.

La dimensión del hecho corrupto no es solo lo censurable; especialmente lo es la falta de integridad del individuo frente a su responsabilidad de actuar apropiadamente y dar ejemplo de bien, porque la conducta corrupta no tiene justificación por alguna facilidad o costumbre que se tenga, ni por la laxitud de los controles, ni por los permisos sociales.

Aunque la corrupción tiene magnitud global, se debe iniciar suprimiendo la individual. Hay que llevar la verborrea anticorrupción a la actuación personal. Esta es una adecuada forma de comenzar a resolver esta grave problemática social.

¡Bendiciones!

“El hombre superior es el que no dice lo que hay que hacer sin antes haberlo hecho él mismo”. Confucio

martes, 15 de noviembre de 2011

Presumir

“Presumir […] es una enfermedad. Primero date cuenta de que estás enfermo; solo entonces podrás recobrar la salud”, sentencia Lao Tse.

Presumir es una “enfermedad” de estadísticas altas. Esta actitud denota el empeño del individuo de querer aparentar lo que considera que los otros quieren ver en él.

Destacar por la imagen, por el estatus, por el renombre, por el saber…Enajenamiento por las quimeras de valía y merecimiento establecidas por los criterios y las convenciones sociales que asfixian la naturalidad y la libertad del individuo.

Hablar de los títulos, de la posición, de la posesión, de la reputación o mencionando nombres o lugares buscando aprobación por asociación. Ofrecer información que puede ser real o inventada, pero que es utilizada por la persona presumida buscando seguridad y admiración.

Otras de las actitudes del presuntuoso suele ser alardear de una agenda tan ocupada para justificar la falta de calidez y descortesía con los que entiende que no le aportarán nada a sus propósitos de sobresalir o a su interés de lisonja.

Sirve reflexionar, reflexionar y volver a reflexionar sobre las palabras de Don Juan, en El Arte de Soñar: “La mayoría de nuestra energía se va en sostener nuestra importancia. Si fuéramos capaces de perder un poco de esa importancia, dos cosas extraordinarias nos sucederían. Una, liberaríamos nuestra energía de tratar de mantener la idea ilusoria de nuestra grandeza; y dos, nos daríamos suficiente energía para captar un destello de la actual grandeza del Universo”

Hay que deshacerse de estas falsas ilusiones, de los símbolos de la artificiosidad. Cuando el ser humano descubre su verdadero ser, las pretensiones de presumir desaparecen. Entonces comienza a mostrarse una parte maravillosa de su extraordinaria creación; lo sencillo y natural.

Si el propósito es ser mejores personas, hay que mantenerse alerta para no sucumbir al protagonismo, a las posiciones, a la nombradía; renunciar al ego y despojarse de la máscara, porque la petulancia es fuente de mentira y también deviene en vulnerabilidad.

Se precisa humildad para lograr un sano crecimiento humano y unas relaciones humanas positivas. Como bien dice el amigo de todos, Freddy Ginebra G: “…Para irme con una sonrisa en el alma y nunca creerme nada. Soy una simple excusa para la fiesta”.

Al desarrollar la conciencia respecto a la inutilidad de la artificiosidad, la persona inicia una etapa de aprecio de sí misma, y sus entregas de afectos y servicio reciben una respuesta prístina de respeto y de aceptación, sin llegar a la adulación.

La permanencia en la vinculación se cimenta interactuando a través del verdadero ser.

¡Bendiciones!

”Qué pequeña eres brizna de hierba. Sí, pero tengo toda la Tierra a mis pies”. Tagore

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Mentira

Mentiras, mentiras, mentiras…

¿Por qué nos encontramos con tantas mentiras?

Veamos. La mentira procede, entre otras razones, del enojo, del miedo, de la desesperación, de la manipulación, de no desear asumir una responsabilidad, de creer que si se dice la verdad, no se puede conseguir lo que se quiere.

En ningún espacio social está ausente la mentira. Y está presente en sucesos históricos, religiosos, educativos, políticos, científicos, deportivos.

Unas veces al ser humano se le enseña a mentir desde niño a través de expresiones como estas: “dile que no estoy aquí”, para no responder una llamada telefónica; “te trajo la cigüeña” para hablarle de su nacimiento; “no digas tu edad real”, si el infante tiene una estatura corporal pequeña.

También, se alecciona a mentir para “evitar un problema” con el papá, con la mamá, con el amigo, con el vecino o en la escuela. Luego, ya adulta, la persona tiende a hacer práctica incontenible de tan deplorable conducta.

Otras veces, el individuo utiliza la mentira por las diversas disfunciones que se permite vivir, y el ejercicio de esta lo incorpora en el universo de sus relaciones humanas.

Mentir se ha convertido en una enfermedad social. Ahora existen hasta portales electrónicos que recogen las mentiras de los eventos mundiales y de dirigentes. Incluso, se conforman clanes donde cada uno oculta las mentiras de los otros.

La mentira generalmente tiene una carga de dolor, de sobresalto, de culpabilidad, de angustia que depara el tener que lidiar con los hechos que esta puede desencadenar; como también el tener que acomodar las actuaciones personales a la escena que fue preparada para el embuste.

Como elemento perturbador, la mentira afecta la salud completa del individuo llegando muchas veces a provocarle neurosis. También debilita la confianza, el respeto y la propia estima. Engendra sufrimientos, conflictos, enemistad, venganzas personales, grupales y colectivas.

“Cada mentira, cada injusticia, cada culpa repercuten en cierto órgano y modifican su actividad. Hay vicios y pasiones que alteran todas las células, comunicándoles una vibración anormal”, afirma Constancio C. Vigil.

En todos los ámbitos humanos son demasiadas las personas que han sido perjudicadas por mentiras que por años le han enredado sus vidas.

Aunque se haya ido lejos con la mentira, siempre es tiempo para aclarar el tema; es preferible hablarlo directamente, así habrá de ser a favor de ambas partes el desenlace liberador.

Por supuesto, salvo que la mentira no esté vinculada a la sobrevivencia del individuo, se requiere de integridad para no servirse de ella; al final la verdad es como la luz, siempre encuentra un intersticio para salir.

¡Bendiciones!

“La verdad puede ser dulce o amarga, pero no mala. La mentira puede ser dulce o amarga, pero no buena”. C. C. Vigil

martes, 1 de noviembre de 2011

Alternativas

Al elaborar un plan, el individuo contempla los medios que empleará para coronar con éxito el proyecto formulado; incluso en sus propios planes de vida.

Sin embargo, en el proceso de ejecución de tal propósito, en ocasiones aparecen determinadas dificultades para cumplir con exactitud el diseño establecido.

Si la idea es trastornada por eventos previstos o fortuitos, se debe recurrir a las alternativas.

La búsqueda de diferentes posibilidades induce, por lo general, a encontrar otras fórmulas, a ensanchar el pensamiento, a revelar nuevos talentos.

Pero, usar las alternativas, aporta algo más: si se libera de lo preestablecido y deja fluir la energía mental, la persona puede aprender acerca de la importancia de la vacuidad de la mente para descubrir inéditos senderos de luminosas respuestas alternas.

Por eso, el ejercicio del intelecto, la fuerza creativa activada, la atención concentrada apoyada en la determinación, son recursos extraordinarios para resolver sea cual fuere la situación, sumando a esto experiencia y conocimiento propios o de otros.

Las alternativas amplían las probabilidades para la toma de decisiones y la búsqueda de soluciones donde el individuo puede resultar ganancioso. De hecho, en innumerables coyunturas la escogencia entre las alternativas es más efectiva.

Todo puede cambiar, todo está sometido al cambio y éste es didáctico. Las opciones representan salidas inteligentes, airosas, productivas.

Útil será aprender en el hogar a manejar las pequeñas dificultades. Posteriormente, esa destreza libraría al individuo de los insoportables niveles de pesadumbre, aflicción, miedo o estrés que se derivan de las condiciones cruciales.

¡Bendiciones!

“Algunas veces debemos usar alternativas para alcanzar nuestras metas. Eso puede aprenderse de otros o por experiencia directa”. Anónimo

martes, 25 de octubre de 2011

Crisis

Crisis. Para unos significa problemas y para otros significa oportunidad. Para todos representa cambio

Actualmente, en crisis están las relaciones humanas, la familia, las organizaciones, los grupos sociales. Igualmente los sistemas alimentario, de salud, productivo, educativo, económico, financiero y demás.

Como el ser humano es quien origina y protagoniza los acontecimientos que en estos términos vive, por eso es que sus crisis existenciales- evolutivas de ideas, de conducta, de propósito o de actitud, y circunstanciales- mutan en crisis grupales, y hasta globales, que afectan los estamentos sociales y los sistemas.

Entonces, esperar que cesen las crisis luce utópico. En hombres y mujeres hay una fuerte propensión a complicarse más la situación. Mucha demanda, mucho quehacer, muchos deseos por satisfacer, conducen a vivir de crisis en crisis.

Para lidiar con las circunstancias críticas, cada persona debe comenzar por revisar sus aspectos internos para luego afrontar los eventos externos; cuidar los pensamientos y los sentimientos, aumenta las posibilidades de solución de cualquier dificultad.

Beneficia también el desarrollo de ciertas habilidades que catalicen la transformación del hecho hacia un estado favorable.

Y por supuesto, si la dificultad es de índole económica posiblemente tendrá que considerarse la reducción de los incesantes deseos de posesión que, en términos de dolor o temor, comúnmente se experimenta de forma casi similar a los sucesos que involucran los afectos.

Las experiencias críticas también pueden enseñar al individuo a prestar atención a lo importante y no solo a lo que se reviste con sentido de “urgente”.

Aquietarse, mantener la perspectiva, disciplinarse y concentrarse en los puntos neurálgicos es tarea particular de acción inmediata; estos son factores que ayudan en la resolución de las grandes y de las pequeñas crisis.

El ser humano tiene capacidad para resolver todas las situaciones que se crea y las que se le presentan. “Nadie recibe más carga que la que puede cargar”, es un sabio decir popular.

Las crisis permiten fortalecer el pensamiento, el carácter y la actitud. Se crece y se sale reconfortado. Por eso son oportunidades de mejoramiento a nivel humano.

Además, recuerde las alternativas que tiene…

¡Bendiciones!

“Toda crisis contiene una gran oportunidad de cambio. Solo los que saben encontrar lo positivo aprovechan la circunstancia”. Wally

martes, 18 de octubre de 2011

Vulnerabilidad

Uno de los aspectos que el individuo necesita superar es la vulnerabilidad, porque regularmente la expresa a través de una conducta que oscila entre la permisibilidad, la manipulación o la represión de sus sentimientos, y estas le son adversas en el mejoramiento de su condición humana.

Tales actuaciones están asociadas al desconocimiento, al apego, a la dependencia, a las limitaciones, a los deseos, al poco aprecio de sí mismo, al engreimiento.

Puntos de inflexión en la gente vulnerable pueden ser los apegos afectivos, las carencias económicas, las apetencias materiales, la falta de control de las emociones, el orgullo que encubre precariedad, el desconocimiento de las capacidades, un falso sentido de seguridad.

Bajo estas condiciones, el individuo puede hacerse presa fácil del aprovechamiento de otros, puede ser rechazado por el desagrado que causa su debilidad o puede vivir reprimiendo la vulnerabilidad porque el orgullo le impide desvelar su precariedad.

En cambio hay quienes utilizan la vulnerabilidad para manipular a los demás dramatizando con sus insuficiencias, buscando atención y muchas veces pretendiendo perpetuar la condición para conseguir a toda costa querencias de cualquier tipo.

Aprender a suprimir apegos afectivos o materiales, manejar las emociones, desarrollar potencialidades, fortalecer el carácter, apoyarse sanamente en otros, son caminos para superar la vulnerabilidad, ya que esta no produce paz ni felicidad.

Ahora bien, determinadas expresiones de vulnerabilidad deben compartirse con quienes la solidaridad y la afectividad estén claramente separadas de elementos nocivos de manipulación u oportunismo; por eso es bueno percatarse de con quién se hace y cómo se hace este compartir.

La persona gana cuando reconoce su vulnerabilidad y con humildad acepta recibir orientación, colaboración, estímulo de otros.

Que poner al descubierto la vulnerabilidad represente un sendero para activar el flujo de energía del dar y el recibir. Que sea una palanca para el crecimiento; una vía para fortalecer las vinculaciones; un medio para vencer limitaciones.

¡Bendiciones!

“El crecimiento humano conlleva un aprendizaje de por vida; debe desarrollar sus potencialidades y fortalecerlas”. Anónimo

martes, 20 de septiembre de 2011

Ternura

“Es bueno empezar la jornada diaria con una dosis de ternura que perfume las acciones de todo el día hasta la noche”, asegura André Maurois. Sin embargo, la ternura suele interpretarse como una expresión de debilidad.

Muchos son los padres que condenan exteriorizar el afecto acompañado del contacto, porque erradamente entienden que este gesto hasta influye en el desarrollo de una tendencia homosexual en sus hijos. Pero nada más lejos de la verdad.

Una madre y un padre tierno, como progenitores y como primeros educadores, con tal actitud le dan al hijo un claro mensaje de confianza, respeto y aprecio y le enseñan a recibir y dar ternura sin que afecte su preferencia sexual.

Lo contrario a esto les sucede a los hijos con padres y/o madres inexpresivos con el contacto, quienes apenas pueden reparar esta carencia y la reproducen en su relación de pareja y en la relación con sus propios hijos.

“La desaparición de la ternura es el rasgo más distintivo de las sociedades desarrolladas”, proclama Manuel Alcántara.

Cada día más una enorme cantidad de gente vive a la espera de un abrazo, un beso en la mejilla, un toque en la espalda, una caricia en la frente como demostración de la estima de otros por ellos. Por eso existen más mendigos de ternura que de pan.

Diversos son los estudios que respaldan la ternura como factor importante en el desarrollo de la vida humana por sus efectos psicológicos y físicos.

Incluso, algunas investigaciones sostienen que el cuerpo humano tiene una red neuronal, independiente de las neuronas del tacto, especializada en interpretar la carga emocional de una caricia; que un recién nacido es capaz de sentir el afecto de una caricia antes de darse cuenta de que alguien le está acariciando.

La ternura es un catalizador para las emociones positivas. Está presente en la solidaridad, en la justicia, en la fraternidad, en el compartir, en la generosidad, porque representa entrega y acogida. Por lo tanto, las caricias frívolas, sin espontaneidad, quedan fuera de la verdadera expresión de la ternura.

Además, razones sobran para Juan Rof Carballo afirmar que tanto la ternura como los mitos tienen un poder inmenso que permiten al ser humano sobrevivir a todos los dislates pedagógicos.

La combinación de afectividad y contacto que el individuo recibe desde la niñez le produce sentimientos de autoestima y seguridad y le abre a la comunicación; los resultados de la ternura son útiles en el crecimiento personal y en las habilidades sociales.

Cuando la persona ha recibido ternura, de manera natural sus manifestaciones de terneza las concede más allá del entorno familiar, y esto le facilita mantener relaciones sanas y afectivamente fecundas.

Todo ser humano tiene el derecho de recibir ternura para fortalecer su psiquis y sus emociones.

Hay que dispensar ternura en la infancia, en la adolescencia y en la adultez. En la salud y en la enfermedad. En la alegría y en la aflicción. En el hogar, en el aula y en los demás espacio de la sociedad. Eso hará más consciente al individuo y le nutrirá su vocación humana

¡Aprenda a ser tierno!

¡Bendiciones!

“El ser humano no aprende a amar en virtud de una serie de instrucciones, sino en función de la ternura de que es objeto”. Montagu

lunes, 12 de septiembre de 2011

Prejuicio

¡Oh ser humano, cuándo aprenderás a relacionarte con tus semejantes sin que medien los prejuicios!

Hay diversas modalidades de prejuicio y son variados los asuntos que se someten a él. Este tema trata los prejuicios entre la especie humana, por considerarlos como una cuestión que dificulta su convivencia.

El color de la piel, la posición, la ascendencia social, el género, el rango de influencia, las posesiones, las afiliaciones, el nivel educativo, la apariencia y hasta la vestimenta son factores de juicio.

El prejuicio humano es una valoración o idea preconcebida, generalmente desfavorable, que se tiene sobre otros; una suposición, un criterio, un sentimiento, una crítica sobre alguien sin tener suficientes elementos objetivos. Una actitud que se puede percibir en los ambientes y actividades de la población sin distinción de estrato social ni edad.

En las oportunidades formativas y productivas, en las facilidades crediticias, en la aceptación en determinados grupos o eventos sociales, en los espacios laborales, religiosos, recreativos, políticos y demás, están presentes los prejuicios.

A los prejuicios están asociadas las conductas discriminatorias o dominantes como la esclavitud, el tribalismo, la intolerancia religiosa, el machismo, la misoginia, el racismo la segregación, la androfobia, el fanatismo, el sexismo, la homofobia, la violencia sobre niños, mujeres u hombres, entre otras.

De manera personal o grupal se utilizan los prejuicios para someter a otros, para establecer categorías de bueno y malo, para proteger las conveniencias, para ocultar sentimientos o carencias.

En ningún caso los prejuicios son una base prometedora para una sana relación humana, porque con sus juicios veloces generan crueldad, exclusión, hostilidad.

¿Acaso aún no se ha entendido que para toda la humanidad solo existe una sola raza, ascendencia, linaje o como quiera caracterizarse? Entonces, si todos tenemos la misma condición de humanos, ¿cómo se justifican los prejuicios? ¿Quién es ese ser de naturaleza distinta que tiene el derecho de enjuiciar, categorizar o menospreciar a otros?

Aunque sea “más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”, como dice Albert Einstein, es necesario comprender esto y abolir esta actitud inhumana, porque los prejuicios continúan atentando contra la coexistencia armónica.

El ámbito familiar tiene un rol fundamental en la construcción o no de los prejuicios o para desmantelarlos. Como base de la sociedad, en él debe incrementarse la consideración; debe brindarse el ejemplo de trato indiferenciado a todos los de su especie y, sin fingimiento, debe esto ser asumido como un imperativo para poder ensanchar la conciencia respecto a la igualdad de cualidad en la humanidad.

¡Bendiciones!

“La diferencia entre una flor y la hojarasca, es un juicio” Anónimo

lunes, 5 de septiembre de 2011

Iniciativas

La reflexión que precede posiblemente nos confirmó las acciones de bien común que realizamos para darles a los demás.

O tal vez, el descubrimiento haya sido que en la agenda de vida personal están ausentes los actos de entrega, y que es preciso reestructurarla para experimentar la complacencia espiritual y existencial que se recibe al efectuarlos.

Por eso, para las personas muy ocupadas presentamos algunas iniciativas que les pueden servir al momento de seleccionar las posibles acciones a realizar. Estas, además de ejercer voluntariado en orfanatos, escuelas, cárceles u hospitales, en la comunidad donde residen pueden propulsar acciones como las siguientes.

Formar un club de lectura, apoyar actividades deportivas, organizar certámenes de talentos y conversatorios sobre temas que favorezcan a los grupos sociales o patrocinar, de manera directa o a través de instituciones dedicadas a ese fin, labores de bien que ayuden a otros.

Si el individuo está vinculado a un espacio de comunicación masiva, puede concientizar y promover iniciativas de acción global para mejorar el tránsito vehicular, para gestionar la siembra de hortalizas en las casas y en las escuelas, para fomentar el ahorro del agua y de la energía eléctrica, para reducir la contaminación sónica o para integrar más personas voluntarias a las distintas tareas comunitarias.

Otras iniciativas también lo son: inscribirse como donante de órganos, socorrer a damnificados e involucrarse en actividades relacionadas con el cuidado del medio ambiente: siembra de árboles, limpieza de playas, de parques o cualquier otra área verde.

Cuando las iniciativas tienen metas de beneficio general se extiende su poder, son inspiradoras y facilitan un cambio en la perspectiva particular y en la social. También, estimulan la valoración de los esfuerzos conjuntos y el ser parte de un todo con un propósito colectivo.

Las iniciativas de bien común pueden ser entregas de tiempo, de esfuerzo, de conocimiento, de dinero. Pero sin olvidar que la acción debe de ser sin intención de esperar provecho personal alguno, que la forma de realizarla es más importante que lo que se hace, y que si en esto puede implicar a su familia logrará multiplicar los resultados de la iniciativa.

¡Bendiciones!

“Donde falta la iniciativa y la responsabilidad personal de los particulares, hay tiranía política. Además, cuando el individuo lo espera todo del gobierno o del rey, hay un estancamiento general y se apaga el genio creador del hombre”. Juan XXIII

martes, 30 de agosto de 2011

Pregunta

Reiteramos. En el Universo, el intercambio del omnipresente flujo de dos corrientes de energía hace posible la permanente interacción armoniosa de todos los recursos y las fuerzas que conforman la existencia: espíritu, mente, materia, vibración, acción.

La vía de tal reciprocidad es la ley del Dar y Recibir, y el ser humano la activa por medio del acto de dar.

Este tema se refiere, de manera específica, a las acciones que el individuo realiza a favor del bien común.

Por lo tanto, la reflexión de hoy está contenida en la siguiente pregunta que cada persona puede formularse y conscientemente responderse.

¿A través de cuáles de mis actos yo le doy a los demás?... … …

¡Bendiciones!

“El dar es el verdadero tener”. Ch. H. Spurgeon

martes, 23 de agosto de 2011

Escala

En distintas épocas la generación del momento ha hecho comparaciones sobre el comportamiento de la misma con relación a la generación anterior. Sin embargo, la historia humana, oral o documentada, demuestra que la humanidad repite sus actuaciones.

Los estadios históricos se han delimitado a través del manejo del medio ambiente, el aprendizaje, el crecimiento de las capacidades, la socialización, los desplazamientos geográficos y la inventiva del ser humano construyendo herramientas para desarrollar la vida, entre otros aspectos.

Poco a poco el individuo fue asumiendo un rol protagónico en el Planeta ocupando espacios, expandiendo su conciencia y su pensamiento y aprovechándose de los recursos de la Naturaleza. Empero, las variables que destacan este período histórico es la escala de los múltiples hechos destructivos y los instrumentos y los métodos que emplea el individuo para efectuarlos.

Una parte de la humanidad hace posible que el grado de tales variables sea el punto de inflexión escalofriante que vive la población mundial. Seres humanos, con un desatinado proceder, han elevado la proporción de las consecuencias devastadoras dándole una dirección de peligrosa factura que afecta el diario vivir.

Como ejemplo, sirve lo siguiente.

La utilización de sofisticados artefactos de guerra para destrucción masiva, el enorme e irreparable daño causado a la naturaleza, el uso inadecuado de los diversos tipos de recursos provocando la escasez mundial de agua, de alimentos y de vivienda, el aumento de la ambición en el liderazgo de todas las instancias de poder y las intervenciones impuestas bajo indefendibles pretextos.

También, el descuido en la formación apropiada de los hijos, la corrupción que involucra a cualquier entidad de los distintos estamentos de la sociedad, el nivel alarmante de la agresión en los ámbitos de pareja y familiar, cierta visión sesgada de la ciencia, el consumo de drogas controladas o no y las negociaciones de estas que engendran enfermedad, enajenación y violencia,

Además, nada tiene de religioso la continuidad globalizada de acciones injustas, abusivas, fanáticas, belicosas, hostiles, invocando a Dios para tales fines.

Es verdad que todas las épocas registran eventos infortunados, pero la escala de lo que un grupo humano está ocasionando en la actual, hace pensar que la intención de este es destrozarlo todo; una escala destructiva que no precisa de oráculo para predecir los resultados que tendrá.

La medida de los acontecimientos dañinos que ocasiona el ser humano a su especie y a su hábitat, debe de estremecer la conciencia humana y suscitar un aluvión de firmes actuaciones, de lo personal a lo general, para contrarrestar y detener la progresión de estos sucesos.

La raza humana tiene el deber de fortalecer un proceso de cambios profundos que incluya el crecimiento de su conciencia y el desarrollo de sus capacidades a favor de la colectividad.

El poder, la inteligencia y los recursos deben reorientarse hacia caminos que jamás justifiquen la destrucción en ningún escenario personal, familiar o social. Esta disposición representa el desafío más importancia de la existencia humana.

Vale mantener presente la consideración hecha por Oskar Kokoschka al decir: “La sociedad moderna olvida que el mundo no es propiedad de una única generación”.

¡Bendiciones!

martes, 16 de agosto de 2011

Segunda oportunidad

Al ser humano, muchos episodios en su vida le llevan a renunciar a determinados propósitos, le provocan sentimientos de culpabilidad o de decepción consigo mismo o le motivan rupturas emocionales con los demás.

Sin embargo, dar o darse una segunda oportunidad podría ser una forma de restaurar el propio bienestar o la relación con otros.

La actitud que la persona debe evitar es negarse a resolver las situaciones que le causan malestar; cuidar de no emprender una expedición punitiva hacia sí mismo o hacia otra persona, que anule las viabilidades de rehabilitación.

Admitir haberse equivocado o aceptar cuando el otro reconoce su equivocación, podría resultar difícil. Por eso, se precisa de la reflexión y de la comprensión de los acontecimientos para establecer lo favorable de ofrecer u ofrecerse una segunda oportunidad.

Resulta una suma de desaciertos apartarse de las relaciones afectivas por haber sido lastimado en una de ellas, desistir de retomar las iniciativas para desarrollar un buen proyecto porque anteriormente el intento fue fallido o por alguna razón sentirse desilusionado de sí mismo.

También, errado es mantener un sentimiento de culpabilidad y utilizarlo como excusa para vivir un estado de infelicidad, suspender el trato con alguien sin indagar conscientemente si el motivo de la distancia es fruto de una interpretación incorrecta, o dejar que el miedo a no lograr algo conduzca a descartar una aspiración deseada.

La segunda oportunidad permite que, actuando reflexivamente, se pueda mejorar el propio aprecio, comprender las motivaciones de los demás, aclarar las deducciones inexactas, comunicar lo que se siente o perdonar sin tener que conceder permiso para continuar el abuso, si este ha sido el móvil de la separación.

O sea que, una segunda oportunidad facilita salir de la prisión personal que genera la experiencia de cualquier suceso irresuelto, considerado infortunado.

Hay que abandonar la supuesta zona de comodidad individual que elude afrontar ciertas situaciones.

Nadie puede vivir sanamente sintiéndose ofendido, frustrado, culpable o culpado, resentido, temeroso, dolido, decepcionado, teniendo algo pendiente que resolver. La reflexión, el entendimiento y una segunda oportunidad para la acción, pueden transformar el diario vivir.

Aun cuando la persona haya tocado fondo en algún aspecto de su vida, una nueva oportunidad puede ser el camino para reinventarse en el sentir y en la actitud. El arcoíris se ve después de pasar la lluvia, y las opciones pueden ser mayores y superiores.

En fin, lo que se trata de obtener con una segunda oportunidad es mejorar la actuación de sí mismo y facilitarle a otros hacer lo mismo.

¡Bendiciones!

“Una segunda oportunidad puede ser la manera de reparar los puentes que nunca se pensó y puede representar la promesa de celebrar más días para agradecer”. Anónimo

martes, 26 de julio de 2011

Ambición

Uno de los maravillosos aspectos de la inteligencia humana es posibilitarle al individuo mejorar sus condiciones de vida.

Los deseos de prosperidad y bienestar son legítimos, y el uso de la capacidad del pensamiento estratégico en el desarrollo de un concepto simple o audaz para alcanzar las metas, es loable. Sin embargo, si el logro de los anhelos se convierte en una ambición, es improbable que la senda elegida no sea cuestionable.

Generalmente, la ambición se convierte en un punto de inflexión de la integridad humana porque la pasión por lo material, por el poder, por la apariencia, representa para la persona una prioridad que suele incitarla a conseguir lo que desea sin observar ninguna regla. “La ambición es implacable. Cualquier mérito que no puede utilizar lo considera despreciable”, observa Eleanor Roosevelt.

Ciertas pautas familiares y los acondicionamientos sociales juegan un importante papel en el desarrollo de la ambición. Estos, pueden inculcarle al individuo la incorrecta creencia de que el dinero, el poderío, la fama, los bienes materiales es lo que hace cambiar favorablemente la percepción de los demás sobre uno mismo.

La ambición trae consigo la posibilidad de darle ese giro distorsionado al verdadero sentido de la vida. Y aparentando un halo de indestructibilidad, entonces el individuo tiende a preparar un escenario de vida regido por la indiferencia, la desconsideración, el egoísmo y la obstinación que, aunque lo disfrace con habilidad, es motivo para que muchos encuentren ofensiva la ostentación de riqueza y poder que hace.

“Pocas o ninguna vez se cumple con la ambición que no sea con daño de tercero”, afirma Miguel de Cervantes.

El ambicioso seduce cómplices para su delirante comportamiento; utiliza cualquier medio para conseguir lo que quiere, incluyendo a personas a las que trata como objetos; extravía la brújula moral y no son escasas las veces que se le hace difícil lidiar con situaciones escandalosas y descontroladas que inevitablemente también perjudican a otros.

“La ambición suele llevar a las personas a ejecutar los menesteres más viles. Por eso, para trepar, se adopta la misma postura que para arrastrarse” observa Jonathan Swift.

Se debe prestar atención a esto: todo exceso y obsesión es una deformación. La ambición es una ruta fácil para que las aspiraciones de prosperidad y bienestar pierdan su legitimidad.

Preferible será evitar tener que caerse del pedestal de la implícita arrogancia de la ambición para encontrar redención personal, o que sea esta el inicio de una vida de reclusión no planeada.

Hace bien realizar proyectos que representen desafíos de las destrezas humanas y que gratifiquen la existencia particular. Hace bien una trayectoria de logros que construya puentes para que en el futuro pasen otros.

Que el cenit sea una historia de vida equilibrada que permita disfrutar con humildad y sin sentimientos de culpabilidad, se obtendrá manteniendo un código de éxito medido por el cómo le hacen sentir los logros. No por el dinero, el poder, los bienes o la influencia que se obtengan, sino por la paz y la libertad que se experimente con las acciones diarias.

Ese es el balance entre el desear y el obtener lo que se quiere. Esa es la aspiración que beneficia la propia salud mental, emocional y física y que, además, repercute buenamente en la familia y en la sociedad.

¡Bendiciones!

“La ambición no es un vicio de la gente humilde”. M. de Montaigne

martes, 19 de julio de 2011

Suerte

¡Hoy es un día de suerte para usted!

¡Qué bueno es escuchar esa expresión, verdad?

Por la información existente, sabemos que desde el período primitivo hasta la era actual el ser humano trata de conocer la “Suerte” usando métodos adivinatorios, como también de influenciarla por medio de rituales que, incluso, incluyen sacrificios humanos.

Los conceptos y las definiciones acerca de la Suerte son variados; la discrepancia continúa siendo amplia, pero la generalidad de la gente cotidianamente habla de la suerte aunque sus interpretaciones sean distintas. Y tanto en el Oriente como en el Occidente, las personas siguen procurando conocer la suerte que les tocará en los diferentes momentos de sus vidas.

La suerte es considerada, entre otras, como un dictamen divino, como una consecuencia de acciones pasadas, causa y efecto de esas acciones, denominado karma, como un resultado mediado por la preparación y el esfuerzo o lograda como lo hacen los aludidos por Baltasar Gracián al decir: “Otros, {…}, entran por esa puerta y utilizan una audacia razonable que, junto a su virtud y valor, pueden alcanzar la buena suerte y obtener sus beneficios”.

El diario vivir evidencia que los planes pueden ser modificados por la casualidad o por la causalidad, y filósofos y científicos entienden que todo está sujeto al azar. Entonces, la suerte se entiende como la energía externa que no puede ser controlada y que se expresa en todos los acontecimientos del ser humano deseados o no deseados, súbitos o sucesivos.

La suerte niega lo que se ansía o satisface las expectativas o sorprendentemente las supera o concede lo contrario a lo que se espera. Por eso, es clasificada como “buena o mala”, dependiendo de las circunstancias que viva cada uno.

Buena fortuna si piensa que el suceso le favorece, mala fortuna si no lo aprecia así. Éxito, dinero, salud, posición, posesiones, alegría, bienestar, son fruto de la buena suerte. Fracaso, enfermedad, carencia, tristeza, malestar, son producto de la mala suerte.

La gente espera que le deseen suerte o simplemente la solicita. Es constante el anhelo de tener suerte en los estudios, en el deporte, en el negocio, en el matrimonio, con los hijos, en el viaje, en el trabajo y por supuesto, también en el juego.

Por lo tanto, créase o no en la suerte, o más allá de cualquier opinión sobre la misma, sirve la observación del Li Ze cuando señala que si estamos dispuestos a aceptar que la suerte desempeña un papel en nuestra vida, seremos menos pretenciosos respecto al éxito y nos decepcionaremos menos en los casos de infortunio.

Asimismo, nos aconseja que, puesto que no tenemos control sobre las circunstancias externas, lo único que podemos hacer es controlar nuestras reacciones ante ello. Y advierte que el mundo no gira a nuestro alrededor. Al igual que todo lo demás, somos sólo una parte del desarrollo de los acontecimientos.

Esto significa que, además de tomar en cuenta el conocimiento, la determinación, el esfuerzo, la planificación, el cuidado y cualquier otro elemento que minimice una posible contingencia, importa estar conscientes de que en ningún caso se puede controlar los eventos externos, y que se debe, pues, aprender a manejar el resultado que se obtenga.

En fin, como usted valora la suerte, de la manera que la entienda, nosotros le deseamos que en sus propósitos de bien tenga… ¡buena suerte!

¡Bendiciones!

“Los antiguos decían que las formas en que suceden las cosas son ilimitadas e incognoscibles. Siguiendo las leyes del cielo y de la tierra, los ciclos del cambio, libres e incesantes, llegan por sí mismos. El cielo, la tierra y todas las cosas no pueden ir contra el orden natural”. Lie Ze

martes, 12 de julio de 2011

Bondad

La Bondad, al ser la virtud que refleja la esencia de la humanidad del individuo, su inclinación natural a hacer el bien, puede ser considerada epítome de las buenas actitudes del ser humano hacia sí mismo y hacia los demás.

Universalmente valorada, la práctica de tal virtud tiene la posibilidad de liberar a la persona de las enseñanzas inútiles que reniegan de la bondad humana, y de ciertas tendencias de la sociedad de dar preferencia a actuaciones hipócritas o de adulación, porque muchos la simulan hablando de doctrinas, pontificando sobre múltiples teorías, ocultando la incapacidad de exteriorizar la verdadera bondad.

También, el desconocimiento del potencial de la Bondad conduce a juzgarla como una debilidad. Por eso, otros se reprimen en ejercitarla y se la pasan creándose trampas dentro de sí mismos como forma de protegerse para que nadie los lastime por ser bondadosos.

La bondad es un patrimonio humano. Es catalizadora de profundas transformaciones. Derriba la hostilidad, la desconfianza, la indolencia. Facilita la comunicación, la aceptación de las diferencias, la comprensión; alienta, tranquiliza, además, es buena para motivar y lograr cambios de actitud. Y como dice Henri Lacordaire “…es lo que refleja la grandeza del alma humana… y es lo que mejor desarma a los hombres”.

La persona bondadosa tiene una impronta discernible. Muestra con espontaneidad la solidaridad, la generosidad, la afectividad. Incluso, es alegre, entusiasta, flexible, positiva, confiada. Brinda su bondad sin difundirla, hace posible el bien por la mejor de las razones: ninguna razón, y el propio acto de ofrecerla es su gratificación.

Hay que abrir el corazón para transitar por la ruta de la bondad y aprender a ofrecerla.

Hay que confiar en la bondad de los demás para fortalecerla.

Hay que transmitir las bondades de la Bondad, porque es un deber hacerlo.

Hay que instalar su práctica en la conciencia colectiva para contribuir con la valoración de la auténtica condición humana.

¡Bendiciones!

“No conozco ningún otro signo de excelsitud que la bondad” L.v. Beethoven

martes, 28 de junio de 2011

Muriendo

¿Qué cree que posiblemente haría usted u otra persona si hoy le dijeran que, inevitablemente, va a morir pronto?... …

Bueno, probablemente la reacción sea preguntarse: ¿por qué yo? O protestar porque tal noticia deshace los planes de vida o maldecir porque no se sabe cómo manejar semejante situación.

Quizás, se reflexionaría y se decidiría cambiar la forma de vivir de los que serán los últimos días, por ejemplo: compartiendo más con la familia, perdonando a la persona de quien se recibió maltrato, confesando tristes verdades ocultas, construyendo momentos especiales con los hijos.

O tal vez, disfrutando de ciertas actividades postergadas, expresándole amor a una persona que aún no se le ha dicho lo que se siente, dejando de lamentarse por los aprendizajes de vida, siendo flexible en aspectos que mejorarían la existencia de otros y las relaciones con ellos, y hasta poniendo “la casa en orden”.

Incluso, con más facilidad podría percibirse la diferencia entre lo único a llevarse y lo todo que se dejará y entre lo fútil y lo útil, para ¡por fin! ver con claridad la discrepancia de lo intrascendente y de lo que transciende, desapegándose así de lo material y eliminando la pesada carga que dificulta el tránsito del vivir.

También podría optarse por andar por un sendero de paz, de armonía y de afectividad productiva. Y podría, cada día, agradecerse a la Vida el tiempo tenido y el que quede de subsistencia.

Comúnmente, la mayoría de la gente dice que de saber cuándo morirá reestructuraría su vida, porque la muerte es un acto desconocido, misterioso, para el cual se quiere estar “preparado” porque no se sabe qué sucederá “en el más allá”. Pero, pensar y actuar de esta manera evidencia una actitud irreflexiva.

¿Acaso se ha olvidado que día a día desde que se nace, usted, los otros y yo, estamos muriendo?... Entonces, ¿por qué hay que esperar que alguien nos diga lo que siempre hemos sabido?

¡Claro!, falta aceptar la irrefutable verdad de que todo cuanto existe está transformándose… y está muriendo. Esa es la respuesta al ¿por qué yo?

Por lo tanto, aunque se ignore con exactitud cuánto falta para morir, ¿qué es lo que se espera para atender los aspectos importantes de la vida personal?

Independientemente de la filosofía en que se fundamente el propio vivir o de cualquier religión que se profese, todos estamos muriendo; esa es la verdad incontrovertible. Entonces, como morir podría ser mañana, ¿es o no es mejor que cuando ocurra ese irremediable evento se hayan estado realizando acciones evolutivas?

Vale reflexionar tranquila y detenidamente acerca de esto y decidir cómo quiere continuarse desarrollando la existencia particular, porque en la vida es que se evoluciona; no en la muerte.

Hay que aprender a vivir, para no apesadumbrarse porque se va a morir. Lo relevante no es cómo se muere, sino cómo se vive. Por consiguiente, la reflexión debe ser sobre el cómo se está viviendo; no en el cómo o cuándo se morirá.

¡Bendiciones!

“Desconozco cuántos “mañana” tendré. Por eso, la ofrenda que de mí haga el día de hoy, podría ser el cierre perfecto de esta misión de vida”. Anónimo.

miércoles, 22 de junio de 2011

Decibeles

Decibelio/decibel es la unidad de medida de intensidad sonora. Con esta se establece el nivel de sonido producido por la actividad humana a través de los medios de transportes, de la utilización de modernos armamentos de guerras; con la maquinaria, la industria, la construcción de obras públicas y de edificios, los transistores, los televisores, los instrumentos musicales y demás. Como también, se miden los sonidos emitidos por una persona con la voz y los movimientos.

Tratar este tema tiene la finalidad de reflexionar acerca de la conducta de la gente, en un aspecto que día a día adquiere más importancia para uno mismo y para los demás miembros de la comunidad.

Ausencia de una apropiada educación doméstica, reacciones emotivas descontroladas, carencia de civismo, son algunos de los factores que originan un comportamiento que atenta contra el bienestar del individuo. Con esto, nos referimos a lo siguiente.

Como el ser humano ha estado creciendo en el egoísmo, en un significativo porcentaje de la población se ha hecho de vida diaria provocar ruido de altos decibeles con las bocinas y la velocidad de los vehículos o por el descuido de ciertas piezas en el mantenimiento de los mismos; igualmente con el volumen para escuchar el aparato de música, la radio o el televisor.

De manera similar, la persona causa ruido con sus batallas verbales, perdiendo el dominio de sus emociones imponiendo “autoridad”, quejándose, vociferando, lanzando alaridos o regañando al hijo. Incluso, lo hace estrellando las puertas, arrastrando sillas, pisando fuerte, arrojando y movilizando objetos o en simples conversaciones empleando tonos de voz que fácilmente pueden superar la capacidad del decibelímetro.

Aunque los decibeles inadecuados afectan a las personas de manera distinta, dependiendo de las características particulares, de igual modo provocan deterioro fisiológico y psicológico a la propia salud y a la de otros.

Los especialistas en la materia han determinado como dolencias que pueden ser generadas por la estridencia, el estrés, la aceleración del pulso, la agitación respiratoria, la variación del ritmo cardíaco, la tensión muscular, el aumento de la presión arterial, la fatiga, los cambios de humor, los trastornos con el sueño.

El grado de sonido dañino además, altera el sistema nervioso central, puede producir ansiedad, depresión, déficit de atención, irritabilidad, agresividad, dolor de cabeza, histeria, neurosis, gastritis, incremento del colesterol; también puede ser motivo de aislamiento social y falta de deseo sexual. Y, por supuesto, una exposición prolongada al ruido aun sea de bajo nivel de decibles, puede ocasionar la pérdida de audición.

Hay que bajar los decibeles de la expresión oral y de la actuación. Causar ruido constituye una conducta violenta, que perjudica la calidad de vida de las personas.

Quienes desconsideran a los otros originando decibeles nocivos constituyen un foco de perturbación que aleja la sana convivencia y la interrelación humana.

Cuando se actúa con incivilidad fácilmente se recibe la misma respuesta. Pero con un comportamiento consciente se evita colocar a la sociedad en mayor riesgo de vivir habituales episodios de anarquía.

Conveniente es revisar el proceder particular en el hogar y en los espacios públicos para corregir conductas; la sensibilidad humana y la responsabilidad individual y social reclaman hacerlo.

¡Bendiciones!

miércoles, 15 de junio de 2011

Sensatez

El apresurado ritmo elegido por los seres humanos para “vivir” la era moderna está dejando poco espacio para ejercer la sensatez y sus sinónimos: prudencia, moderación, cautela, cordura, mesura, juicio… …

En una sucinta revisión de los actos diarios del individuo, es fácil observar la frecuente falta de reflexión ya sea en lo que piensa, en lo que siente, en lo que dice o en lo que hace.

La opción por los vicios y por la corrupción, la desmesurada pretensión de satisfacer la apariencia social, el exagerado consumismo, la desenfrenada inclinación por el individualismo, la prioridad por la futilidad, la tendencia alarmante de hablar sin cordura, son solo algunos de los aspectos de una vida imprudentemente construida.

Y para tratar de justificar determinadas actuaciones insensatas, hay quienes hasta utilizan un silogismo. Sin embargo, la lógica les falla porque las premisas se basan en creencias erradas. La ausencia de un razonamiento prudente se puede traducir en trampa para sí mismo y puede conducir a una acción temeraria que fácilmente coloca al individuo en una posición precaria.

Cuando se excluye el juicio se incrementa el riesgo al fracaso, a las lamentaciones y al drama. La actitud imprudente puede estropear la ruta para desarrollar cualquier proyecto, porque los actos insensatos suelen ser inútiles y debilitantes.

Tamizar los pensamientos y ponderar las fronteras de riesgos ayuda a establecer una mayor aproximación a los mejores resultados porque, en ocasiones, ni siquiera la experiencia cuenta, sino la prudencia.

Es cierto que para desarrollar la vida en algunos momentos una cuota de audacia razonable es un factor positivo para avanzar al lugar desconocido que nos lleva el crecimiento. Empero, si la generalidad de las determinaciones se avala en la constante temeridad, no deberá sorprender entonces que sean habituales los resultados desfavorables.

“Pero, si bien se piensa, no hay otro camino sino el de la virtud y la prudencia, porque no hay más buena ni mala suerte que la prudencia o la imprudencia”, asevera Baltasar Gracián.

Anatematizar las consecuencias de las insensateces o responsabilizar a otros por ellas, no las remedia ni evita el estrés extremo que pueden causar.

Ni la modernidad califica la insensatez como virtud. En la vida, hay que tener moderación para vivirla. Se precisa del equilibrio, de prestar atención y de reflexionar. En una persona que obra de tal modo se valoran más sus decisiones y sus opiniones.

La sensatez fortalece la agudeza y la creatividad y posibilita los logros con menores contingencias.

Ponderación, cordura, precaución, reflexión, en fin sensatez para vivir; son sorprendentes los beneficios que produce en nuestra existencia.

¡Bendiciones!

“El hombre juicioso y observador […] es Argos al atender y un lince al entender. Sonda atento los fondos más profundos, cauto registra los senos del disimulo más poblado y mide juicioso los ensanches de toda capacidad. […] Todo lo descubre, advierte, alcanza y comprende, definiendo cada cosa por su esencia”.
De “El arte de la prudencia”.

martes, 31 de mayo de 2011

Preocupación

La preocupación es un estado mental-emocional experimentado prácticamente por la generalidad de los seres humanos. Y es tan habitual, que muchos consideran desvergonzada la actitud de quienes de manera frecuente no muestran preocupación por algo.

Desde luego, esta reflexión no trata de subestimar la preocupación en el sentido de prestar atención a una dificultad, sino de exponer cómo algunas posiciones preocupantes causan deterioro al bienestar humano particular, y de compartir un manejo apropiado de los inconvenientes para evitar las preocupaciones.

Es cierto que en ocasiones se presentan determinados eventos que sorprenden y alteran significativamente la cotidianidad del individuo, y que para resolverlos se requiere de más interés y energía. Sin embargo, aunque la tendencia es pensar que toda preocupación está asociada a un problema o se deriva de él, no siempre es así.

Al examinar conscientemente las preocupaciones de alguien, el resultado puede evidenciar que en innumerables casos estas provienen de los supuestos mentales de la persona, de motivos irrelevantes o de nimiedades.

Para muchos la definición de “problemas” es muy amplia. Todo lo problematizan, y tal actitud les puede afectar más que la dificultad misma. También, se paralizan por las preocupaciones, tienen una equivocada propensión a perder el contacto con el presente y proyectar el desasosiego al futuro, sus especulaciones les cambian la perspectiva y los sumergen en largas y desgastantes indecisiones.

Asimismo, cuestionan el porqué de la inmerecida desdicha, se ahogan de rabia, sucumben a la depresión, abandonan la serenidad por sus conjeturas; tergiversando el asunto dan a otros una carga injusta para que les rescaten, sus pensamientos negativos se convierten en una incontrolable tautología mental y hasta son capaces de provocarse una taquicardia por la ansiedad.

El modo de lidiar con los inconvenientes hace una diferencia en las consecuencias que producen en el ser. El inadecuado manejo de las emociones y de los pensamientos permea cada uno de los aspectos de la vida, y las reacciones pueden exceder el natural estado de malestar que originan las situaciones dificultosas.

Con las preocupaciones se desperdicia energía y tiempo. Se precisa madurez para permitirse cualquier condición de ánimo sin dañarse el bienestar personal.

Frente a una contrariedad lo primero es mantener la calma para no obstruir la verdad del suceso y para no perder objetividad. Un talante sereno facilita ver con mayor claridad las alternativas y optar por la mejor opción. La preocupación, en ningún caso es un recurso de solución.

Luego del análisis de la situación, corresponde separarse de él y actuar. Sin importar la dimensión de la inconveniencia, la fuerza interior, la reflexión consciente, la actitud ecuánime y la solidaridad de alguien sumarán posibilidades para superar la coyuntura problemática.

Cuando se ha hecho lo que se puede hacer, hay que dejar entonces que se manifieste el curso que tomarán los acontecimientos. El Maestro lo entiende como una paradoja de la vida: “Solo puedo hacerme cargo cuando dejo de hacerme cargo”.

Recurrir a la ataraxia frente a la dificultad evitará el debilitamiento que esta puede causar. Y, por supuesto, la flexibilidad y la creatividad también continúan siendo muy buenas habilidades para despejar las preocupaciones. ¡Compruébelo!

¡Bendiciones!

“Si tu problema tiene solución, ¿por qué te preocupas?
Si tu problema no tiene solución… ¿por qué te preocupas?”
Máxima tibetana


martes, 17 de mayo de 2011

Ángeles

A nuestros ángeles, con gratitud.

Ángeles. Imágenes de culto desde tiempo inmemorable. Símbolos de divinidad, de protección, de iluminación, de suministro, de bondad. Figuras vinculadas a la fantasía y a la religiosidad.

Pero, observando a través de la realidad del bien, las cualidades de tales simbolismos también son distintivos de los seres humanos quienes, con sus maniobras casi siempre sorpresivas, favorecen el flujo de la energía del amor.

Tenemos ángeles terrenales que acuden a otros para pacificarles el corazón, para mostrarles soluciones a inconvenientes, para salvarlos de intrigas, para desmantelarles la ira, para protegerlos de la crueldad, para alentarles la esperanza, para advertirles de tentaciones nocivas.

A diario, vemos a esos ángeles suministrando alimentos a los que tienen carestía, contribuyendo a saldar alguna cuenta médica para salvar una vida, pagando los estudios a un necesitado, brindando techo a desvalidos, proporcionando medios e instrumentos productivos.

Los ángeles perceptibles también concretan milagros, reparan relaciones con sus intervenciones, asisten con cargas sentimentales, acompañan en crisis existenciales.

Este tipo de ángeles, además, comparte las alegrías, el abrazo y la compañía, festeja por los triunfos de otros, enseña que el perdón es fuente de armonía y paz, ayuda a catalizar una profunda transformación y señala el sendero de la compasión.

Igualmente, existen los ángeles como los que apoyan a Polaris, los que con sus colaboraciones posibilitan la concreción de las ediciones o se involucran en la búsqueda para obtener los patrocinios o con la distribución de los libros, facilitan que lleguen a los demás las reflexiones que ofrecemos.

Con sus diferentes rostros, palabras, gestos, actuaciones la multitud humana angelical conduce a otros a un lugar seguro ya sea de manera emocional, mental o material, desvelando muchos de los beneficios inesperados que obsequia la Vida, y demostrando que el bien es lo que sobrepasa la imaginación y lo que solemos vivir como realidad.

Por lo tanto, dado que cualquier ser humano es ejecutor y receptor de actos de bien, es indudable que la humanidad evidencia cotidianamente una sucesión de eventos angelicales manifestados por sus amorosos e incondicionales ángeles terrenales.

¡Bendiciones!

“Todos podemos transformarnos en ángeles para acompañar a alguien cuando llegan los días tristes o los de celebrar”. Anónimo.

miércoles, 27 de abril de 2011

Los otros

Yo, y “los otros”. Es una expresión que revela la inconexión que muchos creen tener con los demás seres humanos quienes, de manera simultnea, realizan también su recorrido evolutivo aunque la experiencia del vivir para cada uno tenga un marco de referencia y un ritmo distintos.

Sin embargo, resulta que más allá de las individualidades de referencia y ritmo en sus vivencias, los otros tratan con sus laberintos mentales, con las encrucijadas de algunas condiciones, con sus complejas necesidades emocionales y con la construcción de sus caminos personales.

De los otros, múltiples sufren por sus conductas agresivas, el miedo les doblega, se deprimen por el rechazo, no valorar la amistad, se repliegan por cobardía, reprimen sus sentimientos, comprometen su honestidad, son adictos a la hipocresía.

Una significativa parte de los otros cumple su día a día enfrentándose al violento, manteniendo el entusiasmo, disfrutando lo poco o mucho que tiene, creando sus fantasías, enmendando sus errores, sorteando obstáculos, procurándose oportunidades de crecimiento, superando la aflicción y suplicando milagros.

Un sinnúmero de los otros se esfuerza por sus hijos, se afana por la mujer o por el marido, se resiste a perder la alegría, no se quiebra por la pérdida, ni se deja intimidar por el arrogante ni por el intrigante.

También, millones de los otros exaltan la paz, demuestran la bondad, perdonan a quienes les lastiman, son luz en la senda de muchos de nosotros.

En escenarios ordinarios o sofisticados, cercanos o distantes, de abundancia o de pobreza, de optimismo o desesperanza, solos o acompañados, conscientes o inconscientes, con aceptación o resistencia, con debilidades y fortalezas, con apego o desapego, entre amores y desprecios, en un inevitable paralelismo de vida silente o manifiesto existen los otros.

Pero, ¿tales circunstancias y vivencias son exclusivas de los otros? ¿Cuántas de las referidas situaciones que viven los otros también acontecen en nuestras vidas?

Entonces, ¿cómo justificar una actitud altanera y excluyente con los otros cuando nadie está exento de tener experiencias similares aunque sea en diferentes momentos y niveles de sus vidas? ¿Qué harán cuándo necesiten de la comprensión y la ayuda de los otros en cualquiera eventualidad, o cuando precisen de la alianza con los otros para lograr sus mejores propósitos?

Parece que falta entender la importancia de una vida incluyente. Falta acercarse más a los otros, porque el mundo, ineludiblemente, está conformado por: Nosotros.
¿Es tan difícil percibirlo así?

Unidos por el eterno vínculo del Espíritu, las otras vidas humanas, con sus palpitantes cadencias, guardan innegables similitudes a la suya y a la nuestra; ninguna fórmula permite eludir los aspectos vinculantes y parecidos en los pensamientos, en los sentimientos, en las cotidianidades.

Aceptar tal verdad facilita el propio sentido de realización y abre espacios para aproximarnos más a los otros e identificarnos con ellos, con quienes de manera privilegiada conformamos el maravilloso grupo humano que bien llamamos: Nosotros.

¡Bendiciones!

lunes, 18 de abril de 2011

Estima

La estima hacia otro es uno de los resultados de la relación humana. A través de ella se estimula el afecto y la confianza que se brinda.

Pero tan importante es el aprecio que se ofrece a alguien, como el reconocer la propia valía; a esta se le denomina Autoestima.

Sobre tal concepto no hay disentimiento. En sentido general, la gente entiende que el bienestar humano tiene como pilar la valoración positiva que el individuo tenga de sí mismo.

Considerada como un factor intrapersonal de la Inteligencia Emocional, la autoestima implica: seguridad y confianza en sí mismo, respeto por sí mismo y aceptación de sí mismo. También involucra la sensación de bienestar, la realización personal, el agrado por la apariencia individual.

Fomentar la autoestima significa que el ser humano se reconoce y se cuida. Por lo tanto, debe tomar en cuenta lo siguiente.

Evitar actitudes hostiles hacia sí mismo desatendiendo la salud, la higiene, el arreglo personal, haciendo bromas hirientes o profiriendo insultos contra sí mismo, comparándose con otro para degradarse, reaccionando con desprecio de sí mismo cuando se equivoca, admitiendo las expresiones vejatorias de otros por el color de la piel, por la religión que profesa, por el estatus social o por cualquier otra razón.

Igualmente, eludir adjudicarse culpas irrazonables, sucumbir a la necesidad de aceptación de parte de los demás o a la evaluación excesiva de los particulares talentos, que le induzca a acciones insensatas.

Además, hay que separarse de las actuaciones impulsivas, sectarias y remilgadas porque pueden bloquear la conciencia sobre las fallas y la determinación para corregirlas, como también pueden impedir valorar las beneficiosas sugerencias que al respecto le brinden los otros.

Pero ante todo, hay que velar por no cometer actos indignos; esos que pueden mutar en una profunda crisis emocional arrebatando la paz interior y el respeto por uno mismo.

En la construcción de la autoestima inicie aceptando sus infinitos valores espirituales y sus maravillosas capacidades humanas, manteniendo la humildad en tal reconocimiento. Asimismo, manténgala al recibir cumplidos que resalten sus dotes de bien.

Sea consciente de sus pensamientos, de sus emociones y de sus acciones.

Ámese y confíe en usted. Siéntase merecedor de lo bueno que recibe de la Vida y de los otros.

La estima por usted mismo es una eficaz palanca de apoyo para su camino de crecimiento humano y para impulsar sus propósitos.

Y recuerde: mantener una actitud humilde es lo que le proporcionará el equilibrio entre su autoestima y la soberbia.

¡Bendiciones!

“La satisfacción de la necesidad de autoestima conduce a sentimientos de autoconfianza, valía, fuerza, capacidad y suficiencia, de ser útil y necesario en el mundo". A. Maslow

martes, 12 de abril de 2011

Carácter

“Fuerza y elevación de ánimo natural de alguien, firmeza, energía” es una clara descripción del carácter, y el desarrollo de tales características resulta de importante beneficio en la vida del ser humano.

Sin embargo, el carácter se debilita con la deshonestidad y con el miedo, estado que puede provocar en la persona actuaciones volátiles, impensadas, vacilantes, impulsivas.

Bajo el mencionado predicamento, la persona puede hacerse propensa a reaccionar de forma incontrolable por la menor tontería, a replegarse frente a situaciones que precisen de determinadas tomas de decisiones, a no valorar las oportunidades para su crecimiento, a paralizarse por la desconfianza, como también a actuar con doblez o inmoralidad en detrimento de su autoestima y de su integridad.

El carácter suele forjarse y fortalecerse en el desafío de lo desconocido, en la incertidumbre de la búsqueda, resolviendo las encrucijadas, afrontando las circunstancias difíciles, adversas.

El adecuado desarrollo del carácter posibilita al individuo actuar con entereza, alcanzar metas, catalizar una profunda transformación en sus emociones y en sus pensamientos, potenciar capacidades, proceder con arrojo, porque la fuerza de carácter le facilita a la persona la consecución o no de lo propuesto.

Apoyado en un camino de principios, el carácter se fragua con más solidez para la formulación de los nobles propósitos, para hacer frente a una necesidad de rehabilitación o para manejarse en ambientes hostiles, enviciados, amorales. Tal base también sirve de malla de seguridad para caerse y levantarse, incluso en situaciones severas, y para aprender de las equivocaciones y superarlas con decisión.

El carácter se manifiesta tanto por medio de las pequeñas acciones como en las posturas que implican salvaguardar la probidad.

Para las personas de buen carácter, la esperanza es un hábito difícil de eludir porque sin separarse de la sensatez obran desde la saludable perspectiva que tiene como lema: puedo hacerlo.

Forjar el carácter es materia de aprendizaje permanente y del individuo es el pleno control para poder lograrlo.

Contar con una vigorosa estructura de carácter es como cumplir la mayoría de edad en el aspecto emocional. Esto permite celebrar la emancipación de algunas sensaciones negativas que obstaculizan la expansión de las potencialidades humanas y vivir epifanías por las propias conquistas.

La gracia y el ánimo del ser humano resultan como pauta reveladora de un carácter tonificado por convicciones y valores personales.

¡Bendiciones!

“El carácter es la energía sorda y constante de la voluntad”.
H. Lacordaire