Al referirse a la desaparición de la Atlántida en sus textos Platón señala que la riqueza y el poder se pierden cuando se pierde la “Virtud”. Verdad o mito en el relato, al día de hoy la frase tiene vigencia.
En ciertos aspectos, los cambios en la cotidianidad humana han incrementado carencias vitales en las relaciones familiares, en las de amistad y hasta en los guías escolares,religiosos, ideológicos, comunitarios, siendo la falta de virtud uno de los elementos relevantes.
La deshonestidad, la mentira,la injusticia, el desenfreno, la ambición, la incivilidad son algunas de las actitudes que están dilatando su espacio en el camino personal y colectivo.
La indicada situación resulta una pauta reveladora que ayuda a establecer el nivel de las consecuencias que la misma podría alcanzar, si este tipo de acción continúa sustituyendo las virtudes humanas. “Un hombre sin virtud no puede morar mucho tiempo en la adversidad, ni tampoco en la felicidad…” advierte Confucio.
Aunque mucho se habla de las virtudes, poco se cultivan. Es preciso recomponer la estructura familiar y social para retomar la enseñanza a través del discurso y el ejemplo en la virtud.
Virtud entendida desde la perspectiva aristotélica, que exprese la excelencia del ser humano, su esencia, y que su consecución le produzca la felicidad. Virtud adquirida a través de las costumbres, por medio de la cual el ser humano puede dominar su parte irracional y regular su relación con los de su especie. Virtud, además, aprendida por medio de la instrucción para perfeccionarse en relación con el conocimiento.
Virtud comprendida también desde una perspectiva confuciana; comprensión profunda de las relaciones entre todas las cosas. Su fundamento es interno, procede del interior y no de reglas estipuladas, un enfoque que habla de humanidad y establece como claras manifestaciones de virtud el discernimiento y la armonía.
Basado en el propio ejemplo, es indispensable educar acerca de la Virtud para que esta se deje de ver anticuada y procurar la comprensión de su noción como un instrumento personal y social favorable en términos individual y grupal.
Los individuos que son instruidos en las virtudes y se ejercitan en ellas conforman familias y comunidades que generan mayor bienestar.
Por eso, hay que formarse y formar en la moderación, en la fortaleza, en la justicia, en la humildad, en la honradez, en la constancia, y sumar conocimiento para obrar con virtud. Virtud en el quehacer doméstico, en el académico, en el laboral, en el religioso, en el político, en el institucional, en el militar.
Virtud para actuar en los roles de padre y de madre y en el desempeño de cualquier ocupación, ya sea: científico, directivo, orientador, gobernante, empleado, comunicador. Virtud para enseñar y para aprender, para ofrecer y para recibir.
Reiteramos que a partir de una conducta personal consciente, sin diferir, se precisa cultivar y practicar las virtudes para mejorar como entes humanos y en la relación con los otros, construyendo así una sociedad virtuosa benéfica para todos.
¡Bendiciones!
“La verdadera nobleza consiste en la virtud”. Don Quijote
martes, 6 de marzo de 2012
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