martes, 14 de abril de 2009

Los límites

El vocablo “límite” no suele gustarle a la gente. Generalmente de él sólo se resalta la idea de que representa un freno a los deseos, a los caprichos, a las acciones.

Pero la verdad es que los pensamientos, los sentimientos y las actitudes deben tener ciertos límites. Porque, si así no fuese, cuando el individuo se permite hacer todo lo que quiere y como lo quiere, muchos de sus actos pueden provocar malestar y situaciones conflictivas tanto a sí mismo como a otros.

Los límites reflejan el nivel de conciencia y están asociados al autocontrol personal. Es una práctica que debe iniciarse estableciéndolos al comer, al hablar, al beber, al demandar; y también a la hiperactividad.

De igual modo una persona debe restringir sus impulsos, porque sino la propensión es a tener con los demás relaciones con disposición a la ruptura. Nadie quiere soportar permanentemente a alguien que padezca de una discapacidad para el equilibrio.

Asimismo, debe corregirse las ilimitadas autocomplacencias, las ventajas particulares y las conductas impropias que quebrantan los valores positivos y conducen al deterioro personal, familiar y social y no tienen excusas en los controles laxos. Cada quien debe responder por las consecuencias de lo que hace como ser humano y como miembro participativo de la sociedad.

También hay que limitar el poder, el miedo, la intromisión, la intimidación, la imposición, la ambición, la consumición, la autoridad e incluso la libertad si con ella se invade los espacios ajenos, si su expresión es ofensiva, agresiva o toca la susceptibilidad de alguno.

Antes de que las acciones del individuo tomen un rumbo perjudicial para consigo mismo o afectando a otros, es momento de establecer límites. Sin importar qué es lo que debe limitarse.

Aprenda a establecer sus propios límites en lo que usted sabe que no es conveniente ni para usted ni para la comunidad. Ninguna persona transcurre su existencia sin fijarse algún límite ya sea en el pensar, en el sentir o en el actuar, porque hasta la vida lo tiene.

Con los límites se gana raciocinio, prudencia, cuidado, respeto.

Aun más. Al absorber y aplicar los límites de manera positiva, éstos también, personal y colectivamente, contribuyen al buen desarrollo de la interacción humana y al incremento del orden, de la armonía, de la paz y de la felicidad.

Decídalo ya. ¡Adopte sus limites!

¡Bendiciones!

“Es el mejor de los buenos quien sabe que en la vida todo es cuestión de medida: ... algo menos... un poco más”. A. Machado