lunes, 20 de abril de 2009

Soberbia

Los seres humanos, con escasas excepciones, anhelan y disfrutan los halagos, la admiración, la preferencia, el aprecio que se les brinde. Y, por supuesto, recibido con la debida moderación, esto es beneficioso para una autoestima saludable.

Ahora bien, cuando la persona se envanece por recibir tal atención considerándose superior por sus cualidades y menospreciando las de los otros, las suyas se verán eclipsadas por ese comportamiento, el cual no será favorable para su valoración positiva.

En esa actitud denominada soberbia hay que reflexionar respecto a dos aspectos importantes.

El primero es que, ciertamente, una persona puede destacarse por sus talentos, pero eso no significa que los tiene todos. Todavía se desconoce que alguien posea todas las habilidades aunque tenga grados más elevados en algunas inteligencias. Entonces, esto lleva a colegir que dentro del grupo de los “otros” hay quienes tienen diferentes competencias mejores que las de esa persona.

Desdeñar para resaltar no propiciará una consistente aceptación de los demás. Un comportamiento así, en breve, induce a cuestionar los motivos reales de esa altanería.

Lo segundo a considerar es que, la mayor parte de la veces, quien muestra arrogancia oculta carencias o situaciones difíciles de enfrentar consigo mismo y opta por utilizar dicha actitud como careta.

El deseo de sobresalir o una valoración humana hecha a través de los conocimientos, la posición social o las “credenciales” de cualquier tipo, puede provocar en el individuo un concepto desacertado sobre sí mismo.

Incluso yerra aquel que su valuación la hace por medio de los atributos de su espíritu manifestándolos con altivez.

Recurrir a la petulancia para disimular las zonas poco desarrolladas del ser, es un error. Al asumir esa postura se imposibilita develar las verdaderas debilidades y fortalezas de nuestra particular humanidad.

La reflexión, la autocrítica honesta para el mejoramiento no puede ser sustituida por la soberbia. Sobre ello Tagore nos dice: “¡Examínate cada día! Nadie se saca la espina si no sabe dónde la tiene”.

Cada quien tiene virtudes, capacidades, miedos, potencial sin desarrollar, y, fundamentalmente, mucha, mucha, mucha tarea de crecimiento humano por realizar para completar su propio proceso evolutivo.

Preferible será que todo acto que realicemos sea con la adecuada dosis de humildad. El delirio de grandezas generalmente conduce a distancias humanas que conllevan tristeza y soledad.

¡Bendiciones!

“La soberbia no es grandeza, sino hinchazón. Y lo que está hinchado parece grande, pero no está sano”. San Agustín