martes, 7 de agosto de 2007

Madre, Padre… ¡qué misión!

Cada día más se mencionan los distintos problemas de actitud de adolescentes y jóvenes; que involucran hasta el consumo de drogas y la delincuencia. Sociólogos, profesores, periodistas, religiosos, expertos en la conducta humana, especializados en el área, autoridades gubernamentales, hacen referencia al tema en cuestión.

Como algunos factores inductivos a ese comportamiento son señalados: el desempleo, la adaptación al medio, baja escolaridad, la exclusión social, la impunidad de los crímenes. Contra este infortunio se clama del Estado y toda la sociedad mayor inversión de recursos y denuedos en “educación y orientación”.

Seguramente todos/as estamos de acuerdo con dicha conclusión. Sin embargo, debería hacerse énfasis en el aspecto “familia-hogar” de los/as hijos/as. Revisemos este elemento.

Indudablemente las tareas de madres y padres son múltiples: doméstica, familiar, profesional, social, religiosa, de recreación, educativa, de atención personal. Así como distribuir tiempo, esfuerzo y dinero con racionalidad, y obtener más medios para afrontar las demandas materiales diarias, y satisfacer también las de apariencias sociales.

Estamos en un interesante predicamento.

Con la presencia o ausencia de mamá y/o papá en el hogar, al ejercicio de este “oficio” cada quien lleva su carga particular. Posiblemente ésta contenga algo de frustración, desilusión, miedo, falta de carácter, escaso desarrollo afectivo y de conocimientos. Igualmente, marcas del temperamento, desaciertos, decepciones consigo mismo, hábitos disfuncionales, sentimientos de rechazo, conflictos de pareja o laboral, necesidad de reconocimiento.

Alguien tendrá un peso más ligero; pero igual tiene que criar a sus hijos/as.

Lejos de la perfección, nos graduamos de madres-padres a través de la práctica cotidiana. No es un “título” adquirido con base en la educación académica o ejercicios previos. Para realizar la labor utilizamos el método de la improvisación. Día a día nos arriesgamos tratando de no arruinarlo todo; porque ellos/as podrían convertirse en víctimas de nuestra propia carga.

Entonces, es preciso reflexionar sobre las fallas que contribuyen al proceso de deterioro de la sociedad, en la formación de los/as hijos/as. Significativas carencias están colocando al borde de la irracionalidad la conducta de muchos; más allá del suministro de comida, salud, techo, escuela, vestimenta y diversión. Algo está sucediendo que imperiosamente debemos corregir.

Probablemente hay que iniciar la reflexión estableciendo, interpretando y apreciando el silencioso reclamo de los/as hijos/as.

Continuará…

¡Bendiciones!