miércoles, 29 de diciembre de 2010

Profecías y Utopías (y 2)

“Una sociedad no vive sin utopías, es decir, sin un sueño de dignidad, de respeto a la vida y de convivencia pacífica entre las personas y pueblos. Si no tenemos utopías nos empantanamos en los intereses individuales y grupales y perdemos el sentido del bien vivir en común”, afirma Leonardo Boff

Afortunadamente, ya es grande la colectividad conformada por quienes valoran las iniciativas que fomentan el positivismo y la acción transformadora, y actúan en consecuencia para afrontar las profecías.

Día a día suman más los “lúcidos pero optimistas”. Al vivir la situación vigente ya no es preciso consultar nueva vez los vaticinios porque se sabe que el modo de mejorar el presente y resolver el futuro es adoptando ante la vida la posición correcta.

Incalculables son los que apoyándose en su voluntad aspiran hacer realidad los ideales de bien; tienen la certeza de poder modificar costumbres que les perjudican a ellos y a los demás. Por eso, también ejercen y promueven una participación constructiva para cuidar a otros, a la Naturaleza y al medio ambiente por medio de proyectos particulares, grupales e institucionales.

Aunque aún no sean noticias consideradas para ocupar las primeras planas de los periódicos, la gente está comunicándose con la lógica y la bondad. Está centrando esfuerzos a favor del bienestar común y resaltando los puntos luminosos.

Tal vez se precise de un tiempo prolongado para exorcizar, regenerar, concienciar y transformar, pero sin dudas se nota la determinación y la actuación de múltiples sectores sociales orientada a diseñar y construir un presente y un futuro distinto.

Hay que mantener el sueño de ver suspendidos los hábitos egoístas, la prosperidad sin codicia, el mundo sin armas, la verdad practicada, la justicia aplicada, la insensibilidad superada, las problemáticas ventiladas desde una expectativa de solución, con un enfoque creativo y con una mente positiva. Hay que soñarse mejores, aprovechar los particulares dones y conservar tal actitud consigo mismo y en todos los espacios de interacción humana.

Las utopías tienen fuerza redentora. El pasado pudo haber sido desolador, incluso el presente puede parecer serlo, pero indudablemente se está avanzando hacia un horizonte de luz.

Si acaso alguien no alcanza a ver la perspectiva así, posiblemente deba ampliar el agujero de su percepción. Existen diversas maneras de conocer de cerca toda la energía creativa y optimista que edifica el nuevo mundo.

Sí, una profecía se cumplirá. Modificando la expresión, se puede tomar prestada la profética sentencia de Aymará Tupac Katari y con una clara visión esperanzadora exclamar: “Prevaleceremos y seremos millones”.

El poder de las utopías y el accionar puesto en marcha solo le deja al destino la posibilidad de colocar a la humanidad a la deriva del amor incondicional.

¡Bendiciones!

“El cielo es el hogar. La utopía está aquí. El nirvana es ahora”. E. P. Abbey