miércoles, 27 de junio de 2007

La buena educación

Se dice que la educación abarca: el intelecto, el carácter y la conducta. Innegablemente que contar con una educación que incluya estos tres aspectos podría facilitar mayores posibilidades de inserción en los distintos sectores de la sociedad.

Ahora bien, partiendo de esa premisa, se ha de considerar entonces que la base de tal educación es la conocida como la “educación doméstica”.

Sabemos que en el núcleo familiar aprendemos a compartir, a saludar, a hablar en voz baja, a utilizar el “por favor” y muchas gracias”, a ofrecer disculpas cuando erramos; así como los hábitos de orden y limpieza.

Sin embargo, no es menos cierto que también allí damos los primeros pasos en el desarrollo de la conciencia, el conocimiento de las cosas y de ciertos criterios de la relación humana; en la comunicación de las necesidades y de las ideas; en la construcción y aplicación de los principios y las capacidades.

Iniciamos el aprendizaje en los conceptos de autoestima, independencia, confianza, sensatez, respeto, compromiso, justicia, solidaridad, gratitud, disciplina, sensibilidad, honestidad, responsabilidad; asimismo en el manejo del temperamento, en el ejercicio del pensamiento positivo y en dibujar las líneas del carácter.

Esa estructura educacional conforma la plataforma donde se erige nuestra particular manera de percibir y realizar la vida porque posibilita el crecimiento de la espiritualidad y la manifestación de la humanidad. Igualmente del pensamiento analítico y la creatividad. Estos elementos son los que, en los períodos de adolescencia y adultez, fortalecemos, maduramos y transmitimos.

El valor de la educación doméstica comienza evidenciándose en los sencillos actos de cortesía, los cuales imprimen un sello de diferencia a nuestro trato con los demás; con ello les provocamos una especie de encantamiento y mucho más si esa conducta la acompañamos de una intención positiva y una alegre y cautivadora sonrisa.

Por supuesto, la educación doméstica está íntimamente vinculada al tipo de hogar que hayamos tenido. A la contribución, directa o indirecta, de la familia en el desarrollo de nuestras potencialidades espirituales y humanas.

¡Bendiciones
!


"El conocimiento está estructurado en la conciencia. El proceso de educación toma lugar en el campo de la conciencia; el prerequisito para una educación completa es por lo tanto el desarrollo completo de la conciencia-iluminación. El conocimiento no es la base de la iluminación, la iluminación es la base del conocimiento" M. M. Yogi