Generalmente para las personas que persiguen “Estatus” la vida cotidiana se torna insignificante y al tener claro la importancia de los símbolos en lo que quieren alcanzar, el poder de cambio del estatus comienza a efectuarse en el contorno familiar.
En dicho ámbito, elegido en principio como escenario experimental, se incorporan los objetos representativos del estado deseado y a los/as hijos e hijas se les enseña las nuevas denominaciones de esos objetos.
Por ejemplo, la muñeca será llamada Barbie, la mochila, Hello Kitty; los zapatos, Prada o Nike; el vestido, Dior; el perfume, Chanel; la cartera, Gucci; la blusa, Nina Ricci, el accesorio, Givenchy; el vehículo, Jeepeta; el maletín, Cardin; los lentes y la correa, Cartier; el espacio de entretenimiento de la casa, Home Theater; la ropa de cama, Schlossberg; el lugar de vacaciones, resort y un largo etcétera para las demás pertenencias.
En la residencia de gente de estatus, se requiere que cada quien tenga un teléfono, un televisor y un computador para evitar importunar a los demás. Y que también tenga una abultada agenda que utilice para decir lo ocupado e importante que es, y pueda separarse de todo aquel que no sea “redituable” para la establecida finalidad.
Los que obtienen “estatus” no deben olvidar: realizar cualquier acción para mantener la imagen; efectuar una debida selección de con quienes tienen que relacionarse; dar mayor importancia a los requerimientos del grupo social que a las aspiraciones humanas y familiares.
Los individuos de estatus deben renovar los símbolos que les acreditan como tal, siguiendo las tendencias que imponga la moda; entendiendo la pertinencia de eso como carta de presentación de su abundancia y ambición. Tendrán que poner a prueba su tenacidad y capacidad para ostentar de la “vida afortunada” que les proporcionan esos cambios que evidencian sus “éxitos”.
Al asumir los riesgos, compromisos y sacrificios para lograr el objetivo descrito, en ocasiones no habrá muro de contención para la irracionalidad, no se podrán respetar los propios principios, las reglas regulares de la familia y de la sociedad y no habrá curva catenaria que soporte indeterminadamente el peso de la avidez desmedida.
Aunque el deseo de tener “estatus” podría convertirse en un juego peligroso que puede llevar al extremo y tener un vuelco dramático por las decisiones tomadas sin ponderar las consecuencias, aun así muchos prefieren poder decir: ¡por fin, conseguí el estatus!.
Continuará...
¡Bendiciones!
“Buscando las cosas inciertas, perdemos las ciertas”. Plauto
martes, 2 de diciembre de 2008
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