El concepto “Progreso” es igual al éxito. Aunque diferentes sean las concepciones que de él se tenga, los individuos anhelan dinero, poder, confort, posición y posesiones. Asimismo, a nivel de grupos sociales, de gobiernos y de naciones.
El progreso es fruto de la inteligencia y de la creatividad, pero entraña una paradoja: puede favorecer y al mismo tiempo perjudicar, depende del qué, del para qué y del cómo se utilice, porque en numerosas y diversas cuestiones el progreso resulta ser un anatema, un instrumento de contaminación, de dominación, de inseguridad, de destrucción.
La ciencia, la producción, el transporte, la comunicación son altamente beneficiados por los adelantos que alcanza el ser humano para mejorar su bienestar. Sin embargo, estos y otros aspectos también se convierten en nocivos para la humanidad.
Seres humanos han sido objeto de horrendos experimentos científicos; las fábricas y el acarreo motorizado de combustible contaminante deterioran el medio ambiente, y algunas prácticas médicas, industriales o de investigación, igual las armas nucleares y las centrales de energía nuclear producen o usan elementos radiactivos que ocasionan daño masivo, en ciertos casos irreparables, al individuo y a su hábitat.
Factura del progreso también lo son las guerras biológicas, el incremento de la industria armamentista y el fortalecimiento del apego a lo material y al poder basado en la corrupción, el abuso y el consumismo que logra alterar el delicado equilibrio de la convivencia y del Planeta.
Y más. La conducta de muchos se distorsiona por su desmedida ambición de “progresar”; el sistema mediático provoca trastornos con su manipulación; por el empleo inadecuado de la tecnología la gente establece distancias afectivas y disminuye la interacción humana y la comunicación personal, entre las múltiples consecuencias del usufructo de un progreso irreflexivo.
Por lo tanto, este tema trata de recordar que aunque el método, la sofisticación y la innovación del progreso benefician la existencia, no menos cierto es que también puede destruirla cuando se pierde la perspectiva de dar preferencia al bien superior.
La humanidad no debe continuar “progresando” viviendo al límite el día a día por no aprender a manejar las complejidades que involucran el progreso.
Soñar y hacer realidad generar riqueza y comodidad es un derecho de cada individuo. Pero hay que impedir que los sueños se conviertan en pesadillas personales o colectivas.
El ser humano tiene capacidad para crear y utilizar su creación y también tiene capacidad para evitar su autodestrucción. Hacer un uso juicioso de esa prerrogativa hará la diferencia en su propia vida
¡Bendiciones!
“Para progresar no basta actuar, hay que saber en qué sentido actuar”. G. Le Bon
miércoles, 23 de marzo de 2011
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