lunes, 23 de febrero de 2009

Paciencia

Una habilidad que al ser humano le es difícil alcanzar es: esperar; parece que está en contra de su naturaleza. Todo lo quiere obtener justo en el momento que lo desea. Y aunque el individuo tiene potencial para precipitar lo deseado, aún no ha desarrollado ni una mínima parte de esa posibilidad.

La mayoría de la gente pasa una significativa cantidad de tiempo desesperándose por cualquier motivo. Y su hábito de “perder la paciencia” le causa daño a sí mismo tanto como a otros, por las energías negativas que expande en su propio ser y en su campo de gravedad que involucra a los demás.

Hay quienes “pierden la paciencia” con personas, animales, tareas, situaciones. Por ejemplo, la pierden con la pareja o la mascota; en una discusión de trabajo o en una reunión social; operando el computador o realizando una labor doméstica. No hacen distinción de lugar o evento.

También “pierden la paciencia” si tienen que esperar en una fila vehicular o de clientes en el supermercado; cuando quieren respuesta a sus reclamos afectivos o a una solicitud de empleo; si sienten que algo está fuera de su dominio o no tienen capacidad para comunicarse con su hijo.

Las personas impacientes, en vez de responder son proclives a reaccionar sin importar el nivel de dificultad para conseguir lo deseado. Muchos se irritan, entran en pánico o se abaten por el desaliento. Entonces, frecuentemente, cuando vislumbran la solución a la situación, ya su descontrol emocional ha tocado la estratosfera de la crisis.

Con tales episodios se construye un historial de reacciones impropias que puede provocar alguna enfermedad a uno mismo, así como obstaculizar la relación con los otros.

Miguel de Cervantes, acertadamente nos señala: “Los males que no tienen fuerza para acabar la vida, no la han de tener para acabar la paciencia”.

Por consiguiente, si usted es una persona que padece de la referida debilidad, será mejor que comience a observar cuántas veces al día “pierde la paciencia” y por qué. Debe analizar y determinar la(s) razón (es) de esa actitud que compromete su equilibrio interior. Si no puede hacerlo solo, busque ayuda.

Por su bienestar, deberá suspender la práctica de asignarle poder sobre usted a personas o cosas. Cada circunstancia que se vive es para aprender. Si todos los acontecimientos fuesen predecibles la vida fuera sombría.

La Paciencia no es pereza ni imprudencia; es serenidad. Y cuando se mantiene la serenidad puede descubrirse los beneficios de habitar en el Paraíso interno que representa esa tranquilidad.

La Paciencia retribuye.

¡Bendiciones!

“Imagina que todos los seres humanos han recibido la iluminación menos tú. Todos ellos son maestros tuyos, y cada uno hace justo las cosas apropiadas para ayudarte a aprender la paciencia perfecta, la sabiduría perfecta, la compasión perfecta”. Buda