lunes, 9 de marzo de 2009

La Naturaleza

Existe una notable analogía entre el ser humano y la Naturaleza en sus contenidos y en sus acciones. Son maravillosas creaciones con resultados de energía, estética, fuerza, riqueza, luz, color, sonido, profundidad, sensibilidad, variedad.

También está presente en ambos la analogía en los actos de vivir, reproducir, respirar, morir, acoger, expulsar, disolver; y también en sus manifestaciones misteriosas, oscuras, hostiles, violentas, destructoras.

Sin embargo, la especie humana, aun con su exclusivo don de pensar, no ha hecho posible un eficaz entendimiento con la Naturaleza. La gente se apodera y se aprovecha de sus recursos y de su riqueza, vive de ella, la necesita para sobrevivir, pero no ha sido capaz de cuidarla debidamente.

De la Naturaleza se recrean los escenarios más apocalípticos; pero los hechos humanos contra la misma no son menos letales. Basta con observar cómo el individuo la deteriora, la contamina, la mal usa, la aniquila.

Se precisa de mucho para rectificar tal conducta y aprender a interactuar con la Naturaleza de forma respetuosa. A ella hay que agradecerle su eficiente didáctica; cualidad ésta que aluden los textos de sabiduría de manera directa, dibujada o en parábola. Y la verdadera filosofía tampoco se aparta de la Naturaleza.

Para la humanidad, la natura es ejemplo a emular por la armonía, el orden, el flujo de las energías, la convivencia de las diferencias y el sutil equilibrio de la polaridad, entre otros comportamientos que exhibe.

“La Naturaleza tiene mucho que enseñarnos. Todo lo que tenemos que hacer es abrir los ojos y mirar”; así lo indica el Lie Tse.

La Naturaleza, como el ser humano, contiene todo del Todo. Vinculados ambos por el Espíritu, también se rigen por los mismos principios en el nacimiento, la evolución, la muerte y la renovación constante.

Esta permanente Maestra que da y recibe, es una verdadera fuente de inspiración para la expansiva grandiosidad de la inventiva humana. Como muestra de ello están desde el simple Velcro, hasta las modernas construcciones del complejo olímpico de Beijing: el “Nido de Pájaro” y el “Cubo de Agua”.

Ciertamente es extensa la relación de similitudes entre la especie humana y la Naturaleza. Pero algo es inequívocamente ostensible: la Naturaleza brinda más espacios apacibles, más generosidad y más aceptación de la diversidad.

¡Bendiciones!

Cuanto más adelanta el ser humano en la penetración de los secretos de la Naturaleza, mejor se le descubre la universalidad del plano eterno”. J. Kepler