miércoles, 31 de marzo de 2010

Negocios

Ciertas conductas humanas han convertido la sociedad global en un inmenso mercado donde todo puede negociarse, y la palabra sirve de eufemismo para ocultar la verdadera dimensión del hecho.

En el “mundo de los negocios”, ilimitada e infortunadamente, también se mercadea al ser humano, la vida, los principios, los valores, la fe, y todo cuanto involucra la humanidad del individuo. La entropía moral proporcionando ganancia material.

Lejos de la sorpresa, cada día hay abogados negociando condenas con otros abogados, jueces o jurados, sin importar culpa o inocencia; ejecutivos o funcionarios con descaro, negocian el contrato soñado; y se emplea la tarjeta de crédito para costear la creencia y la indulgencia que ofrece la iglesia.

Las competiciones artísticas y deportivas, están atrapadas en el espiral de negociación de la ambición desmedida del competidor, aunque no se tiene garantía de que su resultado sea por el esfuerzo y la disciplina. Igual se negocia con la medicina; aun recibiendo menos tiempo de atención el paciente paga más dinero por su sanación, y cuando la cura es invasiva le origina otra dolencia.

Asimismo, se negocia con los hijos, la mujer o el marido para evitar divulgar la disfunción familiar. Se elaboran convenios entre las parejas para asegurar en su relación la perdurabilidad y la fidelidad, y casas de apuestas elevan el perfil y la utilidad negociando privacidad.

Se negocia con niños, jóvenes y adultos para fines de prostitución o el tráfico de narcóticos. También, con órganos humanos enfermos o sanos y con la explotación o la adopción de infantes donde el dinero puede distorsionar las decisiones de los responsables y de padres a quienes les arropa la indigencia.

De igual manera, es negociable la fingida generosidad, la afectividad, la opresión, el poder, la popularidad, la impunidad, la iniquidad, el arribismo; todo negociado con un proverbial cinismo.

Éstas y otras conductas similares y recurrentes, reflejan los motivos que gobiernan a una parte de la especie humana que fácilmente se separa de los principios que sustentan la existencia.

En consecuencia, es imperativo ayudar a abolir tales prácticas de negociación con la actitud de lo opuesto desde la propia ejecutoria cotidiana; solamente la expresión del espíritu a través de las acciones conscientes, transforman la sociedad.

Evitar comprar cualquier tipo de privilegio, negarse a recibir seguridad doblegando la dignidad, seleccionar profesionales éticos para adquirir servicios, reclamar con civilidad el reconocimiento del derecho en buena lid obtenido, apelar a instituciones acreditadas para efectuar una adopción o para cubrir la necesidad de un trasplante, son algunas de las acciones pertinentes.

La inferioridad de las circunstancias no debe colocarse sobre la valía personal. La carestía no justifica los efectos de una negociación por droga o prostitución. Por eso, aportando concienciación a otros también se colabora para eliminar esos actos.

Una conducta personal basada en los valores espirituales y humanos es la mejor forma de impedir escándalos, ya sean desde una posición pública o privada, causados por conflictos de pareja, codicia, fracasos económicos, infortunios familiares y otras razones.

Cada uno debe dar una muestra inequívoca de que sobre la efectividad de la fuerza espiritual y moral particular descansa el mejoramiento social que deseamos. La realización de esta aspiración debe apoyarse en ese comportamiento individual.

¡Haga posible que ocurra así!

¡Bendiciones!

“Hay muchos más espíritus que tierra sin cultivar”. La Bruyére

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