La confianza es uno de los factores más íntimamente vinculado a nuestra respuesta de actitud frente a la vida.
Confianza en nosotros y en otros/as.
Desarrollada, en principio, a través del trato recibido de las figuras materna y paterna, es un valioso recurso de crecimiento humano.
Para fortalecerla es preciso apreciar, en nosotros y en los otros, las capacidades humanas; en especial la intuición, y la prudencia para decantar las emociones.
Sus aportes son diversos. Aprender a confiar en sí mismos, así como a creer en la gente, nos facilita alcanzar mejores y mayores logros individuales y grupales; dando y acogiendo apoyo.
La confianza respalda el optimismo, reafirma y expande las posibilidades para realizar los sueños, impulsa las aspiraciones, permite mostrar la parte vulnerable de nuestro ser sin ser enjuiciado/a, agrega felicidad al diario quehacer.
Igualmente, evita que recurramos a la mentira, la intriga, la infidelidad. Nos distancia de muchos errores de criterio y de los sentimientos dubitativos que nos hacen sucumbir en la decepción.
Observe, para confiar no es necesario contar con un prontuario de sabiduría, ni tener vivencias, ni estatus económico o social, ni nivel evolutivo ni intelectual iguales o similares.
La confianza es un viaje personal místico. Una conexión que trasciende las palabras. Un producto del proceso mental, emocional y bioquímico. Y, aunque algunas razones para experimentarla sean inexplicables, este medio sigue teniendo un importante significado en el crecimiento y la relación humana.
Confíe en el Poder Supremo, en usted y en los que le inspiren tan preciado sentimiento.
Confíe, incluso asumiendo cierto riesgo; nadie aún tiene todas las respuestas.
Confíe.
¡Bendiciones!
“ La confianza es casi un misterio. Eso no se compra y no tiene precio… Es, como quien diría, una complicidad de corazón a corazón; viene con toda naturalidad y toda verdad…”
Los Gobernadores del Rocío. J. Roumain
miércoles, 18 de julio de 2007
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