“Algo que todos quieren, algo que pocos dan: respeto”.
Al igual que la educación, el respeto constituye un notable pilar en el bienestar humano y en el progreso de los pueblos. Pero el respeto no es materia para aprender en la escuela, es asignatura que debe ser incluida en el proyecto instructivo del hogar.
Somos seres emocionales y relacionales. Se espera, por lo tanto, que estemos conscientes de que podemos afectar a otros a través de la palabra, del gesto o de la acción; sin embargo, parece que no es así.
En el comportamiento humano se registra irrespeto a los padres y a los hijos, a los amigos y a los vecinos, a los profesores y a los estudiantes, al compañero de trabajo y al directivo.
Se irrespetan los principios, las creencias, los derechos, las capacidades. Igualmente, el esfuerzo, el pensamiento, la aflicción, la esperanza, la diversidad racial y la cultural.
Abundan las personas quienes como respuesta acostumbrada, tienen una actitud desconsiderada. Modalidades de ésta se realizan a diario faltando el debido respeto con el insulto, la impuntualidad, el chisme, la falsa habilidad, la hipocresía, la mentira, el engaño, la mordacidad, la irresponsabilidad; con una actuación deshonesta, deshonrada, avasallante, intimidante, insolente e indolente.
Tales conductas devienen en valladar para la convivencia, debilitan lo que representa el horizonte vital de cualquier interacción, arriesgan la comunicación y canceran los conflictos.
Una sociedad donde un significativo número de sus habitantes no respeta las reglas regulares, familiares y sociales, irrespeta a otros aprovechándose de la inferioridad de sus circunstancias, trata irrespetuosamente a sus subalternos o se apodera de lo ajeno, difícilmente llegará lejos en lograr el bienestar y el progreso común.
Imprescindible se hace recordar la importancia que tiene el respeto como un valor que debe desarrollarse desde el ámbito del hogar, porque los hijos tienden a reproducir el proceder de los padres.
Una sociedad compuesta por familias estructuradas con claro entendimiento del respeto, se pone en evidencia con la práctica del mismo. Cuando se ha aprendido eso, el ser humano se respeta y respeta todas las formas de vida, y lo expresa en todas sus acciones.
Un comportamiento regido por cánones respetuosos facilita las relaciones, la justicia, la participación constructiva, la integración, la dinámica del dar y del recibir, el aprendizaje y la enseñanza.
Beneficia al grupo familiar, profesional, laboral, tanto como a la comunidad en general, el mutuo respeto que sus miembros se ofrezcan entre sí.
El respeto apoya la sana coexistencia humana, la conservación del medio natural, la colaboración en el crecimiento de un país y la armonía entre las naciones. Es un sello cultural caracterizador.
Hay que educarse y educar en el respeto. Con el ejemplo, hay que impulsar el trato respetuoso, brindarlo sin importar edad, sexo, estatus social, económico o por oficio.
Los individuos deben ser honrados por su identidad humana y sobre todo, porque en cada uno habita la divinidad. Entonces, ¡honremos!
¡Bendiciones!
“Ante un imprevisto enfrentamiento, debo tener bien a punto y afiladas mis mejores armas: la educación y el respeto”. Anónimo
miércoles, 22 de septiembre de 2010
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