lunes, 18 de mayo de 2009

Verdad

Están las verdades que expresamos a los otros y las que esperamos de los otros. Verdades vinculadas al quehacer diario, a lo que la gente piensa, siente y hace.

Pero en este expresar y esperar verdades, hay verdades que se ocultan o se dicen a medias pensando que con ello se hace lo mejor por alguien o para no lastimar a ese alguien.

Como también muchas verdades no son dichas por miedo, por ignorancia, por intriga. O para sacar ventajas, obtener aprobación, eludir responsabilidades, pagar favores, cubrir mentiras o acciones delictivas.

En cualquiera de esos casos se acumula una carga de falsedad ya sea por omisión, aprensión, maldad, provecho, haciendo que el tránsito de vida se realice con cierta dificultad.

Las verdades tienen un medio misterioso de revelarse y en muchas ocasiones esconderlas sólo separa a la gente. Exponerlas puede, entre otros hechos, evitar: confusión en los sentimientos de otros, perder confianza y credibilidad, socavar la autoestima y la probidad.

Cada quien debe analizar su vida cotidiana e identificar los temores que pudieran estar llevándole a una conducta que lo distancia de las verdades. Entonces, consciente de tales miedos podrá reflexionar respecto al bien que le hará manifestar las verdades; lo conveniente para consigo mismo y en su relación con los demás.

También está la Verdad. La que muchos dicen haber encontrado en las creencias de su religión. La que en su nombre la raza humana ha provocado y provoca abominables actos inhumanos, ha ejecutado y ejecuta horrendos crímenes.

Culturas de civilizaciones enteras han sido saqueadas, destruidas. Seres humanos quemados, torturados, exterminados, marginados, ignorados por buscar vertientes diferentes para develar y proyectar la Verdad.

“Esta Verdad no es lo que nos da certeza. No es lo que nos da profundidad. No es lo que nos hace mejores que los demás. No es lo que nos mantiene en la prisión de los prejuicios”, nos recuerda P. Coelho. La Verdad es lo que nos hace libres: “Conoceréis la Verdad, y la Verdad os liberará”, dijo el Maestro Jesús.

Y porque muchos todavía se creen propietarios de “verdades absolutas”, hoy, desgraciadamente, se continúa utilizando la altanería o brutales métodos para imponerlas.

Todo lo escrito o dicho está sujeto a interpretación y puede haber tantas interpretaciones distintas como mentes humanas existan. Pero ninguna enseñanza, ningún texto moral, ningún mensaje de unidad y amor debe servir como base para vituperar, aniquilar, reprimir, excluir; ninguno debe ser interpretado para justificar la crueldad. ¡Ninguno!

Cada persona tiene la facultad de conocer en sí misma la Verdad porque está contenida en el espíritu, que es la esencia del ser humano.

La voz del Mahatma Gandhi lo señala así: “La Verdad es totalmente interior. No hay que buscarla fuera de nosotros ni querer realizarla luchando con violencia con enemigos exteriores”.

Nos falta humildad para conocer la Verdad y decir las verdades.

Sin Verdad no hay paz. Toda verdad manifestada, aunque sea pequeña, es luz. Y la oscuridad nunca sobrevive donde hay luz.

¡Bendiciones!

“Dios mío, líbrame de la cobardía que no osa enfrentarse a nuevas verdades, de la pereza que se contenta con verdades a medias, de la arrogancia que piensa que tiene en la boca todas las verdades”. Oración de Kenia.