miércoles, 28 de enero de 2009

Humanidad

Desde su nacimiento el ser humano necesita de otros para la supervivencia y el desarrollo de su vida. La interacción que efectúa tiene como fundamento la conexión del espíritu, y, como anteriormente referimos, su Humanidad es el canal del mismo.

La sinergia de la espiritualidad y la humanidad resulta la receta correcta y firme para crear relaciones humanas genuinas.

La humanidad utiliza la espiritualidad como ariete para abrir senderos de entendimiento y poder lidiar y obtener soluciones a las distintas situaciones del vivir, porque ésta actúa como un interruptor de luz, pero más rápido.

Cuando la humanidad es permeable a las manifestaciones del espíritu, sus actos tienen declaraciones redentoras, evolutivas, gloriosas, porque el espíritu separa al individuo de la mezquindad, de la indiferencia, de la habladuría, de la suposición, de el resentimiento.

“Ser uno mismo la medida de lo que se puede hacer por otros, ésa es la virtud de humanidad”, nos señala el Maestro.

Al estar consciente de la supremacía de la esencia divina del ser, se facilita la capacidad exponencial del espíritu, entonces, de forma natural se puede ofrecer amor, bondad, comprensión, solidaridad, compasión, amabilidad, generosidad, aceptación, verdad.

La humanidad es el formidable conducto para la expresión espiritual, y es el medio que permite experimentar el proceso evolutivo del ser humano.

De hecho, las acciones de bien que realiza la parte humana del individuo son una espléndida epifanía de espiritualidad.

El reto diario de la raza humana ha de ser elevar la conciencia sobre la imperiosa necesidad que tiene de desplazar su ego, la personalidad, para ejercitarse en los principios que validan la verdadera condición humana.

Inicie el desarrollo de la “virtud de humanidad”. Haga posible que su maravillosa vida cumpla su misión evolutiva. Eso es imperdible. !Entrénese¡

El acto volitivo de su espíritu conducirá sus pasos.

¡Bendiciones¡

“Firme, resuelto, sencillo y reflexivo: así es quien está próximo a la virtud de humanidad”. Confucio