En los últimos tiempos, a nivel mundial se escucha hablar acerca de la corrupción con tanta frecuencia que si repetir el tema fuese la medicina, ya la corrupción hubiese sido abolida.
El término “corrupción” tiene como uno de sus sinónimos la deshonestidad, que significa: falta de honestidad, de ética, de rectitud y de honradez.
El Diccionario de la Lengua Española entre las definiciones que ofrece para la palabra corrupción la especifica como soborno, abuso, vicio, alteración, y en las organizaciones […] práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores.
Con base en tales definiciones queda claro que constituyen actos de corrupción brindar prebendas a los hijos para lograr la preferencia de ellos, mentir para pagar menos por recibir un servicio público, aceptar dádivas por alabar o censurar a alguien, fijar sobreprecio a una mercancía y ejercer de Celestina.
También son actuaciones corruptas involucrarse en una supuesta relación afectiva para obtener riqueza o satisfacer las apariencias, traficar con la influencia, explotar al subalterno, sobornar al necesitado, conceder privilegios por nombradía.
De manera similar es corrupción abusar de los estudiantes en la escuela, de los trabajadores en el centro laboral o de las personas en cualquier grupo social, así como, utilizar los recursos del Estado para provecho personal o evadir el pago de los impuestos exactos.
En síntesis, especular, faltar a la honestidad, renunciar a la integridad, hurtar, abusar, engañar, son actos de corrupción, porque como dice Frank Herbert “La corrupción lleva infinitos disfraces”.
Entonces, de acuerdo a lo antes explicado, al hacer una aplicación justa del término se puede colegir que son pocas las personas no corruptas porque toda actitud deshonesta es corrupción. Esta aplicación es igual a quien hurta poco o mucho y se convierte en ladrón, aunque sea un niño que sustrae a otro un lápiz o la merienda.
Es sabido que diversos son los factores que involucran la corrupción. Los estudios sociológicos, los manifiestos conceptuales y las acciones punitivas propinadas al corrupto sirven como medios para impedir el comportamiento corruptivo o para reformarlo. Sin embargo, entendemos este proceder como un resultado primario de fallas en la crianza, en el ejemplo en el hogar y en la poca vigilancia del entorno y de los vínculos.
Este tema tan perjudicial debe tratarse con seriedad, fortaleciendo la conducta personal consciente, basada en principios y en valores positivos familiares y sociales que induzcan a la acción correcta; así será menos probable que las carencias y las influencias del ambiente, alteren el modo de conducirse.
El adulto tiene el deber de examinar sus actuaciones para determinar si está incurriendo en actos de corrupción que afectan su vida e impactan la de otros, en especial la de los menores.
Ciertamente cuesta mucho ver la paja en el ojo propio; es fácil disculpar las particulares actitudes de este tipo, pero por nimias que sean hay que reflexionar acerca de ellas y corregirlas. Acusar a otros de algo que también se hace, no es una postura honesta.
La dimensión del hecho corrupto no es solo lo censurable; especialmente lo es la falta de integridad del individuo frente a su responsabilidad de actuar apropiadamente y dar ejemplo de bien, porque la conducta corrupta no tiene justificación por alguna facilidad o costumbre que se tenga, ni por la laxitud de los controles, ni por los permisos sociales.
Aunque la corrupción tiene magnitud global, se debe iniciar suprimiendo la individual. Hay que llevar la verborrea anticorrupción a la actuación personal. Esta es una adecuada forma de comenzar a resolver esta grave problemática social.
¡Bendiciones!
“El hombre superior es el que no dice lo que hay que hacer sin antes haberlo hecho él mismo”. Confucio
lunes, 21 de noviembre de 2011
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