Una de las palabras más utilizadas en la actualidad es “Reflexionar”. Posiblemente el hecho está motivado porque ya se hace difícil ocultar que debido a sus desenfrenos, la humanidad desarrolla la vida con un alto contenido diario de irracionalidades.
Falta atender la advertencia del Buda al decir: “Reflexiona cuidadosamente antes de actuar”.
Cuando la reflexión se excluye de la ecuación en el vivir se dificulta el ejercicio espiritual, la metafísica de estar vivos, y no hay muro de contención para la insensatez, la insensibilidad, la incomprensión y el caos.
En el momento que no se reflexiona, se tiene la propensión a: precipitarse en juzgar, pensar de forma temerosa o negativa, experimentar sentimientos contaminados, tocar la zona vulnerable de alguien, tomar decisiones erráticas y, por consiguiente, obrar de manera equivocada.
En su práctica, reflexionar no es un concepto que se limita a los temas religiosos, filosóficos o morales; es un acto que en el silencio puede llevar a la profundidad interior para explorar y conocer la naturaleza del propio ser.
Por medio de la reflexión se puede eliminar las ideas preconcebidas y darle paso a la flexibilidad y a la aceptación; reformular planes para hacer más asequibles los aciertos; suprimir los prejuicios reconociendo la unidad en la espiritualidad; eludir la tendencia a manejarse con los absolutos descubriendo muchas imprecisiones en la ruta mental; admitir los yerros para corregir el proceder perjudicial en la interacción con otros y elevar el nivel de comprensión hacia los demás.
Reflexionar allana la búsqueda de respuestas existenciales, aproxima a la verdadera esencia del ser y a la auténtica identidad humana. Restablece la ecuanimidad, el pensamiento y acción prudentes posibilitando cualquier proceso de crecimiento humano con paz interna, entendimiento y coraje.
Reflexionar es un aspecto vital en el desarrollo personal, y es un puntal en la acción transformadora. Por eso, todo aprendizaje debe hacerse reflexionando, si así no se hiciese sería malgastar energía, como asegura Confucio.
Hay que reflexionar para mejorar todo lo que influye en el actuar propio en razón de que éste, debe ser resultado de la reflexión.
Es preciso reflexionar para observar lo que ocurre en uno mismo y en el entorno, para generarse nuevos espacios mentales y emocionales, y también para obsequiarse plenitud y serenidad.
La humanidad tiene el reto de cultivar y mantener una actitud reflexiva, puesto que cada acto particular tiene consecuencias que afectan el universo personal y colectivo.
Por fortuna, se cuenta con la herencia de mensajes y enseñanzas de Maestros y sabios que favorecen nuestras reflexiones diarias.
¡Bendiciones!
“La reflexión clamada y tranquila desenreda todos los nudos”. H. MacMillan
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