La espiritualidad es una habilidad para la vida. La respuesta materna y paterna de educación completa al niño y a la niña, deberá ser a partir del aspecto espiritual hacia lo humano y lo social.
El desarrollo pleno del ser humano incluye ser educado desde pequeño en la práctica del silencio, para que pueda escuchar su guía interior que le permite crecer con conciencia de sí mismo y le capacita para poder elegir. Y también como un medio fértil para la imaginación y para la creatividad. Es una lección espiritual que no será enseñada. El/la niño/a aprenderá por sí mismo sobre la reflexión, la meditación contemplativa, el autocontrol.
Para todo ser humano el sentimiento de seguridad es una necesidad primaria. Desde su niñez debe sentirse cómodo en su entorno; sentir que, sin miedo, puede ser lo que él/ella es, expresando su peculiar identidad.
Hay que educar en la verdad, la aceptación y el no juzgar. Enseñe a su niño/a que la verdad tiene una cualidad espiritual, que es su mejor aliada y que le hará sentirse bien. Háblele sobre la diversidad para que comprenda lo provechoso de la aceptación y evite hacer juicios valorativos. El ejercicio de estas lecciones le favorecerá en su trato con los demás.
Siempre que se le exprese en un lenguaje adecuado, un niño o una niña entenderá cuando se le diga sobre sus dones y el potencial que tiene para crear lo que desee en su propia vida; la importancia de realizar las metas que sean valiosas para él/ella y le produzcan bienestar; la conveniencia de los valores positivos, la satisfacción de hacer lo correcto y el aprecio a su libertad. Esto robustecerá su autoestima y alentará sus sueños.
La mente infantil debe protegerse de ideas preconcebidas o conclusiones previstas. Educar incentivando a adoptar el estado de la mente que no está limitada, que está abierta a todas las posibilidades. Animar al infante a indagar y a aprender involucrando el amor por lo que hace; así dilatará su sentido creativo y disfrutará más los resultados.
Como la sexualidad tiene una función relevante en la vida humana, la labor formativa debe atender la curiosidad natural del párvulo evitando despertarle un interés morboso. Y en cada etapa de su desarrollo, ofrecerle las informaciones y explicaciones pertinentes.
La crianza del niño y la niña debe abarcar los buenos modales y las actividades culturales. La música tranquiliza, agiliza el proceso de crecimiento y amplía sus relaciones humanas. De igual manera, le es beneficioso la lectura, los deportes, la pintura, la poesía, el teatro.
En la medida que el/la infante crece la confianza y el respeto que se le demuestre por su percepción personal y su discernimiento, le generan un profundo impacto. Con ello se logra fortalecer su independencia de criterio, sin dejar de comunicarle las ideas que le resulten útiles para encarar el cómo son las cuestiones de la vida.
El padre y la madre con pensamientos y sentimientos positivos y estimulantes les hacen fácil a su hijo e hija expandir su fuerza interior, su autonomía y su sensibilidad, con la mente y el cuerpo en armonía. Y les motivan el imprescindible entusiasmo e inspiración para disfrutar su expresión espiritual en cualquier faceta de su vida.
La comprensión, el amor, la confianza, la comunicación, el tiempo compartido, conjuntamente con la enseñanza ética, no tienen reemplazos en la formación del individuo. Esta forma de educar no va a caducar porque su contenido es de provecho personal y social.
Una generación educada a través de los principios espirituales, como reflejo de su crianza, dará una respuesta voluntaria, correcta y verdadera, rechazando las experimentaciones temerarias, las instigaciones antimorales, la presión del grupo.
El método formativo completo debe estar en consonancia con el ser humano a quien se acompaña a expandir su potencial, para que logre una actitud consciente, equilibrada, sensible, reflexiva, liberal, creativa, positiva, íntegra, feliz.
Y algo muy importante a tener presente: como humano, como adulto, como padre y madre o tutor, su ejemplo para el niño y la niña, será una lección mucho más eficaz que la palabra. Eso es parte de la perspectiva espiritual.
¡Bendiciones!
“Dar a luz y nutrir, tener sin poseer, obrar sin expectativas, guiar sin intentar controlar: he aquí la virtud suprema”. Tao Te King
martes, 31 de marzo de 2009
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