martes, 22 de enero de 2008

La improductividad de los conflictos (1 de 2)

Como metáfora en este tema nos sirve un proverbio chino que señala: “El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero sólo el necio se queda sentado en él”.

Los conflictos son parecidos al hormiguero. El ser humano les dio inicio con su propia existencia. Y las razones continúan siendo las mismas: supervivencia, coerción, sometimiento, deseos de posesión, de poder y de gloria.

Para obtener conciencia sobre la improductividad de los conflictos, los milenios transcurridos no han sido suficientes.

Constantemente se escenifican estos infaustos episodios. Individuos, grupos, comunidades, libran batallas por la incapacidad de manejar con serenidad hasta sencillas divergencias.

De manera activa o pasiva hay para quienes los brotes de violencia y agresividad, forman parte de su cotidianidad. Disparos permanentes del mecanismo normal del control social.

Aficionados a ellos viven abriendo y cerrando capítulos de conflictos. Nutriendo el ego en detrimento del bienestar. Y acostumbrados a esas erupciones, en ocasiones pierden el sentido de proporción de tales reacciones.

Este comportamiento de la persona afecta todo lo que esté en su campo de gravedad: familia, pareja, amistades, trabajo y diversión.

Muchos establecen ventajas de dominación, convirtiéndose en verdaderos tsunamis humanos. Otros, optan por intercambiar respuestas similares, o fingir estar cediendo, o se resignan a vivir la pesadilla, en vez de arreglar un conflicto.

¿Qué le parece? ¿Cree que tales actitudes llevan a los participantes a alguna parte?... ¡Claro que no! Los siglos de historias sobre eventos personales, nacionales, mundiales evidencian que solamente crean y quedan atrapados en un espiral de silencio, resentimiento, violencia, indeferencia, venganza y agresión.

¿Acaso es la forma de vivir que alguien en verdad quiere?... ...

Si usted se encuentra envuelto en cualquier tipo de conflicto, por su bienestar, ¡piense en las consecuencias! Para reflexionar sobre esto, sobran los ejemplos.

Continuará...

¡Bendiciones!

“Quien no se corrige a sí mismo, no podrá poner orden en su casa”. Confucio (Ta-hio VIII, 3)