En todas las épocas la humanidad ha vivido situaciones difíciles, pero ahora por los sucesos cotidianos parece que está tocando el fondo de la desesperación, de la violencia, de la corrupción.
Son tiempos de incertidumbre, de confusiones, de indefiniciones. Se ha hecho frecuente vivir cotidianamente con intranquilidad. Esta realidad es un punto de inflexión que redibuja la supervivencia humana, y para muchos el horizonte en nada luce auspicioso porque continúan cumpliéndose las Profecías.
Peor aún, sabiendo que el temor es un factor común en el ser humano, el sistema mediático, en sus diversas modalidades, comercializa con dicha condición y la utiliza para manejar la población. Diariamente reproduce información negativa que unas veces responde a la verdad de los hechos, otras veces es magnificada y otras tantas inventada.
El miedo, como debilita, atrapa e intoxica y crea la rutina de buscar y rebuscar la “noticia” de día relacionada con lo mismo que se dijo antes sobre: delincuencia, violación, degeneración, inseguridad, mentira, especulación, difamación. Semejantes eventos son materia prima deseada por quienes saben que el pesimismo es semilla del fracaso y que sembrarlo contribuye con el cumplimiento de las predicciones negativas.
Los comentarios sobre tales actos ocupan un primer plano en los medios informativos, igualmente, en las pláticas entre familiares, amigos y vecinos, en las conversaciones de los individuos en las calles y en los centros recreativos y laborales, convirtiendo esos acontecimientos en protagonistas sociales.
Algunos textos egipcios, la Biblia, el Corán, el Código Maya, los Indios Hopi, Nostradamus, Mamá Shipton, Alois Irlmaier, Benjamín Solari y otros más, en sus referencias futuristas revelan posibles episodios desastrosos para la humanidad, si ésta no cambia la ruta autodestructiva que está recorriendo.
Aunque el terreno de la desesperanza es fértil y tiene eficientes sembradores que cada día merman el optimismo y el estímulo, los vaticinios expresados por las fuentes antes indicadas, han debido y deben ser un motivo para modificar el camino, porque si acerca del mañana algo se sabe es un error de insensatos, egoístas y soberbios no tomar en cuenta las advertencias.
Puede parecer improbable combatir el infortunio y el escepticismo; para sanear al mundo hay que enfrentar considerables obstrucciones.
Puede parecer que los desaciertos estén borrando el horizonte vital del ser humano y éste camina a merced de las circunstancias por la vía advertidamente preestablecida.
Pero, ¿por qué no escuchar lo prevenido y alterar el rumbo?... ¿Por qué no retar la visión de cataclismo?... ¿Por qué no confiar en la capacidad humana de redención?...
Creemos, que a pesar de las complejidades de la vida, una buena parte de la humanidad se niega a aceptar un mundo que no tenga un porvenir mejor.
Ciertamente el cambio no ocurrirá de la noche a la mañana. Pero, poco importa la inmensidad de la tarea cuando esta se sostiene en una cosmovisión avalada por la utopía.
Para muchos, el hombre ha tocado el fondo, está a la deriva; sin embargo, no son menos los convencidos de que ahora es la oportunidad para reavivar la acción y la confianza en lo que ha de venir.
Continuará…
¡Bendiciones!
“Por muy larga que sea la tormenta, el Sol siempre vuelve a brillar entre las nubes” K. Gibrán
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