En la entrega anterior señalamos la significación que
ahora se le otorga al tema de la educación en la competencia productiva. Sin
embargo, no se ha establecido ni un mínimo de requerimiento para que los padres
y las madres eduquen mejor a los hijos.
Quizás un proponente consciente pueda formular un
planteamiento para que se legisle en favor de la implementación de un programa
educativo materno-paterno que fortalezca dos aspectos fundamentales en
la educación doméstica. A saber.
Legislar para:
I. Establecer
actividades de aprendizaje indispensables para padres y madres, enfocadas en
los temas:
Ø Comunicación
Ø Confianza
Ø Respeto,
Cortesía
Ø Integridad
II. Instituir
el servicio comunitario- mandatorio y voluntario- para padres, madres e hijos.
La motivación sería la siguiente:
1. Reafirmar
en los padres y en las madres, los principios, los valores positivos y la
importancia del ejemplo que deben ofrecer a sus hijos y a sus hijas, para
inducirlos a desarrollar con probidad sus propias vidas, basadas en estos
elementos.
2. incrementar
en sí mismos y en sus hijos, a través de la práctica del servicio voluntario,
la sensibilidad humana y social, y desarrollar la empatía y la solidaridad. Así
se obtendrá gratificación existencial y se contribuirá con el bien común.
3. Impulsar
la reforma de la familia para que sea nutritiva, vinculante y participativa, y
cumpla con el rol de carácter humano y social que le corresponde.
Entendemos que para concretar la aspiración de mejorar
la sociedad, debe iniciarse con acciones orientadas al mejoramiento de la base
de esta que es la familia y de manera primaria por quienes la erigen: con el
hombre y la mujer.
Esto no se hace por el poder político. Esto es sobre
lo que se debe hacer por el poder del país. Por esta razón, la intencionalidad
de una legislación es evidentemente humana en el mejor y más alto sentido de la
palabra, ante una situación que desborda la capacidad de los estamentos directivos de cualquier
comunidad.
¡Bendiciones!
“Antes de iniciar la labor
de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa”.
Proverbio chino