Sin distinción racial, educativa, de edad, cultural, social o económica, cuando, conciente o inconcientemente, decidimos tener hijos/as, concomitantemente elegimos desarrollar parte de nuestro potencial realizando una tarea de similar importancia a la del propio crecimiento espiritual y personal: la formación de un ser humano en sus cuerpos mental, emocional y físico.
Tal elección se convierte entonces, en una misión. Y aún no hay labor más relevante, compleja, audaz y gratificante que esa.
Queremos hijos/as “buenos/as, inteligentes y sanos/as”. Pero…y ellos, ¿qué quieren? ¿Acaso conocemos lo que acontece en su mundo interior, pensamientos y sentimientos, o sea: percepciones, expectativas, aspiraciones, ideales, cuestionamientos, dudas, sus conceptos sobre la vida y los adultos?
¿En verdad tratamos de conocerlos/as lo suficientemente como para cultivar una relación productiva, y formar individuos sensibles y comprometidos consigo y con la sociedad?
¿Cuándo y cómo iniciamos las acciones para conocer a la persona más importante para nosotros, después de nosotros mismos?
Son seres con todas las capacidades a desarrollar; tienen deseos elementales y generales: Estructura, respeto, comunicación, afectividad incondicional, reglas claras, disciplina, confianza, límites, verdad, tiempo, libertad gradual, compromiso.
¿Es tan difícil ofrecerles eso?... no cuesta nada y tiene el más alto valor. ¿No será que se hace mayor esfuerzo para suministrarles bienes materiales que atención al desarrollo espiritual, mental y emocional? Ayudarles a tener una vida “mejor” es una intención legítima, sólo hay que estar claro en qué es lo “mejor” y cómo brindárselo.
Realizar la tarea de madre-padre es un camino de crecimiento paralelo y recíproco con los/as hijos/as. Cada quien en el cumplimiento de su rol.
Ejercer la maternidad-paternidad es mucho más que un cargo; es una misión connatural al ser humano e imprescindible en la sociedad global.
En el momento actual es apremiante buscar, familiarizarse y estrechar los nexos con los/as hijos/as. Fundamentalmente a través de los afectos, el desarrollo de la conciencia y los valores espirituales y humanos.
Este es el motivo para, en la siguiente y última entrega sobre este tema, compartir algunas sugerencias que podrían facilitar el propósito común de contribuir con la formación de miembros funcionales para la sociedad.
Continuará…
¡Bendiciones!
lunes, 13 de agosto de 2007
Suscribirse a:
Entradas (Atom)