lunes, 13 de agosto de 2007

Madre, Padre… ¡qué misión! (2 de 3)

Sin distinción racial, educativa, de edad, cultural, social o económica, cuando, conciente o inconcientemente, decidimos tener hijos/as, concomitantemente elegimos desarrollar parte de nuestro potencial realizando una tarea de similar importancia a la del propio crecimiento espiritual y personal: la formación de un ser humano en sus cuerpos mental, emocional y físico.

Tal elección se convierte entonces, en una misión. Y aún no hay labor más relevante, compleja, audaz y gratificante que esa.

Queremos hijos/as “buenos/as, inteligentes y sanos/as”. Pero…y ellos, ¿qué quieren? ¿Acaso conocemos lo que acontece en su mundo interior, pensamientos y sentimientos, o sea: percepciones, expectativas, aspiraciones, ideales, cuestionamientos, dudas, sus conceptos sobre la vida y los adultos?

¿En verdad tratamos de conocerlos/as lo suficientemente como para cultivar una relación productiva, y formar individuos sensibles y comprometidos consigo y con la sociedad?

¿Cuándo y cómo iniciamos las acciones para conocer a la persona más importante para nosotros, después de nosotros mismos?

Son seres con todas las capacidades a desarrollar; tienen deseos elementales y generales: Estructura, respeto, comunicación, afectividad incondicional, reglas claras, disciplina, confianza, límites, verdad, tiempo, libertad gradual, compromiso.

¿Es tan difícil ofrecerles eso?... no cuesta nada y tiene el más alto valor. ¿No será que se hace mayor esfuerzo para suministrarles bienes materiales que atención al desarrollo espiritual, mental y emocional? Ayudarles a tener una vida “mejor” es una intención legítima, sólo hay que estar claro en qué es lo “mejor” y cómo brindárselo.

Realizar la tarea de madre-padre es un camino de crecimiento paralelo y recíproco con los/as hijos/as. Cada quien en el cumplimiento de su rol.

Ejercer la maternidad-paternidad es mucho más que un cargo; es una misión connatural al ser humano e imprescindible en la sociedad global.

En el momento actual es apremiante buscar, familiarizarse y estrechar los nexos con los/as hijos/as. Fundamentalmente a través de los afectos, el desarrollo de la conciencia y los valores espirituales y humanos.

Este es el motivo para, en la siguiente y última entrega sobre este tema, compartir algunas sugerencias que podrían facilitar el propósito común de contribuir con la formación de miembros funcionales para la sociedad.

Continuará…

¡Bendiciones!