lunes, 19 de abril de 2010

Empatía

La sabiduría tolteca señala, que para comprender al prójimo se debe calzar sus zapatos por siete lunas, siete ciclos lunares. O sea, colocarse en el lugar de ese alguien para poder captar su universo personal mental y afectivo.

Tal enseñanza está sintetizada en el término moderno: Empatía. Habilidad considerada como un factor interpersonal en la Inteligencia Emocional, ofrecida por medio de la comunicación y la conducta.

La empatía, es una preciada destreza que debe ser estimulada y reafirmada desde el ámbito del hogar porque se fundamenta en el desarrollo de una sana aptitud emocional, psicológica, y en el conocimiento de sí mismo.

Impulsar el desarrollo de la conciencia y alentar la expresión de los sentimientos, es una misión que cumplirán los padres con sus hijos a partir de sus propias respuestas empáticas con estos y de la correspondencia que tengan con las emociones de ellos. Y la colaboración y el ejemplo que les brinden para que desplieguen la capacidad de conmoverse por el sentir de otros, se torna vital.

Aprender a revelar los sentimientos constituye una destreza social fundamental. Por eso, el ser humano que restringe la manifestación de sus emociones, se sitúa en una precaria posición para relacionarse con los demás por la posible escalada de peligrosa indiferencia que pueda mostrar frente a lo que sienten sus semejantes.

Comprender, percibir las sensaciones y las necesidades e interesarse en las inquietudes y deseos ajenos amplía el entendimiento de la naturaleza humana y las complejidades de la interacción.

Por el poder que tienen las emociones, cuando la empatía es aprendida y practicada de forma desprendida permite evolucionar con mayor facilidad en los aspectos humanos que influyen en lograr una conexión más profunda con los otros.

Una conducta empática resulta ser una excelente aliada para la convivencia armónica, el desempeño profesional, la conquista de posiciones laborales y sociales, en razón de que esta encierra la expresión de valiosos dones particulares del individuo.

La persona empática revela sensibilidad, generosidad, compasión, compenetración, amabilidad, calidez, receptividad, sociabilidad. Privilegia un mejor entendimiento con los de su especie al obsequiar atención a cualquiera que sean las señales de comunicación de estos, estimando sus emociones y brindándoles una clara exposición de interés altruista.

Como las relaciones humanas están conformadas por contenidos verbales, gestuales, posturas, intensidad y tono de voz, disposición y otras exteriorizaciones, contribuye con el ejercicio de la empatía: escuchar, percibir, afirmar, intuir, preguntar; alejarse de la indolencia, de la suposición negativa, de los prejuicios, de las ideas preconcebidas.

También, para tal fin, hacer lectura cauta de las demostraciones recibidas del otro y una interpretación efectiva de sus silencios abre ventanas para ver más allá de las propias perspectivas o de lo aparentemente evidente; así se puede descubrir las necesidades subyacentes a los pensamientos y sentimientos que este haya declarado verbalmente.

El proceder con empatía conlleva garantías de gratificación existencial. Percatarse y comprender las emociones, las creencias y las carencias de otros es ganancioso como aprendizaje y experiencia para ambas partes.

Si usted quiere optimizar su relación con los demás, practique la empatía con ellos. Escúcheles, aprécieles, aliénteles, sírvales, afírmeles, ayúdeles; usted se sentirá retribuido con una vinculación que excederá las circunstancias. ¡Compruébelo!

¡Bendiciones!

“Prestar atención, sensibilizarse, donarse…” Jo.

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