¡Hoy es un día de suerte para usted!
¡Qué bueno es escuchar esa expresión, verdad?
Por la información existente, sabemos que desde el período primitivo hasta la era actual el ser humano trata de conocer la “Suerte” usando métodos adivinatorios, como también de influenciarla por medio de rituales que, incluso, incluyen sacrificios humanos.
Los conceptos y las definiciones acerca de la Suerte son variados; la discrepancia continúa siendo amplia, pero la generalidad de la gente cotidianamente habla de la suerte aunque sus interpretaciones sean distintas. Y tanto en el Oriente como en el Occidente, las personas siguen procurando conocer la suerte que les tocará en los diferentes momentos de sus vidas.
La suerte es considerada, entre otras, como un dictamen divino, como una consecuencia de acciones pasadas, causa y efecto de esas acciones, denominado karma, como un resultado mediado por la preparación y el esfuerzo o lograda como lo hacen los aludidos por Baltasar Gracián al decir: “Otros, {…}, entran por esa puerta y utilizan una audacia razonable que, junto a su virtud y valor, pueden alcanzar la buena suerte y obtener sus beneficios”.
El diario vivir evidencia que los planes pueden ser modificados por la casualidad o por la causalidad, y filósofos y científicos entienden que todo está sujeto al azar. Entonces, la suerte se entiende como la energía externa que no puede ser controlada y que se expresa en todos los acontecimientos del ser humano deseados o no deseados, súbitos o sucesivos.
La suerte niega lo que se ansía o satisface las expectativas o sorprendentemente las supera o concede lo contrario a lo que se espera. Por eso, es clasificada como “buena o mala”, dependiendo de las circunstancias que viva cada uno.
Buena fortuna si piensa que el suceso le favorece, mala fortuna si no lo aprecia así. Éxito, dinero, salud, posición, posesiones, alegría, bienestar, son fruto de la buena suerte. Fracaso, enfermedad, carencia, tristeza, malestar, son producto de la mala suerte.
La gente espera que le deseen suerte o simplemente la solicita. Es constante el anhelo de tener suerte en los estudios, en el deporte, en el negocio, en el matrimonio, con los hijos, en el viaje, en el trabajo y por supuesto, también en el juego.
Por lo tanto, créase o no en la suerte, o más allá de cualquier opinión sobre la misma, sirve la observación del Li Ze cuando señala que si estamos dispuestos a aceptar que la suerte desempeña un papel en nuestra vida, seremos menos pretenciosos respecto al éxito y nos decepcionaremos menos en los casos de infortunio.
Asimismo, nos aconseja que, puesto que no tenemos control sobre las circunstancias externas, lo único que podemos hacer es controlar nuestras reacciones ante ello. Y advierte que el mundo no gira a nuestro alrededor. Al igual que todo lo demás, somos sólo una parte del desarrollo de los acontecimientos.
Esto significa que, además de tomar en cuenta el conocimiento, la determinación, el esfuerzo, la planificación, el cuidado y cualquier otro elemento que minimice una posible contingencia, importa estar conscientes de que en ningún caso se puede controlar los eventos externos, y que se debe, pues, aprender a manejar el resultado que se obtenga.
En fin, como usted valora la suerte, de la manera que la entienda, nosotros le deseamos que en sus propósitos de bien tenga… ¡buena suerte!
¡Bendiciones!
“Los antiguos decían que las formas en que suceden las cosas son ilimitadas e incognoscibles. Siguiendo las leyes del cielo y de la tierra, los ciclos del cambio, libres e incesantes, llegan por sí mismos. El cielo, la tierra y todas las cosas no pueden ir contra el orden natural”. Lie Ze
martes, 19 de julio de 2011
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