miércoles, 28 de noviembre de 2007

Camino de aprendizaje (1 de 2)

Nacer. Vivir. Morir.

Infalible proceso de la existencia.

El vivir es la jornada temporal que implica aprender.

Temprano en el tiempo se manifiesta el deseo de conocer, indagar, instruirse. Un aprendizaje que no termina. “En este camino siempre estáis partiendo”, observa el Maestro.

Se emprende la marcha sin manuales, sin mapas, sin rutas conocidas. Con un catálogo de preguntas; y pocas respuestas indicadas.

Palabras, silencios y ejemplos para reflexionar en el camino.

De equipaje, el inimaginable potencial espiritual y humano; para su aprovechamiento. Pero esto equivale a tener 5 años y 5,000 millones... ¡Qué disyuntiva! ¿Sabrá el/la niño/a cómo comenzar a utilizarlos?

Entonces, el infortunio no son las dificultades en el aprendizaje, sino el no saber qué hacer con las potencialidades. Y eso es, definitivamente diferente.

Tal situación suscita que, irremediablemente, tratando de aprender el ser humano efectúe actos evolutivos y no evolutivos; los denominados: buenos y malos; positivos y negativos; equivocaciones y desatinos.

Las etapas del aprendizaje son análogas a las edades: infancia, juventud, madurez y vejez.

Aprender es estar dispuesto a: pensar, preguntar, escuchar, observar, reflexionar, decantar. Con ese fin, se recurre a los diálogos internos para acceder a la intuición; al conocimiento y la experiencia de otros que servirán de referencia; y a la clara lección de variedad y coexistencia de la naturaleza.

El ejercicio de estas acciones, en todos los aspectos y niveles, es individual. De hecho, nadie puede evitar o proteger a alguien del noviciado; porque nadie vive las experiencias por otro.

Para aprender cualquier cosa, ya sea conducir su vida o en las tareas productivas, debe entender los principios de todo cuanto quiera practicar. Si no entiende lo que está haciendo, la forma de actuar no ha de ser fiable. Además, simultáneamente debe comprender que el conocimiento es el precursor de la acción, pero la acción no es necesariamente la precursora del conocimiento.

En este singular proyecto el sujeto es libretista, protagonista y espectador de su obra.

Las personas en quienes se confía pueden ser soportes para descubrir capacidades, definir objetivos de vida, en las crisis evolutivas y en las batallas con los talentos hasta hacer las paces con el destino. Esto se obtendrá con la firme decisión y actitud de escuchar, pero sobre todo de recibir.

La instrucción incluye conocerse a sí mismo, amar, perdonar, cerrar ciclos, establecer principios, expandir la conciencia, entrenar la paciencia, subordinar el ego, disolver los apegos. Superar contiendas entre criterios, percepciones e inseguridades. Definir prioridades, tomar decisiones y asumir las consecuencias.

En la fase de aprendiz el historial señalará desaciertos, confusiones, dudas, indecisiones e imprecisiones, Posteriormente, reseñará los logros, satisfacciones y méritos. Primero: frutos de principiante; luego: resultados de veteranía.

La fuerza y el acto volitivo del espíritu son los hilos conductores de un aprendizaje evolutivo. Proporcionan certezas para delinear los pasos.

Continuará...

¡Bendiciones!

“Acércate a la luz de las cosas, deja que la naturaleza sea tu maestra”. W. Wordsworth