martes, 12 de julio de 2011

Bondad

La Bondad, al ser la virtud que refleja la esencia de la humanidad del individuo, su inclinación natural a hacer el bien, puede ser considerada epítome de las buenas actitudes del ser humano hacia sí mismo y hacia los demás.

Universalmente valorada, la práctica de tal virtud tiene la posibilidad de liberar a la persona de las enseñanzas inútiles que reniegan de la bondad humana, y de ciertas tendencias de la sociedad de dar preferencia a actuaciones hipócritas o de adulación, porque muchos la simulan hablando de doctrinas, pontificando sobre múltiples teorías, ocultando la incapacidad de exteriorizar la verdadera bondad.

También, el desconocimiento del potencial de la Bondad conduce a juzgarla como una debilidad. Por eso, otros se reprimen en ejercitarla y se la pasan creándose trampas dentro de sí mismos como forma de protegerse para que nadie los lastime por ser bondadosos.

La bondad es un patrimonio humano. Es catalizadora de profundas transformaciones. Derriba la hostilidad, la desconfianza, la indolencia. Facilita la comunicación, la aceptación de las diferencias, la comprensión; alienta, tranquiliza, además, es buena para motivar y lograr cambios de actitud. Y como dice Henri Lacordaire “…es lo que refleja la grandeza del alma humana… y es lo que mejor desarma a los hombres”.

La persona bondadosa tiene una impronta discernible. Muestra con espontaneidad la solidaridad, la generosidad, la afectividad. Incluso, es alegre, entusiasta, flexible, positiva, confiada. Brinda su bondad sin difundirla, hace posible el bien por la mejor de las razones: ninguna razón, y el propio acto de ofrecerla es su gratificación.

Hay que abrir el corazón para transitar por la ruta de la bondad y aprender a ofrecerla.

Hay que confiar en la bondad de los demás para fortalecerla.

Hay que transmitir las bondades de la Bondad, porque es un deber hacerlo.

Hay que instalar su práctica en la conciencia colectiva para contribuir con la valoración de la auténtica condición humana.

¡Bendiciones!

“No conozco ningún otro signo de excelsitud que la bondad” L.v. Beethoven