viernes, 18 de septiembre de 2009

Madurez

Es grato observar en el ser humano el proceso de madurez, cuando va desarrollando la confianza en sí mismo y va aprendiendo a ser reflexivo, a consultar sobre sus conceptos y sus dudas, a tomar sus decisiones, a actuar en consonancia con su potencial de bien, y a rotular su camino paso a paso.

Sin embargo, es penoso si el individuo supone que puede realizar tal proceso optando por descalificar o rechazar el conocimiento y las vivencias de los otros presumiendo autosuficiencia; y muchas veces, desplegando también una agresividad selectiva, generalmente con la familia porque ese núcleo social le consiente, le es condescendiente.

Algunos creen tener manifestaciones de madurez liberando brutalidad; eligen escenarios para efectuar sus debates con gestos de desprecio, con voz imperativa o con una imaginaria superioridad confundiendo ésta con el miedo y la inseguridad; arremeten contra quienes no comulgan con sus “ideales” descargando rabia y hostilidad; profiriendo palabras soeces y caústicas; procuran demostrar que tienen "pensamientos particulares” y consideran que el disgusto que les provoca la disensión de otro con ellos, les da derecho a insultarle.

Dado que estas personas desconocen la prudencia, con facilidad sucumben a impropias experimentaciones sexuales, alcohólicas, de drogadicción y demás, viviendo su singular interpretación iconoclasta de la madurez.

En múltiples ocasiones esta actitud expresa un cúmulo de enojo y resentimiento por hechos del pasado o por episodios que la persona continúa pasando y que le impactan de manera significativa. Pero aun así, pretender mostrar que se ha crecido lastimando a alguien y excluyendo ponderar la intención, los argumentos, el conocimiento y la experiencia válidos de ese alguien, en ningún caso es un signo de sensatez.

La madurez no es resultado de la actitud punitiva y para lograrla tampoco se hacen necesarios ciertos atavismos de otra época. Si el ser humano quiere beneficiarse del aprendizaje que le permite la suma de sus años, debe tener en cuenta que la importancia que tiene su experiencia, sea feliz o dolorosa, es lo que hace con ella, cómo la aplica, hacia cuál tipo de conducta le lleva.

Las primeras expresiones en el proceso auténtico de madurez se evidencian con la determinación del individuo de aprender a pensar y a manejar sus emociones sin fingimiento, sin construirse distintas versiones de sí mismo; cuando este se responsabiliza de sus acciones sin excusarse por lo vivido o por las situaciones del presente; cuando su respuesta va más allá de la edad, de la escolaridad, de lo laboral o de lo circunstancial.

La gente interactúa porque por ese medio evoluciona reflexionando, aprendiendo, aceptando, diferenciando; creando su forma de vivir sin dejar fuera la sana convivencia con los demás.

En las diferentes fases de la madurez el individuo busca información y absorbe conocimiento; aprende a confiar en sí mismo y en otros, a exponer sus conceptos, su visión general del mundo y sus asuntos; conforma su sistema de creencias y sus valores positivos, para lo cual le puede servir el ejemplo familiar; define su carácter; puede nutrirse sabiendo sobre situaciones superadas por otros; gana independencia, y muchos logros más.

Por eso, en tal proceso la persona precisa, fundamentalmente, de las figuras materna y paterna, y también tiene importancia en el mismo los mentores. Todos ellos le pueden facilitar a él/ella examinar sus nociones de la vida que entiende que son volátiles, confusas, difusas; le ayudan a elevar su nivel de conciencia y seguridad, a desarrollar su pensamiento y sus capacidades; e igualmente, pueden formularle señalamientos provechosos para minimizar las posibles consecuencias infortunadas de sus decisiones y de sus acciones.

La autarquía y el apego yacen en los extremos; hay que buscar el equilibrio a través del buen juicio. El Maestro nos orienta de esta manera: “Si uno aprende de otro pero no piensa, andará desorientado. Si, por el contrario, piensa pero no aprende de otros, estará en peligro”.

La sensatez es un activo intangible; facilita que el individuo sea más consciente, articulado, flexible, sensible y centrado para asumir la responsabilidad de su propia vida.

¡Bendiciones!

“No se trata de ira, se trata de paz. No se trata de poder, se trata de gracia. No se trata de reconocer tu enemigo, se trata de conocerte a ti mismo”. El Monje