La humanidad persiste en un difícil predicamento. Entre las desgracias más estremecedoras que vive la raza humana, la venganza se coloca en un sitial de vergonzosa preeminencia. Este sentimiento es una de las actitudes que más ralentiza la evolución del individuo.
Razones personales, familiares, económicas, religiosas, políticas continúan generando niveles de crueldad impredecibles que conmocionan la sociedad y escriben atroces capítulos en la historia particular y en la colectiva.
Por lo general la venganza es una conducta destructiva porque tiene componentes de odio, envidia, dolor, rabia, miedo, soberbia, iniquidad, orgullo.
La persona vengativa trata de justificar su actitud apoyándose en un estado irreflexivo; no escucha consejo ni motivos para abandonar tal objetivo. En innumerables casos experimenta una vesania tan desproporcionada que pierde el juicio y asume una posición completamente demencial, como la venganza y la locura exhibidas por Shakespeare en Hamlet.
Fuerte impacto también sufren las naciones con las funestas determinaciones de los gobernantes insensibles, avasallantes, ambiciosos, que toman venganza contra otras sin ponderar conscientemente la magnitud de las consecuencias de esos actos.
Aunque los motivos de las venganzas son incalculables, todas son irracionales y dolorosas. Crean un espiral de rencor que a su vez genera más venganza y lleva a recorrer una senda de pesar por la fatal decisión, y de temor de ser víctima, porque cuando se pierde la cordura se pisa la propia trampa.
La venganza ocasiona perturbaciones mentales, emocionales y físicas; pérdidas de vidas humanas, de energía, de tiempo, de recursos materiales; suprime puentes de entendimiento y provoca enemistad.
Es preciso eliminar la venganza como método punitivo o de desagravio. Nada que impulse el odio y la venganza favorece la evolución y el bienestar del individuo.
Buscar catarsis a través de la meditación y de la reflexión, obtener orientación escuchando razonamientos conscientes, aprender a manejar adecuadamente las emociones u obtener ayuda terapéutica, son algunos de los medios para no ceder a las actitudes negativas y tóxicas como es la venganza.
Tomar venganza y recuperarse son procesos opuestos. Reconciliarse consigo mismo realizando una profunda introspección, abrirse a la comunicación y al perdón para restañar heridas es tarea difícil; pero necesaria.
Y, ¡por Dios! hay que dejar de considerar a Dios como un vengador e invocarlo para justificar la crueldad hacia los otros!
¡Bendiciones!
“La venganza solo sirve para eternizar las enemistades en el mundo; el placer fútil que nos causa, va siempre seguido de eternos arrepentimientos”. P.H. d´Holbach
miércoles, 29 de febrero de 2012
Suscribirse a:
Entradas (Atom)