Como canal de manifestación del Amor, igual que la Divinidad Creadora, la pareja, la familia, los hijos /as y la patria, también lo es la Amistad. Es una valiosa fuente de confianza y afectividad ilimitada. A ella nos referiremos luego, en una entrega especial.
Por la particular característica de ofrenda incondicional en las diversas vías de expresión, el Amor, inequívocamente, muestra su carácter universal
A pesar de la poderosa influencia que tiene en las relaciones humanas, muchos aún no se han percatado de su importancia. Una parte de la humanidad se distrae efectuando acciones separatistas o egoístas, indiferentes a las reales urgencias del colectivo humano.
Sin embargo, otra lo erige en el mágico instrumento de unificación. Lo convierte en bandera y lo siembra en los distintos escenarios de la vida. Siendo la única empresa global que logra resultados indefectiblemente beneficiosos e igualitarios para todos sus participantes.
Aunque con un enfoque económico, sobre la riqueza invisible que aportan, ejemplos de actos que se desprenden de postulados de Amor hace mención “La Revolución de la Riqueza” de A. Tofller, citando datos como estos:
“Los voluntarios de diversos países ofrecen sus servicios gratuitos: Austria, Canadá, Finlandia, Portugal, Alemania, Sudáfrica y otros. En Japón el Equipo de Emergencias y asociaciones locales de voluntarios los brindan dentro y fuera del país. En Italia ayudan a atender a pacientes con cáncer y trabajan en hospicios.
110 millones en Estados Unidos dedican tiempo semanal a realizar trabajo voluntario no remunerado...15,500 millones de horas sirviendo comidas, cuidando a enfermos, recaudando fondos, haciendo recados. En Corea del Sur 6.5 millones de residentes proporcionan ayuda en las inundaciones, construyen hogares y enseñan a refugiados a adaptarse.
Tras el tsunami de diciembre 2004, la afluencia de ayuda voluntaria fue desbordante. Llegaron de todas partes del mundo. Gratis, pusieron sus capacidades al servicio del bien común. La Cruz Roja y la Media Luna afirman tener 105 millones de voluntarios en 178 países. Envían médicos, enfermeras, maestros, agrónomos y otros especialistas por todo el planeta; sumando aficionados que se registran en momentos de crisis.
Todos los días, en todo el mundo, innumerables voluntarios se dirigen a escuelas, iglesias, mezquitas, sinagogas, hospitales, parques o centros comunitarios para prestar servicios gratuitos. Otros recogen compras de alimentos para algún vecino o acompañan al médico a un familiar enfermo. Asimismo, voluntarios y usuarios de Internet efectúan tareas gratuitas: científicas, filosóficas, culturales, tecnológicas, en investigaciones espaciales, de enfermedades, el cambio climático... ...”
Tales ejemplos ratifican que el Amor significa compasión, generosidad y solidaridad. Revelan que no se precisa de conveniencias personales para ponerlo de manifiesto; ni hay que conocer a quien se le brinda. Que para expandirlo, las líneas divisorias son inexistentes.
Por la particular característica de ofrenda incondicional en las diversas vías de expresión, el Amor, inequívocamente, muestra su carácter universal
A pesar de la poderosa influencia que tiene en las relaciones humanas, muchos aún no se han percatado de su importancia. Una parte de la humanidad se distrae efectuando acciones separatistas o egoístas, indiferentes a las reales urgencias del colectivo humano.
Sin embargo, otra lo erige en el mágico instrumento de unificación. Lo convierte en bandera y lo siembra en los distintos escenarios de la vida. Siendo la única empresa global que logra resultados indefectiblemente beneficiosos e igualitarios para todos sus participantes.
Aunque con un enfoque económico, sobre la riqueza invisible que aportan, ejemplos de actos que se desprenden de postulados de Amor hace mención “La Revolución de la Riqueza” de A. Tofller, citando datos como estos:
“Los voluntarios de diversos países ofrecen sus servicios gratuitos: Austria, Canadá, Finlandia, Portugal, Alemania, Sudáfrica y otros. En Japón el Equipo de Emergencias y asociaciones locales de voluntarios los brindan dentro y fuera del país. En Italia ayudan a atender a pacientes con cáncer y trabajan en hospicios.
110 millones en Estados Unidos dedican tiempo semanal a realizar trabajo voluntario no remunerado...15,500 millones de horas sirviendo comidas, cuidando a enfermos, recaudando fondos, haciendo recados. En Corea del Sur 6.5 millones de residentes proporcionan ayuda en las inundaciones, construyen hogares y enseñan a refugiados a adaptarse.
Tras el tsunami de diciembre 2004, la afluencia de ayuda voluntaria fue desbordante. Llegaron de todas partes del mundo. Gratis, pusieron sus capacidades al servicio del bien común. La Cruz Roja y la Media Luna afirman tener 105 millones de voluntarios en 178 países. Envían médicos, enfermeras, maestros, agrónomos y otros especialistas por todo el planeta; sumando aficionados que se registran en momentos de crisis.
Todos los días, en todo el mundo, innumerables voluntarios se dirigen a escuelas, iglesias, mezquitas, sinagogas, hospitales, parques o centros comunitarios para prestar servicios gratuitos. Otros recogen compras de alimentos para algún vecino o acompañan al médico a un familiar enfermo. Asimismo, voluntarios y usuarios de Internet efectúan tareas gratuitas: científicas, filosóficas, culturales, tecnológicas, en investigaciones espaciales, de enfermedades, el cambio climático... ...”
Tales ejemplos ratifican que el Amor significa compasión, generosidad y solidaridad. Revelan que no se precisa de conveniencias personales para ponerlo de manifiesto; ni hay que conocer a quien se le brinda. Que para expandirlo, las líneas divisorias son inexistentes.
Se puede decir, recurriendo a la exégesis filosófica, que la práctica del Amor Universal proporciona una especie de complacencia budista. Capaz de enseñar la futilidad del vivir frente a la negativa de reducir el egoísmo al enanismo.
La ocurrencia extendida de su ejercicio habrá de galvanizar la humanidad en torno a desarrollar una cultura signada por el Amor al prójimo. Para fortalecer y cumplir los derechos y deberes igualmente universales.
Queremos pensar que el concepto “globalización” también tiene una cosmovisión profunda acerca de la orientación de la humanidad en el propósito de lograr unidad de comportamiento en el Amor.
Queremos pensar, fervientemente, en la posibilidad de que, de algún modo, cada ser humano alberga el sueño de hacer efectiva la proclama, en versos, de la Novena Sinfonía de Beethoven:
“!Alegría! ...
... ¡Oh celestes!
Tu poder une otra vez lo que las costumbres han separado.
Todos los hombres se tornan hermanos,
allí donde se cierne tan dulce ala.
¡Abrazaos, millones de seres! ... Mundo ¿presientes al Creador?
¡Búscalo sobre la bóveda estrellada! ¡Encima de las estrellas!
¡Allí debe estar “Su morada”!
¡Bendiciones!