La violencia es una problemática ancestral, y su incremento día a día estremece la sociedad global. Nuevas generaciones y métodos para ejercer maltrato, sufrimiento, represión, abuso, muerte, desatan el infierno en hogares, en la calle, en sitios laborales y de diversión, en los templos, en la escuela y en cualquier rincón; esparcida ésta en todo el Planeta.
La humanidad vive un difícil predicamento por su propia insensatez. Exiguo es el avance hacia la paz.
Intensificada, causando en muchos casos un impredecible impacto personal y social, la violencia continúa siendo utilizada como instrumento para manifestar el egoísmo, el miedo, el odio, el enojo, el dolor, la coerción, la inseguridad, la avaricia. Escalofríos provocan las vivencias y las noticias diarias.
Transformada en la mayor epidemia mundial, la agresión abarca todas las esferas de la especie humana ejercida de lo pasivo a lo activo, teniendo como víctimas y/o victimarios a niños, adolescentes, jóvenes y mayores; expresada de forma silente o a través de la palabra, la indiferencia, el gesto, la acción; ocasiona daño psicológico, físico, moral.
Violencia doméstica, de género, sexual, cotidiana, política, socio-económica, cultural, delincuencial; contra el semejante, el medio ambiente y hacia sí mismo; presente en las relaciones personales y entre grupos humanos, en canciones, literatura, juegos, películas, comedia, ficción y, además, es resaltada en todos los medios de difusión.
Violencia generada también por el fundamentalismo, el sectarismo, la alienación. Porque hay quienes todavía continúan justificándola para imponer creencias, autoridad o crear virtud. Esta se mantiene como patrón de conducta de las naciones que se decantan por las acciones sangrientas con el fin de ampliar sus negocios armamentistas e instaurar su injerencia y poderío, y se enardecen cuando sus raíces guerreras avasallan a otras.
Por lo tanto, vale preguntarse, ¿cómo puede una persona, grupo o país vivir, fomentar o atraer la violencia sin ser víctima de ella?... “Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego”, sentencia Mahatma Gandhi.
La violencia es un tema sobre el cual, de manera impostergable, la raza humana debe reflexionar y actuar decididamente para solucionarlo.
“La humanidad no puede liberarse de la violencia más que por medio de la no violencia”; es una sabia observación que también hizo Gandhi.
La sensibilidad debe ser recuperada en el plano individual para hacerla innegociable a nivel general; porque, aun con la complejidad que muchas veces tal decisión implica, esta es la opción personal que contribuye a frenar el espiral de agresión en el ambiente de cada quien y, sin dudas, repercute favorablemente en la sociedad.
El ser humano debe sanar su mente y sus emociones, responsabilizarse de su expansión espiritual y su crecimiento particular para ofrecerse, y ofrecer a los otros, lo mejor de sí mismo.
Hay que suprimir el discurso personal, político y social que defiende cualquier tipo de violencia.
La agresión atenta contra la salud completa del ser humano, le ralentiza la evolución y puede desvanecer sus aspiraciones de felicidad y paz.
Es ineludible aglutinarse en agenciar resoluciones efectivas para abolir esta ignominia antes de ver sucumbir de forma irreversible la población humana.
Conscientemente, debe justipreciarse la humanidad. Por el propio bien y el de los demás, la persona tiene que dejar de tratar con distancia emocional esta crítica situación.
¡Bendiciones!
“La violencia jamás resuelve los conflictos, ni siquiera disminuye sus consecuencias dramáticas” Juan Pablo II
martes, 13 de abril de 2010
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