Recurrimos a la metáfora para presentar esta reflexión activando la imaginación.
El ser humano, nace en un estado perfecto. Pero, sorpresiva y prontamente advierte que a su alrededor tiene una especie de arquitectos y constructores que pasan la mayor parte del tiempo diseñando y edificando lo que se constituye en verdaderos agobios en el vivir; aprovechan los espacios existenciales para construir con sus pensamientos y actitudes todo lo que limita, oprime, agota, cansa.
Citemos algunos ejemplos como ilustración.
Agobian, los hechos insensibles, abusivos y crueles de los padres y de las madres; la irresponsabilidad del servidor, la ineficiencia del frustrado educador, la aplicación del poder coercitivo y la información limitante del comunicador negativo.
Apesadumbra, el andamiaje de las adiciones al consumismo, a la exageración de posesiones, a la ostentación sin medida, a la acumulación de “cosas” y al ejercicio de los vicios.
También, cansan las estructuras de las posturas falsas, de la persistente intolerancia, de la arrogancia por el rango, de la pedantería de la erudición, del habitual pesimismo, de la indolencia enmascarada y de la violencia disculpada.
Agota, todo lo que se edifique con la ausencia de alegría, el exceso de palabrería, la utilización de la mordacidad, el protagonismo de la superficialidad, la poca práctica de la flexibilidad, la incivilidad incrementada y la insensatez agravada.
Otras de las construcciones humanas que, en mucho, agobian, lo son el aumento del irrespeto, las discriminaciones racial y social, el orgullo y los prejuicios, la disimulada agresión doméstica, el decoro en decadencia y el tráfico de influencia. Igual de fatigante es lidiar con el engaño, con el egoísmo, con la adulación y con la fingida devoción.
Estos modelos de obras conductuales que resultan agobiantes, nos hacen reflexionar respecto a la necesidad del ser humano de derribar tales muros optando por las actitudes opuestas a las antes descritas, para crear un medio merecidamente despejado de esta clase de pensamientos y comportamientos.
Es preciso, pues, librarse del peso energético de los diseños y las construcciones contaminadas que día a día levantan y refuerzan ese tipo de paredes en el hábitat existencial. Evitar, que el espacio de todos continúe siendo fabricado por la irracionalidad y la arbitrariedad.
Por la salud personal y social, cada quien debe asumir conscientemente su cuota de responsabilidad efectuando tareas de refacción o desmantelamiento, dedicándose a cribar los materiales apropiados para erigir un mundo libre de las indicadas construcciones, que tenga como sólido cimiento principios y valores humanos universales y se constituya en la mejor y más segura morada comunal… con el menor agobio posible.
Con un buen talante particular, y apelando a la conciencia colectiva, hay que derrumbar desde sus bases las edificaciones que enrarecen el ambiente bloqueando el panorama de la verdadera naturaleza humana.
Desde lo particular a lo general, hay que sustituir con el propio mejoramiento las construcciones mentales y conductuales que obstaculizan la concreción de la afectividad, la verdad, la justicia, la integridad, la reciprocidad, la aceptación, la colaboración.
Hay que acondicionar el terreno personal y social y construir la residencia que albergue a la humanidad identificada con los objetivos de globalización del bien común, y cohesionada en los esfuerzos para alcanzarlos
Que nuestros pensamientos y nuestras acciones diarias muestren un diseño y una ejecutoria que pongan de manifiesto los dones que tenemos para realizar una epifanía constructiva de creatividad, prosperidad, armonía y paz.
¡Bendiciones!
“Cuando se libera lo que agobia, se crea felicidad”. Jo
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