martes, 29 de diciembre de 2009
La plegaria
Desde tiempos inmemorables, otras maneras de entrar en contacto con la Divinidad las constituyen los cantos, el baile y las alabanzas; los rituales no verbales, ceremoniales basados en el silencio, los gestos reverenciales, la adopción de ciertas posturas corporales y la quietud mantenida en ellas. Como también, los mantras y las afirmaciones.
Recursos distintos se utilizan para efectuar los ritos: campanas, velas, incienso, lecturas de textos religiosos, ofrendas de animales, bebidas, flores, frutas, y el uso de vestimentas especiales.
Con la plegaria se clama, por ejemplo, por los vivos, los enfermos y los muertos; para pedir la materialización de deseos particulares, la resolución de determinadas situaciones conflictivas, la posibilidad en el bien obrar o cumplir una responsabilidad contraída.
Unas personas hacen de sus preces, cánticos o afirmativas un ejercicio diario; pero otras, recurren a esto solamente cuando se les evidencia su impotencia para resolver circunstancias difíciles, que de un modo u otro les atañen.
Con relación al presente tema, en dos aspectos importantes quiere hacer énfasis esta reflexión. El primero es que, cualquier súplica sincera es un hecho de humildad; una admisión de las limitaciones humanas, y una tácita declaración individual de confianza en la divinidad considerada con poder infinito para viabilizar los anhelos y los propósitos.
El segundo y más relevante aspecto es, estar conscientes de que el Poder Superior al cual se invoca, habita en uno mismo. No está separado, es el Espíritu; invisible a los ojos físicos pero es la esencia de todos y de todo. Por tal razón, sobre el concepto de la oración también debe reflexionarse. Las siguientes palabras de otros nos sirven de orientación respecto a esto. Veamos.
El Maestro Jesús, según Mateo 6,7, advierte: “Cuando recen no seáis palabreros, como los paganos que piensan que por mucho hablar serán más atendidos…". La Madre Teresa de Calcuta señala: “El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe…”. Un autor desconocido expresa: “La oración no se trata de pedir cosas, sino de comprender que no necesitas nada más que la presencia de Dios y descansar en esa morada…”; y Pedro Finkler, lo indica así: “El contemplativo trabaja, lee, pasea, viaja, hace compras, reza, visita a sus amigos, etc. Más, en el centro de sus actividades está siempre aquel sentimiento de íntima unión con Dios”.
Esto significa, pues, que cuando se reza no se trata de religión, lugar o artificio alguno; ni de listar rogativas, ni de una escena de santidad; o de un convencionalismo existencial o de una excusa para satisfacer un requisito social. Se trata, de entender que, como dice el autor desconocido: “Orar es un acto simple de colocación ante la presencia interna de lo Sagrado”.
Por eso, percibir la Presencia de Dios en usted y permitir y agradecer la manifestación del poder de esa Presencia en la cotidianidad suya, es la única imprecación absolutamente suficiente.
¡Bendiciones!
“La plegaria no es un entretenimiento ocioso... … es el instrumento más potente para la acción”. Mahatma Gandhi
martes, 22 de diciembre de 2009
Alegría
Pero, a mucha gente se le pasan los días en la espera de grandes sucesos para permitir alegrarse, o su propensión es ver la vida desde una perspectiva dramáticamente infeliz y pesarosa, o considera impropio catalogar las nimiedades como motivos para el buen humor.
Es ausencia de una clara conciencia en el individuo creer que precisa de hechos fuera de la cotidianidad, que le desaten el júbilo o la vitalidad. Eso evidencia una falta de reflexión sobre los argumentos que, como ser espiritual y humano, tiene para sentirse alegre. “El mundo está lleno de pequeñas alegrías; el arte consiste en saber distinguirlas”, asegura Li-Tai-Po.
Diversas causas pueden generar alegría, como cuando cesa el padecimiento de una fuerte tensión, por un problema considerado de difícil solución o por un intenso dolor; la originan también las expresiones afectivas, la autoestima, la comunicación o la presencia de un ser querido, un aumento salarial, concluir con éxito unos estudios o un proyecto empresarial.
Similar al entusiasmo, la alegría es un ingrediente de salud y en los logros, y percibirla no depende de tener cosas. Comprender la existencia como la vía de crecimiento, actuar con coherencia entre lo que se piensa y se hace, procurar tener una mente y un cuerpo sanos, reconocer la valía de su condición humana y apreciar los propios talentos sin compararse con nadie, centrarse en la gratitud y en el positivismo y actuar con humildad, son sólo algunas fuentes permanentes de legítima alegría
Dado que la alegría es tan habitual como el pesimismo, más vale prestar atención a todo lo positivo de nuestra vida, contar las bendiciones, y enfocarnos en agradecer cuanto tenemos. Anthony De Mello lo advierte así: “Sólo hay una razón por la que no experimentas alegría en este momento, y es que estás pensando, o te estás concentrando, en lo que no tienes…”. La alegría muestra un modo de mirar el mundo desde el plano de lo que en verdad se tiene y de lo que está bien.
Hay que potenciar las situaciones que resulten agradables para incrementar así el estado de ánimo, estimular la producción de endorfinas y liberarlas. Uno de los primeros pasos es aprender a disfrutar de las gratas vivencias aunque sean sencillas.
Entonces, permítase alegrarse con las afortunadas nimiedades de su vida. Apréstese a expandir alegría, hable de las suyas y compártalas con quienes ama y confía, disfrute quien usted es, no se sienta intimidado por las posesiones y poder de alguien y alégrese de la alegría de los otros. Además, recuerde que por muy pequeña que sea su alegría, ésta le rejuvenece.
Para finalizar esta reflexión, recurrimos a Mario Benedetti reproduciendo fragmentos de su hermoso poema a través del cual recomienda...
Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
Defender la alegría como un principio…
Defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias
Defender la alegría como un destino… como una certeza… como un derecho…
¡Bendiciones!
martes, 15 de diciembre de 2009
Humildad
El individuo tiene potencial espiritual infinito y de él le emana la confianza y la posibilidad de realización en su vida. Empero, también tiene limitaciones humanas y éstas le llevan a obrar con modestia para reconocerlas.
Numerosos son quienes solamente asocian la humildad con la pobreza, con la sumisión y hasta con el temor, y evaden referirse a ella para señalarla como sustituta imprescindible de su antónima la soberbia. Sin embargo, tanto la modestia como la soberbia pueden hallarse en el accionar de las personas sin distinción grupal alguna.
En el ser humano es tarea difícil despojarse de la presunción. Parece que se suman los que gustan de exhibir un ego inflado cuando reciben un poco de atención y halago; se conducen creyéndose superiores, mostrando necia ignorancia sobre la verdadera condición de su especie.
Renunciar a la petulancia no es fácil cuando se quiere mantener una postura altiva para ocultar debilidades, deficiencias o carencias. Igual no lo es para imponer conocimiento, creencia, fuerza; diferencia racial, social, laboral, económica o de nacionalidad, porque como advierte Ernesto Sábato:"Para ser humilde se necesita grandeza”.
La humildad está considerada virtud. Y tal aprecio, bien ganado lo tiene. Ella refleja el estado consciente del individuo de sus limitaciones humanas y del inevitable proceso de crecimiento que conlleva su fundamental misión de vida. Esta significa entender que uno mismo, al igual que los otros, no ha completado el proceso de evolución y, por tanto, no puede pretender ser modelo de perfección en ningún aspecto de la existencia humana.
Por ese motivo, resulta cuesta arriba completar el día sin una dosis de humildad en cada acto cotidiano; ya sea para aprender y enseñar, para dar y recibir, para escuchar y hablar, para disfrutar y sufrir.
Valiosa es la modestia en la reflexión y en la acción, en el ejercicio del poder, en el acceso al saber. También, para conocer la verdad y obtener sabiduría, conocerse a sí mismo, moldear el carácter, profesar una religión, ejercer una profesión, efectuar las pequeñas grandes obras o relacionarse con la parte humana de los demás.
La humildad no admite discriminación, descalificación, agresión. En ella se encuentra la calidez, la paciencia, la tolerancia. Los individuos tienden a acompañarla con gestos de aceptación, incluyentes y sonrientes.
La modestia no se propaga, sólo se experimenta con conciencia y se procede en consecuencia.
Hay que desarrollar la vida de humildad y una convivencia en ella; educar en la humildad y ofrecerla como lección a través del amor para coadyuvar a la unidad de la Humanidad.
¡Bendiciones!
“Cuanto más grandes somos en humildad, tanto más cerca estamos de la grandeza”. R. Tagore
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Energía: a favor/en contra
Se precisa entender el cómo opera la energía para evitar malgastarla, empleándola de forma improductiva tratando de lograr lo que se quiere con determinados métodos. El método más trillado es usar la energía “en contra” de los inconvenientes desde una posición particular o grupal. Veamos algunos ejemplos.
Quejarse “en contra” del control excesivo de la madre, del inaccesible temperamento del marido, o de las opiniones de los hijos. Indignarse “en contra” de las exigencias del empleador, de la necesidad de adulación, de la perjudicial permisividad al ciudadano o de la impunidad de múltiples delitos.
También, se suele protestar “en contra” del desempleo, de la carestía, del incorrecto manejo de la economía, de la violencia, de la corrupción, de la represión, de la crisis, y “en contra” de muchas cuestiones más.
Si se le concede predominio a las energías maleadas de enojo, venganza, represalia, pesimismo, indisposición, resentimiento o prejuicio éstas bloquean el alcance de la aspiración; porque la energía en esta condición no provoca transmutación.
Aquí, el punto de reflexión es, que para facilitar el objetivo debe aprenderse a gestionar la energía “a favor” del bien que se trata de lograr, ya que toda energía pura es sinónimo de poder creativo y transformador. Los evidentes resultados de un eficiente ejercicio de la Meditación, apoyan esta noción.
Para usar la energía “a favor” hay que invertir la forma en el pensar, en el sentir y en el actuar. Esto puede hacerse por medio del diálogo, de la concienciación, del pensamiento positivo, de la formulación de propuestas de soluciones; e igualmente, con la construcción de alternativas de situaciones y potenciando energía en concentraciones colectivas a favor de lo que se propugna. O sea, “a favor”: del cumplimiento de las leyes, del incremento de fuentes laborales, del acatamiento de las normas morales, de la libertad, y de todo lo demás.
Una conocida respuesta de la Madre Teresa de Calcuta refleja su comprensión de este tema. Al ser invitada a participar en una marcha en contra de la guerra, ella contestó: “Avíseme cuando organicen una a favor de la paz”.
Otra manera sencilla de entender este asunto es, observando la diferencia de lo que se obtiene cuando a alguien se le reclama por su conducta inapropiada solamente recalcándosela, o señalándosela pero al mismo tiempo resaltándole sus actitudes favorables.
Permanentemente el ser humano activa, utiliza y libera energía afectando todo lo que hace; entonces, debe aprender a emplearla para servir al fin, no para nutrir la dificultad; debe direccionar la energía pura “a favor” del bien anhelado, para así atraer el cambio deseado.
Además, usted sabe, y nosotros también, que en cualquier ocasión “es mejor encender una luz que maldecir la oscuridad”. ¿Verdad?
¡Bendiciones!
“Si uno se concentra en el bien, el mal cede”, Swami Devanand.
lunes, 30 de noviembre de 2009
Sinceridad
En cada caso el argumento habrá de ser resultado del cómo, porqué y cuándo se haya actuado con sinceridad.
Abundan para quienes su incapacidad de ser sinceros es patológica, y es inútil y artificioso sostener con ellos una interacción que pueda genuinamente contribuir con la claridad de cualquier situación que se debata.
Muchos respiran en atmósfera de arrogancia y arremeten contra los demás utilizando la sinceridad para obtener protagonismo. Como también hay quien lastima al prójimo con sus calumnias o proclama sinceridad liberando brutalidad y desprecio.
Otros son hábiles simuladores de lealtades y sentimientos; sacan ventaja al fingimiento y hay que descodificar el mensaje y las expresiones para hallar la verdad de lo que sienten.
Ciertamente, el disimulo puede facilitarle al individuo lograr objetivos, y más cuando él también puede manipular. Pero es poco probable que este alcance consistentes éxitos en función de la falsedad, sin que en determinado momento alguien devele la veracidad de lo que oculta o su propio malestar no le sofoque.
Tales actitudes traducen la acertada afirmación de Buda respecto a esto: "La sinceridad no es el privilegio de los que yacen en la servidumbre del odio y del deseo".
Posiblemente del qué se busque conseguir deviene la caracterización negativa que algunos le atribuyen a la sinceridad.
Los actos sinceros no son para agraviar al otro. Son para manifestar, desde una posición natural y prudente, lo que se piensa y se siente; sin sofisma ni hipocresía, de ahí procede el valor de la franqueza.
Por eso, para actuar con sinceridad debe tomarse en cuenta el respeto, la intención y la cautela, cuidando las palabras, el tono y el gesto que se emplea y atendiendo la finalidad, las circunstancias y el estado emocional del interlocutor. Y si la observación, la opinión o el comentario ha ser emitido es sobre una tercera persona, también debe vigilarse el propósito de eso; el cómo, porqué y cuándo se hace, es la medida de lo que uno mismo quiere recibir de los otros.
Esta es una más de las prácticas que deben iniciarse en el hogar; con el ejemplo de las figuras materna y paterna el hijo y la hija asimilarán la actitud sincera de la forma que les sea ofrecida por sus mayores.
La sinceridad fortalece los nexos personales y las relaciones humanas. Y cautiva cuando se cultiva con un sentido de humanidad y humildad.
¡Bendiciones!
“Las personas que se guían por la sinceridad y unos principios firmes tienen una gran influencia sobre aquellos que las rodean. -- Las personas se sienten atraídas de manera natural hacia ti y están deseosas de compartir tus ideas, procedentes del corazón. Al no intentar manipular ni dominar a los demás, éstos tienden a cooperar contigo de forma espontánea. Se dan cuenta de tu actitud desprendida y cálida y se sienten cómodos en tu compañía. -- Debes mantener un equilibrio natural entre sentimiento y pensamiento, entre corazón y cabeza” I Ching
jueves, 19 de noviembre de 2009
Música
La música nació con el universo, con la naturaleza y con la existencia humana y es considerada más que un lenguaje universal. Los antiguos tratados nos refieren sus beneficios; las distintas investigaciones sorprenden en sus resultados por la multiplicidad de sus aportes; y dado que sus respuestas emocionales dependen del tipo de música que se escuche, nuestro enfoque resalta la eufonía; no el “ruido”.
Los especialistas del tema le atribuyen a la música poder para disminuir el dolor y las tensiones y mejorar diversas funciones. Los efectos fisiológicos de la música actúan sobre el sistema nervioso, el circulatorio, el inmunitario y el cardio-respiratorio, y en el metabolismo. Incluso, es utilizada por obstetras en programas de estimulación temprana a partir de los tres meses de embarazo
Se ha comprobado que la música favorece el incremento de la energía; la producción de endorfinas, dopamina, acetilcolina y oxitocina que ocasionan alegría, optimismo, relajación, pensamientos y estados de amor y armonía. También destacan sus contribuciones en el aprendizaje, fortaleciendo el desarrollo del intelecto, propiciando la creatividad y depurando la sensibilidad.
En hospitales de países desarrollados se reconoce que la música es una de las terapias naturales más efectivas y hace posible la existencia de un departamento de Musicoterapia destinado a aplicarla como método eficaz en padecimientos mentales, emocionales y físicos; ayudando en pacientes recluidos, depresivos, de baja autoestima o abusados de manera psicológica y física.
Justificadas fueron las razones de Martín Lutero para afirmar: “En la tierra nada se presta tanto para alegrar al melancólico… para infundir coraje a los que desesperan, para enorgullecer al humilde y debilitar la envidia y el odio, como la música”.
En la publicidad, en el cine, en las festividades grupales o en las celebraciones nacionales se incorpora la música de forma usual; y en los gimnasios también lo hacen para efectuar determinados ejercicios.
La música es arte, afinación, cultura, inspiración, sensibilidad, creatividad, estética, diversidad; conecta, une, sana, educa, distiende, divierte; y es un privilegiado recurso de comunicación emocional, reflexiva, didáctica, social, sensual, de alabanzas, de clamor, de concienciación.
Por su contenido de información, su sublimidad armónica y su diáfano sonido una pieza musical puede ser considerada suprema.
La variedad de música creada por el ser humano es maravillosa. Presente en cada rincón de este Planeta, cada día nuevos ritmos, nuevas fusiones musicales nos asombran con sus mensajes de solidaridad, de amor, de paz, de poesía, de pasión en magníficos diálogos interculturales.
Nadie se resiste al éxtasis que pueden provocar ciertas composiciones interpretadas al piano, violín o flauta… o por un bongó.
Espiritual y religiosa como el Góspel y los cantos Gregorianos; folclóricas, como las estupendas de Brasil y de China; instrumentales como las baladas románticas y, por supuesto, la excepcional clásica, son ejemplos de buenas preferencias musicales.
Acuda a conciertos, aprenda a tocar un instrumento. Escuche música de distintos géneros y culturas.
Integrar a su cotidianidad los beneficios de la música de calidad puede mejorarle el día y también su vida.
¡Bendiciones!
“La música constituye una revelación más alta que ninguna filosofía” L.v. Beethoven
jueves, 12 de noviembre de 2009
El ejemplo
En el tema anterior nos referimos a la Familia como una organización social de orden natural cuya finalidad es cuidar y criar de manera personalizada al individuo en su desarrollo, especialmente en los primeros años de su vida.
La capacidad de raciocinio del ser humano se desarrolla gradualmente y las lecciones predicamentales penetran lentamente, mientras que la imagen recibida hace que la manera de actuar sea más determinante que las palabras.
En tal proceso la familia constituye el primer canal en educar por medio del ejemplo como norma, y los/as hijos/as terminan concretando la imagen de la madre y del padre sobre el cómo son ellos y no sobre cómo dicen ellos que hay que ser.
Por eso, cuando aún el razonamiento es inmaduro la divergencia entre el discurso y el ejemplo puede conducir al nihilismo, se puede experimentar frustración, llegar a cuestionarse la educación recibida y considerarla carente de valor.
Lo mismo sucede con cualquier otra ruta de educación, debe apoyarse en la coherencia para evitar que la dicotomía entre la teoría y la práctica cause distorsión en la capacidad comprensiva del receptor/a del mensaje.
Como el individuo es un conducto de ejemplo para otros, los valores positivos que quiere en los demás deben guardar correspondencia con los que muestra en su comportamiento, para dar el ejemplo. “El tipo más elevado de ser humano es el que obra antes de hablar, y profesa lo que practica”, afirma Confucio.
Muchos hábitos insanos y personas de vida no ejemplar convertidas en “modélicas” a través del mercadeo y la publicidad ejercen influencia en la conducta de niños/as, adolescentes y jóvenes. El mundo del consumismo, de la política o del espectáculo suele ser muestra de esto por el impacto que causan los escándalos de conductas lascivas; los actos de irresponsabilidad, corrupción, violencia; las relaciones inadecuadas, las adicciones…
Lo antes indicado deja claro que aunque se puede hacer con la propia vida lo que se quiera, no quiere decir que se deba, porque el ejemplo influye en todos los estamentos humanos, ya sea en las costumbres y los modales; en las decisiones particulares, en la convivencia de pareja y familiar; en la interacción con los amigos, en el centro laboral, de estudio o diversión.
La aspiración de alcanzar un Estado de Bienestar debe ser entendida y erigida sobre una sólida plataforma de valores positivos, expansivos a partir de la propia conducta ejemplar.
Madres y padres; dirigentes empresariales, comunitarios, eclesiásticos, profesionales, mediáticos; gobernantes, funcionarios, profesores, orientadores y demás educadores deben encauzar sus esfuerzos para que, inducido/a por el ejemplo del bien, el/la ciudadano/a pueda desarrollar mayor conciencia y sensibilidad humana; esto debe ser concebido como una simple respuesta de responsabilidad social individual.
El ejemplo no trata de impedir el respeto a la libertad de los demás y no pretende reproducir una segunda versión de sí mismo, sino ayudar a construir una única versión del otro.
La reconocida importancia del ejemplo viene dada por su eficacia respecto a otras formas de educación. Y, por supuesto, por el hecho de qué tanto camino ha despejado, las consecuencias, qué impronta ha marcado o qué tan transformador ha sido y ha significado tenerlo como punto de partida para transitar la propia vía.
Potenciar el ejemplo del bien aporta resultados de excepción. Persuadir por medio de él puede prevalecer de generación en generación, porque los educados de hoy serán los educadores del mañana y lo harán tal como han sido educados; éstos habrán de ser los multiplicadores de los valores positivos humanos y sociales.
¡Bendiciones!
“Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera”. A. Einstein
jueves, 5 de noviembre de 2009
La familia
Para definir la “familia” se han estimado los componentes sanguíneo, cultural, de carácter religioso y de índole civil, estableciéndose diferentes modalidades de ella. Nuclear, extensa, monoparental o adoptiva ejemplifican algunos de sus modelos.
Habitualmente el proyecto de pareja incluye la fundación de una familia, teniendo ésta la característica de ser el grupo humano que más predominio ejerce en el proceso de crecimiento del individuo, afectándolo positiva o negativamente y es quien, además, tiene la mayor responsabilidad en su bienestar primario.
Es cierto que en las diferentes etapas de la vida humana con frecuencia se reflejan secuelas de daños ocasionados en el ámbito familiar provenientes del maltrato físico, psicológico o moral o una mezcla de los tres; ausencia de uno de los progenitores; carencia afectiva y de comunicación; falta de apoyo, comprensión y estímulos; como también motivados por celos, si se manifiesta preferencia hacia uno de los integrantes, o generados por otras causas.
Sin embargo, en una familia, aun sea medianamente funcional, la contribución entre sus miembros puede ser amplia; el aprendizaje y el beneficio pueden ser recíprocos; sólo es necesario que todos/as estén conscientes de que la misma representa la primera escuela donde se imparten y se comparten lecciones fundamentales sobre el comportamiento y la interrelación humana.
La relación familiar puede enriquecer la vida de sus participantes por medio de la reflexión, el ejemplo, las buenas costumbres, la adopción de principios, valores y prácticas morales, el desarrollo de las potenciales espirituales y humanas.
Frente a cualquier avatar la familia puede aunarse y robustecerse en la experiencia; puede resultar ser un antídoto natural para las inquietudes internas y las presiones externas y constituirse en la Polaris por antonomasia porque en ella se debe ofrecer amor, guía, fortaleza, solidaridad, conciencia de unidad.
Al mencionado agrupo también le es provechoso compartir ideas referentes a temas sociales, religiosos, sexuales, políticos; disponer de tiempo juntos para vivir momentos de sano esparcimiento en el hogar, disfrutando la naturaleza o en cualquier centro de recreación; sin olvidar brindar servicio comunitario involucrándose así en el reino de la tolerancia, la generosidad y la compasión con otros.
En una dinámica familiar constructiva y gratificante para todos, la comunicación y la confianza tienen una función altamente relevante porque contribuyen a reforzar y fomentar los lazos afectivos, la armonía y la paz; igual que ejercitar las afirmaciones positivas y/o la oración en la forma que se escoja.
Cuando las personas edifican una familia con un concepto incluyente en base al vínculo espiritual y el reconocimiento de la condición humana, y cultivan las redes familiares, favorecen una cosmovisión acerca de la dirección de algunos en la concepción de hacer realidad una familia extendida, global, planetaria. Tal actitud ratifica la convicción del Mahatma Gandhi al decir: “Para una persona no violenta, todo el mundo es su familia”.
Hay que sustituir la sola “imagen” de familiaridad para establecer una verdadera familia que sea beneficiosa para sus participantes y para la sociedad. Ese es el logro que ningún otro éxito superará.
¡Bendiciones!
“El futuro depende, en gran parte, de la familia, lleva consigo el porvenir mismo de la sociedad; su papel especialísimo es el de contribuir eficazmente a un futuro de paz”. Juan Pablo II
miércoles, 28 de octubre de 2009
Dolor emocional
El dolor es un pesar paradójico, tiene el potencial para fortalecer la humanidad del individuo o para debilitársela; esto depende de si él/ella lo trata a través de su espiritualidad o de su personalidad, que es el ego. Entonces, como cada uno se permite que el dolor le afecte de forma distinta, el proceso para suprimirlo es distinto.
Corrientemente la gente siente dolor por las pérdidas, por el repudio, por el fracaso, por la infidelidad, por la separación, por la exclusión social, por el agravio; en las crisis evolucionistas que involucran duda, confusión, incomprensión o siente un dolor iracundo, por despecho, que le golpea de forma casi suicida pasando por profundas congojas, por episodios dramáticos, traumáticos, críticos.
Como las emociones del ser humano penetran en todos los niveles de su vida, permitirse experimentar un dolor de tal severidad a muchos los coloca en el borde del abismo y la desdicha personal; somatizando, enfermando su mente y su cuerpo, y en ocasiones, los conduce a atentar contra su vida y la de otros.
Por el dolor también se apela a la manipulación, a la reclusión, a la culpabilidad, a la negación, a la hostilidad; a darle al dolor que sienten una dirección de resentimiento y odio, o guardando la vesania con una conducta de fingido “estar bien”, lo cual sólo consigue empeorar esa condición.
Para redimir el dolor se debe iniciar la reflexión determinando el origen del mismo, porque, generalmente, este sentimiento se produce cuando lastiman nuestra personalidad. “El ser humano se ha falsamente identificado con una seudo-alma o ego. Cuando transfiere su sentido de identidad a su verdadero ser, su alma inmortal, descubre que todo dolor es irreal. Nunca más puede imaginarse un estado de dolor”; esta es una enseñanza del Maestro Yogananda.
Por medio de conocer y entender el hecho que ocasionó el dolor, es más fácil separarse del sufrimiento que de él proviene. Nadie debería sufrir el frío en vez de buscarse abrigo; aunque no con ello elimine el frío. “El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional”, afirma el Iluminado. En el proceso evolutivo del individuo, una parte esencial es cultivar el desapego al sufrimiento.
Al vivir esos eventos es recomendable acudir a la meditación, a la reflexión. También, sana la abierta manifestación del dolor, la comunicación verbal o escrita, el llanto; aceptar palabras aleccionadoras, detalles solidarios y la asistencia de un/a especialista. Estos recursos ayudan a lidiar y transmutar el dolor desde una perspectiva catártica de entendimiento, de perdón y de amor que restablece el equilibrio emocional y mental.
Aunque el dolor puede generar un aprendizaje y, además, en algunas circunstancias ser un elemento unificador en las relaciones humanas, es preciso que la persona evite desarrollar una adicción al dolor o lo exacerbe para obtener atención.
El Curso de Milagros señala: “Cada una de mis decisiones es escoger entre un lamento y un milagro”. Siendo usted el único que puede decidir hasta donde permite que el dolor le afecte y qué lugar en su vida le da a cualquier situación por muy dolorosa que esta sea, de usted depende elegir curarse, rehabilitarse y "dejar ir".
La transmutación del dolor, consciente y sana, repercute positivamente en el bienestar completo del individuo.
¡Bendiciones!
“El dolor tiene poder educativo; nos hace mejores… nos vuelve hacia nosotros mismos y nos persuade de que esta vida no es juego, sino un deber” C. Cantú
jueves, 22 de octubre de 2009
El Odio
Del universo emocional humano, el odio es un sentimiento nocivo e inútil para cualquiera de las partes que se permita experimentarlo.
En general, el odio está basado en el miedo y/o en el dolor y responde a una necesidad no satisfecha de tener, de controlar, de destruir a personas o a algo; a una sensación de impotencia frente a lo que considera situaciones de injusticia, amenaza o indiferencia; como también, a una falta de valoración positiva de sí mismo o de parte de otro, siendo múltiples e impredecibles sus formas de manifestación a través de las palabras, los gestos, las actitudes.
Cuando una persona le va abriendo espacio a la angustia, al miedo, a la aversión, al repudio, con relativa facilidad puede llegar a experimentar odio, y la progresión de la intensidad de éste paulatinamente le provoca la pérdida del equilibrio emocional. El incremento en el estrés mental causado por tal sentir, muchas veces degenera en condiciones somáticas que afectan de manera negativa la función de ciertos órganos vitales, pudiendo, además, metamorfosear y transformar a quien odia en el objeto de su propio odio
La dimensión del odio es impredecible porque puede constituirse en el motivo o el preludio de hechos de violencia, discriminación, venganza y muerte. El odio ha propiciado separaciones personales, tragedias familiares y grandes genocidios humanos.
De igual modo esta energía se reproduce cuando el individuo reacciona negativamente frente a las expresiones de odio de alguien hacia él, u odiándose a sí mismo.
El miedo y el dolor son emociones comunes en la especie humana y cada quien actúa en función de lo que siente. Entonces, es preciso comprender esos sentires en el otro y lo que se derive de ellos no asumirlo como algo personal contra uno.
Si la experiencia de odiar es hacia sí mismo, la persona deberá revisarse la autoestima y, sobre todo, los valores intrínsecos de su espíritu y de su particular humanidad. Nada justifica el despreciarse, porque el no amarnos o no sentirnos amados, e incluso si fuésemos odiados, es excedido por lo que verdaderamente somos; esta realidad supera en demasía nuestros juicios sobre sí mismos y los juicios de otros sobre nosotros.
Es necesario renunciar a creer en el odio como un recurso de autocompasión, solución, desahogo u obtención; suspender la contaminación de la energía y su uso para alimentar y difundir esa emoción dañina; cesar la construcción mental del odio y darle paso al aprecio y al respeto.
Sentirse bien y tener pensamientos y sentimientos negativos al mismo tiempo, no es compatible. Una conciencia de unicidad de espíritu y una humanidad sensible y elevada, manteniendo la autoestima sana, son antídotos eficaces para contrarrestar el odio.
Recurra al discernimiento. Con una disposición positiva aprenda y enseñe a desarticular el odio y ponga al descubierto sus puntos luminosos y los de los demás.
La decantación humana debe ser por la cimentación de un legado de amor, no de odio.
¡Bendiciones!
“El odio es un sentimiento que lleva a la extinción de los valores”. J. Ortega y Gasset
jueves, 15 de octubre de 2009
Inteligencia
Entre las diversas hipótesis sobre este asunto, como ilustración mencionamos la “Teoría Triáquica de la Inteligencia” (Analítica, Creativa y Práctica), la “Teoría de Las Inteligencias Múltiples” (Lingüística, Lógico-matemática, Espacial, Corporal-cinestésica o kinestésica, Musical, Interpersonal, Intrapersonal, Naturalista), la “Inteligencia Relacional y la Inteligencia Condicional” y la “Inteligencia Emocional”. Otras se refieren a las inteligencias: Competitiva, Financiera, de Negocios, y ciertos sexólogos/as hablan también de la Inteligencia Sexual.
Lo antes visto deja claro que se puede acceder a una cantidad significativa de información respecto a la inteligencia y sus vertientes y saber que, aunque casi siempre desarrolla sólo algunas de ellas, el ser humano podría tener todo ese potencial.
Sin recurrir a análisis especializados, comúnmente la gente define una “persona inteligente” en mayor o menor grado, asociándola al conocimiento, al éxito, a la autoridad y/o a las pertenencias materiales de esta.
Pero nuestra reflexión está basada en la actitud del ser humano respecto al uso que le da a su inteligencia; a la posibilidad de transformación que tiene si la utiliza de modo adecuado porque, infortunadamente, tanto la historia de la humanidad como la vida diaria nos muestran ejemplos de inteligencias preclaras empleadas para innumerables despropósitos.
Documentos y cotidianidad nos revelan de parte de quiénes el pasado o el presente cuentan con un despliegue de inteligencia puesta a disposición de la crueldad y el engaño; de quiénes cuenta con actitudes de agresión, de corrupción, de dominio, de abuso, de segregación, de intimidación; de quiénes fueron o son los diseños de “inteligentes” estrategias de inhumanidad e inmoralidad que aún nos mantienen en estado de absoluta perplejidad.
Entonces, de lo primero que debemos estar conscientes es que la inteligencia es mucho más que conocimiento, habilidad y fuerza. La función principal de la inteligencia humana es regir la conducta hacia un fin de bien para sí mismo y para los otros.
La manera en que un individuo se comporta en la sociedad manejando su inteligencia constituye una cuestión existencial vital.
Y es atinado tener presente que fundamentalmente se necesita sabiduría para disponer del conocimiento, capitalizar las fortalezas y orientar la inteligencia hacia buenas metas que logren incidir en las transformaciones positivas; para desarrollar el humanismo y para resistir las tentaciones del ego y de la ambición desmedida del poder y del aprovechamiento individual que resta legitimación a cualquier acción y preconiza el rechazo.
El devenir de la existencia humana también ha demostrado que la inteligencia no tiene la virtud de la taumaturgia, que por sí sola no ha sido suficiente para construir unidad y armonía e influenciar el entorno hacia causas de bien común.
Por tanto, representa un vigoroso cambio en los resultados de aplicación de la inteligencia comprender la importancia que tiene cuidar la finalidad en la utilización de esta facultad.
¡Bendiciones!
“Una de las funciones de la inteligencia es tener en cuenta los peligros de fiarse sólo de la inteligencia”. L. Mumford
jueves, 1 de octubre de 2009
Responsabilidad social
Entre otros usos se ha establecido la Responsabilidad Social Empresarial y la Corporativa; la Responsabilidad Social y Ética del Marketing; la Responsabilidad Social de la Publicidad, la de la Administración y la de los Administradores.
Tan diversas como son las aplicaciones de tal concepto, también lo son sus definiciones. Una de ellas lo describe como el compromiso u obligación que tiene el individuo consigo mismo, con otros como miembro de algún grupo y entre sí, y para la sociedad en su conjunto. Nuestra reflexión se basa en esta definición.
Consideramos que el ser humano desde sus primeros grados de madurez debe aprender a asumir conscientemente las consecuencias de sus decisiones y de sus actos relacionados con su vida personal y luego, de manera efectiva, podrá responder a los deberes con la familia como base de la sociedad, y a su comunidad.
Ahora bien, quiérase o no, toda persona que vive en sociedad contrae la obligación de responder por la repercusión del impacto positivo o negativo que ocasionan sus decisiones, sus acciones o sus omisiones, en cualquier contexto.
Como ser humano debe observar si sus actuaciones tienen la finalidad de cumplir el principal deber consigo mismo que es evolucionar; si estas se apoyan en su capacidad de bien, en su integridad y si mejoran las instituciones a las cuales él/ella se vincula. Nos orienta el imperativo de Inmanuel Kant respecto a este asunto: “Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia en la Tierra de una vida humana auténtica”.
Serán positivos para él mismo y para la sociedad los hechos del individuo fundamentados en sus principios, en la moral y en la ética. Como también lo será si obtiene conocimiento y desarrolla habilidades que le faciliten su inserción en los medios productivos, y si contribuye con un desempeño de calidad en cualquier profesión, oficio o tarea provechosa que realice. Igualmente será valiosa para la comunidad la respuesta de respeto y cuidado que brinde a su familia.
El individuo que guarde ese comportamiento tendrá conciencia para expandir su proceder responsable a otras dimensiones de la sociedad. Por ejemplo, ante el acatamiento de las normas y leyes organizacionales y públicas, ante los derechos de los demás de su especie, con el medio ambiente y con la entidad donde labore.
Se elude la responsabilidad social no sólo no respetando las reglas regulares de la sociedad u optando por una vida delictiva, sino también no efectuando las debidas acciones.
Como participante social, el ser humano debe cumplir su cuota de responsabilidad. Su accionar responsable es lo que hace posible la construcción, el mantenimiento y la transformación mejorada de una sociedad que sea inclusiva, que impulse la justicia y la prosperidad común para las presentes y futuras generaciones.
La ejecutoria racional y sensible del hombre y de la mujer de sus obligaciones personales y familiares y de su compromiso con el desarrollo de los contenidos sociales, liberará beneficios individuales y colectivos. Y la obra de cada quien constituirá su huella.
¡Bendiciones!
“Es tiempo de que cada uno de nosotros asuma su responsabilidad en la respuesta global a los desafíos mundiales”. B. Obama
jueves, 24 de septiembre de 2009
Esperanza
El individuo transita su camino de vida con la esperanza de vivir, de crecer, de aprender, de evolucionar, de amar, de dar, de tener, de conocer, de progresar, de superar, de sanar, de triunfar, y una extensa lista de “esperanzas de…”.
Esperanza en situaciones de felicidad, deseando que estas se mantengan; esperanza en situaciones de adversidad, deseando que estas se resuelvan. La cotidianidad transcurre entre una esperanza y otra; se puede resumir como un ejercicio continuo de esperanzas de ver cumplir lo que deseamos.
Sin embargo, muchas personas que se sienten solas, frustradas; que sufren de alguna enfermedad o enfrentan difíciles desafíos existenciales escasamente se permiten tener esperanzas, aprenden a replegarlas o las sustituyen por el pesimismo que la mayor parte de las veces se convierte en la semilla de sus fracasos para rebasar esas condiciones.
Aunque se puede considerar que “la esperanza es tan vacía como el miedo”, contrario a éste que debilita la mente y el cuerpo, la esperanza motiva a la acción, refuerza la confianza, el entusiasmo y suele tener un resultado distinto.
Ese estado del ánimo en la persona es un estimulante vital para enfocar las energías en el objetivo que se propone obtener, porque como bien señala Samuel Johnson: “Donde la esperanza no existe, no puede existir el esfuerzo”.
Hay esperanza aunque usted no quiera verla, esta es un bien común que todos los seres humanos poseen sin diferencia social o económica.
Hacer lo que quiere y lo que debe hacer de modo esperanzador, sin hipocresía ni impaciencia, siempre habrá de ser benéfico al individuo porque esa actitud va acompañada de una mente positiva. Cuando el sujeto se siente esperanzado en poder alcanzar lo que anhela puede ver más allá de las circunstancias desfavorables.
“La desesperanza está fundada en lo que sabemos, que es nada, y la esperanza sobre lo que ignoramos, que es todo”; tal es la opinión de Maurice Maeterlinck. Es una tácita propuesta a dar un salto en la percepción y dejar de pensar en lo peor sin darle tiempo a la esperanza; también lleva a colegir que conviene sostenerla y proyectarla.
Visto así, vale recordar que la esperanza debe apoyarse en reconocer la presencia del “Poder Supremo” en uno mismo. Es el reconocimiento que da el entendimiento sobre el concepto “Posible” que es sinónimo de viable, realizable, probable; es el reconocimiento que nos cambia la visión respecto al funcionamiento de lo exterior.
El ser humano necesita de la esperanza para recorrer su existencia de mano de la “posibilidad” de bien para sí mismo y para los demás.
La humanidad precisa de la esperanza para no rendirse frente a la búsqueda de lograr un mundo personal y colectivo que tenga un futuro mejor porque, aunque el pasado pudo haber tenido infortunios y en el presente aún prevalezcan, indefectiblemente seguimos avanzando hacia un horizonte de luz.
¡Bendiciones!
“En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás del velo de cada noche viene una aurora sonriente”. K. Gibrán
viernes, 18 de septiembre de 2009
Madurez
Sin embargo, es penoso si el individuo supone que puede realizar tal proceso optando por descalificar o rechazar el conocimiento y las vivencias de los otros presumiendo autosuficiencia; y muchas veces, desplegando también una agresividad selectiva, generalmente con la familia porque ese núcleo social le consiente, le es condescendiente.
Algunos creen tener manifestaciones de madurez liberando brutalidad; eligen escenarios para efectuar sus debates con gestos de desprecio, con voz imperativa o con una imaginaria superioridad confundiendo ésta con el miedo y la inseguridad; arremeten contra quienes no comulgan con sus “ideales” descargando rabia y hostilidad; profiriendo palabras soeces y caústicas; procuran demostrar que tienen "pensamientos particulares” y consideran que el disgusto que les provoca la disensión de otro con ellos, les da derecho a insultarle.
Dado que estas personas desconocen la prudencia, con facilidad sucumben a impropias experimentaciones sexuales, alcohólicas, de drogadicción y demás, viviendo su singular interpretación iconoclasta de la madurez.
En múltiples ocasiones esta actitud expresa un cúmulo de enojo y resentimiento por hechos del pasado o por episodios que la persona continúa pasando y que le impactan de manera significativa. Pero aun así, pretender mostrar que se ha crecido lastimando a alguien y excluyendo ponderar la intención, los argumentos, el conocimiento y la experiencia válidos de ese alguien, en ningún caso es un signo de sensatez.
La madurez no es resultado de la actitud punitiva y para lograrla tampoco se hacen necesarios ciertos atavismos de otra época. Si el ser humano quiere beneficiarse del aprendizaje que le permite la suma de sus años, debe tener en cuenta que la importancia que tiene su experiencia, sea feliz o dolorosa, es lo que hace con ella, cómo la aplica, hacia cuál tipo de conducta le lleva.
Las primeras expresiones en el proceso auténtico de madurez se evidencian con la determinación del individuo de aprender a pensar y a manejar sus emociones sin fingimiento, sin construirse distintas versiones de sí mismo; cuando este se responsabiliza de sus acciones sin excusarse por lo vivido o por las situaciones del presente; cuando su respuesta va más allá de la edad, de la escolaridad, de lo laboral o de lo circunstancial.
La gente interactúa porque por ese medio evoluciona reflexionando, aprendiendo, aceptando, diferenciando; creando su forma de vivir sin dejar fuera la sana convivencia con los demás.
En las diferentes fases de la madurez el individuo busca información y absorbe conocimiento; aprende a confiar en sí mismo y en otros, a exponer sus conceptos, su visión general del mundo y sus asuntos; conforma su sistema de creencias y sus valores positivos, para lo cual le puede servir el ejemplo familiar; define su carácter; puede nutrirse sabiendo sobre situaciones superadas por otros; gana independencia, y muchos logros más.
Por eso, en tal proceso la persona precisa, fundamentalmente, de las figuras materna y paterna, y también tiene importancia en el mismo los mentores. Todos ellos le pueden facilitar a él/ella examinar sus nociones de la vida que entiende que son volátiles, confusas, difusas; le ayudan a elevar su nivel de conciencia y seguridad, a desarrollar su pensamiento y sus capacidades; e igualmente, pueden formularle señalamientos provechosos para minimizar las posibles consecuencias infortunadas de sus decisiones y de sus acciones.
La autarquía y el apego yacen en los extremos; hay que buscar el equilibrio a través del buen juicio. El Maestro nos orienta de esta manera: “Si uno aprende de otro pero no piensa, andará desorientado. Si, por el contrario, piensa pero no aprende de otros, estará en peligro”.
La sensatez es un activo intangible; facilita que el individuo sea más consciente, articulado, flexible, sensible y centrado para asumir la responsabilidad de su propia vida.
¡Bendiciones!
“No se trata de ira, se trata de paz. No se trata de poder, se trata de gracia. No se trata de reconocer tu enemigo, se trata de conocerte a ti mismo”. El Monje
martes, 8 de septiembre de 2009
Colaboración
Sin embargo, en la dinámica familiar frecuentemente se omite tal práctica. El programa de actividades diarias de quienes conforman la familia (con la posible excepción de la programación de la madre), generalmente está repleto de ocupaciones pero no incluye las domésticas, a través de las cuales es que casi siempre se origina la colaboración.
Desde la infancia se debe enseñar al ser humano respecto a la importancia que tiene para sí mismo y para la familia la tarea que cada uno de los miembros del hogar realice en el hogar. Debe explicársele con claridad el porqué de la colaboración y lo que debe hacer, enseñándole, por ejemplo, a llevar al zafacón la bolsa con basura, a preparar la mesa para comer, a lavar los platos, a limpiar el baño…
Por supuesto, hay personas que no facilitan la colaboración de los otros por creerse autosuficientes, por sus excesos de servilismo, por considerar que son las que saben hacer lo que hay que hacer, por complacer, por sobreproteger, por controlar, por mantenerse hiperactivas, por miedo a que el/la otro/a demuestre sus habilidades. Igual lo hacen para provocar en los demás un sentimiento de ser individuos imprescindibles o por no haber aprendido sobre el valor de la sana colaboración.
Como todo ser humano tiene puntos fuertes y debilidades, sea infante o adulto, aportará de acuerdo a su particular energía, a su conocimiento, a su capacidad, a su destreza y a su determinación de efectuar una colaboración eficaz.
Por eso es valioso el claro sentido de colaboración; éste se refleja en las relaciones personales, profesionales, laborales, de amistad y en los grupos sociales.
En el espacio laboral la colaboración es apreciada por los resultados positivos que genera, motivo por el cual es vital que cada quien entienda el papel de cada trabajo dentro del propósito de la organización.
Ese comportamiento, además, tiene repercusión en el orden social; el individuo haciendo lo que debe hacer colabora con los objetivos generales de la sociedad.
La colaboración también facilita la interacción y el aprendizaje porque es un medio para conocer las habilidades de otros y utilizarlas para fines comunes; incluso, puede fortalecer los lazos afectivos.
¡Bendiciones!
“La unión hace la fuerza, pues cuando un elemento (neurona, idea, persona, etc.) se une (conecta, asocia o enlaza) con otro resulta una energía total (fuerza, potencia o poder) que supera con creces a la simple suma aritmética de sus energías o fuerzas parciales”. (Autor desconocido).
martes, 1 de septiembre de 2009
Paz
Generalmente se habla más de la paz a nivel colectivo: la paz familiar, gremial, social, nacional o mundial.
Pero, la verdad es que la legítima y transferible paz se inicia con la experiencia individual. ¿Acaso puede una persona disgustada, ansiosa o codiciosa sentir, reflejar, brindar o propiciar paz?
Para la mayoría de la gente los deseos, los apegos, la búsqueda, la espera son motivos perturbadores de su paz mental. También, les perjudica el sosiego a los de comportamiento belicoso o cáustico. Y muchos, acostumbrados a vivir en tempestad por los conflictos, el drama, lo superficial, los excesos, no conocen la paz o ésta los confunde. Esa vibración peculiar se propaga afectando a todos y a todo lo que yace en su campo de gravedad.
La paz personal es un tesoro inconmensurable; es un elemento esencial en la salud completa del ser. Cuando tenemos paz la palabra y el silencio nuestro recrean a los demás.
Se requiere de voluntad y aceptación para crecer en la paz y fomentarla. Es necesario cultivarla, dimensionar su valor deteniendo la glorificación y la premiación de la violencia en las relaciones de la raza humana.
A nivel social hay que motivar acciones para exaltarla y crear más bonos de paz, tales como la música y el deporte, los cuales históricamente han contribuido a derribar barreras de diversidad y exclusión.
La paz facilita la creatividad, la prosperidad y la felicidad propia y colectiva.
Cuando nos sentimos en paz somos libres, podemos ofrendar amor, verdad y solidaridad, y favorecer la justicia y la equidad. Al expandir esas energías, se coopera con la paz de la especie y del Planeta.
Creemos en un proceso dado de lo particular a lo general que concrete el advenimiento de un vivir globalizado, signado por una consistente cultura de paz; que el concepto “paz” deje de considerarse utópico; que la humanidad, por unanimidad, coloque en sitial preferencial este intangible activo universal que brinda atractivos beneficios de excepción, personales y comunes.
Finalizamos este tema agradecidos en perfecta paz, deseándole, que también sea con usted la Paz.
¡Bendiciones!
“Si no estamos en paz con nosotros mismos, no podemos guiar a otros en la búsqueda de la paz”. Confucio
miércoles, 26 de agosto de 2009
Lo correcto
Un mismo hecho puede ser considerado por unos correcto, y por otros no.
Muchos respaldan sus acciones imputando los controles laxos, el mal sistémico, el sentido de oportunidad; comparando lo que hacen con lo “malo” que otro hace o aplicando las frases: es la costumbre, no está prohibido, es una práctica común.
Algunos actúan en función de la coyuntura: no se pudo hacer distinto, tenía que cumplir las órdenes, me dejé llevar por la emoción, la situación me obligó a hacerlo.
Mientras, otros entienden que lo correcto es lo que está avalado por la ley, la moral, la ética, la normativa, lo aprendido.
Entonces, ¿cómo saber qué es realmente lo correcto?
Las sabias enseñanzas milenarias nos han provisto claridad respecto al recurso que el ser humano tiene para la actuación correcta. Ese recurso es la Conciencia, con la cual se nace, día a día se expande y es la que de manera silente, irrefutable, indica la dirección de lo correcto.
Asiduamente se cree que el individuo ignora qué es lo correcto, pero evidentemente no es así. Desde la niñez, él sabe lo que es correcto, sabe manifestar esa conducta; no obstante, opta por las excusas y los argumentos intentando acallar lo que le dicta su conciencia y vive forcejeando con tal dictado porque no hay nada más difícil que no hacer lo correcto.
No hacer lo correcto significa asumir una carga que se ha de llevar hasta el último aliento porque es un comportamiento contrario a la naturaleza de bien del propio ser. Basta con contemplar ciertas despedidas de vida.
Cuando una persona realiza lo correcto no hace la diferencia; es la diferencia, afirma el Dalai Lama. Un ejemplo de este tipo de proceder, conocido y documentado, es el de Oskar Schindler. Su conciencia lo llevó a sobrepasar la discriminación religiosa, racial y de nacionalidad, desafiando peligros que ya han sido reiteradamente difundidos por los medios de comunicación.
Lo correcto es aquello que no causa inquietud, dolor, culpabilidad; no pone a la defensiva, no conduce a la mentira, al engaño ni mantiene en pánico; no posibilita que se impugnen las razones ni necesita de una validación constante; no hace perder el centro de la historia particular, ni colisiona con la serenidad interna ni con la integridad.
La gente resuelta a obrar conscientemente también debe evitar a los obsecuentes, porque muchas veces buena parte de sus elecciones las efectúa escudándose en opiniones de ellos.
“De un ser humano, observa su manera de actuar y las razones que lo mueven. Observa, además, qué le hace sentirse bien. De este modo lo conocerás”; es el consejo de Confucio.
Esto denota que lo correcto no se basa en pontificar sobre virtudes, principios, valores, espiritualidad, humanidad y todo lo demás, o ser nombrado maestro, sabio o santo.
Sencillamente, quien hace lo correcto se es fiel a sí mismo, y sus decisiones le producen satisfacción porque están en consonancia con los preceptos de su conciencia.
Para evaluar cualquier acción sólo tiene que cerciorarse de cuál es la dirección que lleva y lo que siente con ella.
¡Bendiciones!
“Nunca hay que pactar con el error, aun cuando aparezca sostenido por textos sagrados. M. Gandhi
miércoles, 19 de agosto de 2009
Bailar
Esta expresión artística es primitiva. Tempranamente el ser humano se deleitaba con sus bailes rituales, según lo demuestran ciertos frescos paleolíticos cuya antigüedad fluctúa entre 30,000 y 10,000 años a.n.e.
Los variados componentes del baile son todos estimables.
El baile incluye: música, entretenimiento, movimiento, creatividad, socialización.
Por medio del baile se puede compartir, fomentar la afectividad, liberar la espontaneidad, ejercitar la mente y el cuerpo.
Bailar mejora el humor, incrementa el vigor, despeja la mente de pensamientos negativos, alegra, divierte, facilita la interacción, adelgaza, eleva la autoestima, elude la rutina.
Es una actividad que se puede efectuar gratuitamente en su casa, a solas o con la participación de familiares, pareja, amigos, compañeros y vecinos.
Expertos en la salud y los ejercicios físicos han determinado que bailar, entre sus numerosos beneficios, puede: disminuir la tensión y la depresión; fortalecer los huesos y los músculos y prevenir enfermedades como la alta presión y la osteoporosis.
Como también, favorece a los sistemas cardiovascular y respiratorio y a los órganos digestivos; tonifica el cuerpo, elimina líquidos y toxinas; aumenta la resistencia y flexibilidad muscular, la movilidad de las articulaciones, la agilidad, la coordinación física, el tono de la piel, y brinda mejoría a la postura y al equilibrio.
Actualmente, bailar es un fórmula reconocida e idónea para "estar en forma" porque, dependiendo de la intensidad, de la energía con que se baile, ésta resulta ser un excelente ejercicio aeróbico que causa una comprobada quema de calorías.
Diversos son los ritmos para elegir: flamenco, danza del vientre, hip hop, merengue, salsa, tango, reggaetón, jazz, cumbia y muchos más.
Si no sabe bailar apele a los vídeos, a la escuela de baile o a sus amigos que saben hacerlo. Incluso, por la importancia que tiene esta acción, existen modalidades de bailes para las personas con limitaciones físicas.
Quisiéramos, que partir de hoy suene la música y comience para usted esta saludable función de diversión.
¡Bendiciones!
"El baile es escultura en movimiento" M. Sorell
martes, 11 de agosto de 2009
Transformación
Habitualmente, en situaciones conflictivas, disyuntivas, deliberativas, la persona tiende a buscar ayuda para recibir apoyo y guía en pos de obtener la mejor opción como solución para sentirse bien.
Y, ciertamente, la colaboración que brinda un amigo, consejero, psicólogo o terapeuta, puede resultar valiosa para atenuar el camino de sufrimiento, inquietud o confusión.
Pero, tomar la decisión con una capacidad más consciente de realización involucra el amplio conocimiento interior respecto a la esencia del ser y su cometido, y eso requiere de una transformación en el pensar y en el sentir.
Sin embargo, escasea la inclinación a explorarse para sustentar el bienestar a través de la luz de sí mismo. La auténtica y profunda introspección es literalmente ignorada como medio para tal fin.
Por eso, al tratar el tema de la Transformación lo primero a dejar claro es que ésta no se da por imantación, ni es un proceso pasivo en el individuo, ni nadie puede hacerla por otro; es como la respiración.
Cada cual tiene que hacer su particular tarea de inacción y acción.
La sabiduría tolteca explica que el ser humano debe efectuar una Maestría de Transformación para liberarse de la domesticación "cambiando los acuerdos que se basan en el miedo y le hacen sufrir, y reprogramando su propia mente a su manera. Uno de los procedimientos para llevar esto a cabo consiste en estudiar y adoptar creencias alternativas."
La transformación es asunto de vida diaria. Es una revolución activada desde el interior. Es prestar atención al cómo se piensa, se siente y se actúa y a los resultados que se obtiene con ese cómo. La observación consciente revela lo que hay que modificar.
El libre albedrío de la mente hace posible acoger nociones alternativas referentes a la vida y a sus eventos.
La reflexión, la meditación, el análisis, la lectura relativa a los orígenes del temor, a los conceptos de vacuidad, flexibilidad, percepción y armonía interior proporcionan elementos necesarios para transformar el conocimiento estereotipado que conduce al malestar. Entonces, se aplica esto al consecuente accionar.
El ser humano merece más que paliativos para sentirse bien; merece un bienestar no condicionado por las circunstancias y lo material. Entender que este debe ser un reflejo de su naturaleza y que él puede transformar su entorno desde su propio estado mejorado cada día.
Para hacer lo que quiere hacer, "El individuo nace libre, responsable y sin excusas", señala Jean Paul Satre.
La transformación es una travesía personal en solitario. Un viaje existencial, vivencial y didáctico en el cual nos sentimos absolutamente acompañados cuando nos apoyamos en la Energía Superior y expandimos el discernimiento, la valentía y la voluntad para manejar con sabiduría los anhelos y los actos.
Apréstese a librarse de la carga de ideas preconcebidas contaminas de prejuicios. ¡Transmútelas!
¡Bendiciones!
“Nosotros mismos debemos ser el cambio que deseamos ver en el mundo”. M. Gandhi
martes, 4 de agosto de 2009
Recuerdos luminosos
La memoria episódica representa la individualidad en lo vivido. Cada recuerdo tiene su propia historia; y provoca en cada quien particulares emociones. Si una persona al repasar su vida dice que no es como la quería, no con eso invalida sus recuerdos.
Se pueden evaluar los recuerdos en retrospectiva. Presentan el contenido de los procesos de desarrollo existencial, las vivencias diarias. Incluyen actos sublimes y superficiales, tiempos de amor y de desamor; de alegrías y tristezas; de luces y de sombras; días de abundancia y de carestía; de fe y de dudas.
Los recuerdos desarropan nostalgias, revelan causas, justifican consecuencias, reflejan niveles de crecimiento, señalan los peldaños alcanzados, las adversidades superadas; muestran el compendio de rótulos colocados en el camino hasta ahora recorrido.
A través de ellos se recrean episodios como las bellas descripciones de aspiraciones compartidas, una impecable manifestación de ternura, el nacimiento de un hijo/a, los paisajes eternos del ejercicio espiritual, el abrazo que nos habló sin palabras, la aceptación de la disculpa después de haber lastimado a alguien.
Mediante los recuerdos se retrotrae la profunda tristeza que produjo una partida, la pesada carga de aflicción como equipaje, el punto de inflexión que indujo a la reflexión, la mano extendida para apoyarnos, la expresión de gratitud por la acción solidaria, los fuertes lazos afectivos construidos.
Sin olvidar la calidez recibida sin factura, los días perfectos habitados cerca del corazón de alguno/a, la amistad y sus aportes, los memorables encuentros con quienes nos ayudaron a crecer y a ser mejor persona.
Nuestros recuerdos luminosos son los evocados sin apegos. Permiten continuar la marcha, explorar nuevas posibilidades con más conocimiento sobre la vida, mejorar las decisiones, justipreciar el presente y el futuro.
Vivamos a plenitud los días por venir. Esos días sumarán momentos para recordar; y de seguro que los nuevos recuerdos serán tan o más luminosos que los actuales.
¿Sabe?…estos recuerdos son de alguien y, en verdad, todos han sido ciertos. Posiblemente, son semejantes a los suyos, y a los de muchos otros.
¡Bendiciones!
“Estas lleno de materia celestial y llevas en tu mente el inventario de tus mejores gracias”. W. Shakespeare
martes, 28 de julio de 2009
Inhumanidad
En menor o mayor escala el individuo conoce esas dos exteriorizaciones.
La humanidad representa el afecto, la atención, la aceptación que da y recibe. Y la inhumanidad, la agresión, el abuso, la aflicción, en sus variadas formas refinadas o brutales, que experimenta e infringe directa o indirectamente.
La inhumanidad se expresa a través de la palabra, la indiferencia, la agresión física, la burla, la manipulación, la imposición, la hostilidad, la segregación, el castigo.
También, por medio del ejemplo que se absorbe u ofrece si hay violencia doméstica en el hogar. Y ese tipo de vivencia engendra una posible cadena porque, normalmente, la ocurrencia de la “silenciosa” iniquidad cotidiana se mantiene disimulada; sólo se toma en cuenta cuando la desgracia puede ocupar primera plana.
Entonces, son innumerables los que aprenden desde temprana edad a drenar su desconocimiento y sus frustraciones mediante los actos de inhumanidad, escondiendo la sensibilidad y afianzando el comportamiento equivocado que le muestra la humanidad como una debilidad.
Con tal distorsión en los sentimientos, la persona se torna propensa a reproducir conductas inhumanas.
Por consiguiente, la principal decisión consciente y consistente del hombre y de la mujer debe ser trabajar con la actitud personal para cesar el propio ejercicio de este patrón de conducta que ensombrece la lucidez y el intelecto.
Más aún, los mayores deben elevar la conciencia respecto al daño que el trato y el ejemplo inhumano ocasiona a los hijos e hijas porque les enseña desde pequeños a actuar con una compasión limitada.
Se hace imperativo sopesar las secuelas que tienen nuestros actos de inhumanidad sobre nosotros y sobre los otros.
Hay que tener presente que el mejoramiento de la sociedad se inicia con el mejoramiento del individuo. Es ineludible suprimir la creencia particular de que la crueldad es un remedio para la crueldad.
Las líneas de acción social dirigidas a la erradicación o disminución de la inhumanidad de la gente por medio del crecimiento personal, deben ser incrementadas. Los roles de la familia y de las otras instituciones deben ser cumplidos.
La inhumanidad no tiene excesos; por mínima que ésta sea nunca es ni sana ni beneficiosa. Es preciso revisar la conducta diaria en nuestras relaciones con los otros para corregir las formas de insensibilidad, aunque sean muy sutiles.
La inhumanidad es la muerte de toda razón. Es indigna.
¡Bendiciones!
“La naturaleza humana es buena y la maldad es esencialmente antinatural”. Confucio
miércoles, 22 de julio de 2009
Orden
En la vida humana, el orden es un método que debe comenzar a aprenderse en la infancia, con el quehacer cotidiano.
En la casa se observa la disposición del mobiliario, los ornamentos, los libros, los utensilios, la vestimenta y demás pertenencias materiales de sus habitantes.
Luego, de manera directa se le enseña al niño y a la niña a ordenar la mesita de tarea, los juguetes, el closet, las actividades.
El desorden, contrario a la referida disposición, es confusión, provoca incomodidad, pérdida de tiempo; se asocia al descuido, a la falta de higiene, a la poca lógica de armonía. Hay personas que convierten en verdaderos vórtices de entropía los espacios físicos que utilizan.
Sin embargo, el orden nos facilita el confort, la tranquilidad, la productividad. Representa limpieza, belleza, claridad, seguridad. Con él se conforman los sistemas, se gana tiempo, se agilizan los procesos, se evita dificultad.
Con la excepción de la creatividad, el orden está implícito en todos los aspectos de la vida humana. Ejemplo de esto lo es: la matemática, la construcción, la música, el tiempo, la dinámica de dar y recibir, el alfabeto, el desarrollo productivo, los criterios administrativos, institucionales, sociales.
Del mismo modo, el orden está en el sentido estético, en algunos hábitos rutinarios saludables y, evidentemente, en la sucesión de vida, crecimiento y muerte.
Para ser ordenado se requiere de un aprendizaje similar al de cualquier otra norma, y es provechoso si esta se armoniza con las buenas costumbres porque así es más fácil aceptarla y mantenerla.
Alguien dijo que: “Para buena vida, orden y medida”.
Retribuye aplicar, con flexibilidad, orden a la mente, a las ocupaciones y al entorno; permite sumar calidad al vivir y a sus resultados.
Y lo maravilloso es que… ¡siempre es tiempo de esperanza y orden!
¡Bendiciones!
“El amor como principio, el orden como base, el progreso como fin”. A. Comte
jueves, 16 de julio de 2009
Entusiasmo
Parte de la tristeza y el fracaso que vive mucha gente está vinculada a la falta de entusiasmo en lo que hace. Eugene D´Ors afirma que: “No hay en el mundo peor bancarrota que la del hombre que ha perdido su entusiasmo”.
Varios factores inciden en tal actitud. Por ejemplo: si el individuo en su zona de interés personal no es fácil de motivar, es muy voluble en sus tendencias, efectúa sus actividades por imposición o porque quizás ha establecido sus metas sólo en función de exiguos resultados y no los quiere mejorar.
También, si la persona no se permite la flexibilidad, se restringe la espontaneidad o se rehúsa a modificar su conducta, hábitos, tareas. Igualmente, si padece de alguna condición emocional o física de cuidado, por lo cual precisa recibir un trato especializado.
El entusiasmo es el mejor aliado de la actitud positiva. Dependiendo de la estructura mental y emocional del ser humano, éste, entre otras razones, puede entusiasmarse al recibir una propuesta que le sea significativa, al concebir una idea que le gustaría concretar o por alguna decisión que tome para transformar determinado aspecto de su vida.
Regularmente, el individuo entusiasmado no se detiene demasiado tiempo a procesar las probabilidades con una mente sobre analítica. Casi siempre ofrece una respuesta inmediata o a breve plazo en el accionar, porque el entusiasmo toca la sensibilidad, la preferencia particular.
Un destacado mérito del entusiasmo es su aporte de sensación de energía renovada que mueve a las iniciativas, al mejoramiento personal, en los procesos productivos y en los actos de bien hacia los demás.
Sin embargo, hay que saber manejar el apasionamiento porque en algunos es de muy corta duración y otros cometen errores de imprudencia si esa emoción es excesiva. Como en todo, es recomendable el equilibrio.
El entusiasmo es una manifestación del espíritu. Un recurso característico en los emprendedores, los optimistas, los progresistas, los triunfadores. Se irradia y hasta se contagia.
Es saludable siempre tener algo por el cual estar entusiasmado. Es un buen medio para combatir la depresión, el estancamiento, la inercia. Apoya las motivaciones para ejecutar grandes o sencillas aspiraciones, y en casi todas las circunstancias puede generar movimiento para erigir cualquier proyecto de vida. “El simple entusiasmo es todo en todo”, nos recuerda William Blake.
Los desafíos son más estimulantes cuando se afrontan con entusiasmo. Es como agregar sal a la determinación de superarlos.
Permítase entusiasmarse con su vida para vencer dificultades, para crecer en el bienestar y para mejorar algo en la existencia de otros.
¡Bendiciones!
“Actuamos como si el lujo y la comodidad fueran lo más importante en la vida, cuando lo único que necesitamos para ser realmente felices es algo por lo cual entusiasmarnos”. Ch.Kingsley