martes, 20 de noviembre de 2007

Dar y recibir

Nada es inmutable. El cosmos actúa a través de un intercambio dinámico de dos corrientes de energía.

La interacción armoniosa de todos los recursos y las fuerzas que conforman la existencia. Espíritu, mente, materia, movimiento y acciones se mantienen en la interacción de este ubicuo flujo.

El canal: la Ley del Dar y Recibir. Todo se multiplica cuando es dado. La acción de dar origina el recibir.

En el Dar y Recibir lo importante es la intención y el acto voluntario e incondicional; aportando siempre elementos de bien.

La Ley sustenta el principio de mantener el flujo por medio de nuestra disposición de dar aquello que buscamos.

Las formas materiales no son las únicas apreciadas. Dar alegría, tiempo, solidaridad, paz, atención, afectos; son obsequios altamente valiosos, con efecto permanente. Como también lo son los buenos deseos y la oración.

No generará abundancia si lo que da lo siente como pérdida. Además, habrá de tener presente que el regalo llevará cintas, no cuerdas, porque no es un soborno ni busca recompensa.

Es imposible que una persona dé más de lo que recibe.

Un corazón generoso es poderoso. Como nada espera, la retribución le llegará fundamentalmente expresada en riqueza espiritual y emocional.

Mientras esté dando, estará recibiendo...

Dar y recibir es participar.

Para hacerlo, tiene que estar dispuesto/a a componer la ecuación con conciencia y amor. A extender, con vocación, las dos manos abiertas para dar y recibir. Sin sofisma ni hipocresía.

¿Y sabe algo?... la intención no será impresionar a los demás, sólo que también es bueno que su dulzura personal, como efecto secundario, pueda servir como rocío para regar el jardín de otros.

¡Bendiciones!

“A un gran corazón, ninguna ingratitud lo cierra, ninguna indiferencia lo cansa”. L. Tostói