viernes, 6 de julio de 2007

Toxinas

Un aspecto altamente perjudicial a la salud espiritual, mental, emocional y física, es provocarnos o consentir elementos tóxicos en nuestra vida.

En la búsqueda por satisfacer “necesidades”, propiciamos situaciones que constantemente arriesgan nuestra armonía existencial.

La interrelación humana, por ser la actividad que más nos conecta con el mundo exterior, también es un amplio territorio de vivencias dramáticas a través de experiencias violentas, agresiones pasivas, ansiedades insospechadas, pensamientos y sentimientos negativos, decisiones erráticas.

Como ejemplos de actitudes perniciosas son las: intimidantes, apocalípticas, enjuiciadoras, abusivas, cáusticas, manipuladoras, obsesivas. Así como los actos de descalificación, intriga, soberbia.

Igualmente, la adicción de controlarlo todo y a todos, los intermitentes colapsos emocionales motivados por incomprender o culpabilizar, constituir o constituirse en Némesis por la incapacidad de proceder con ecuanimidad de juicio, o el escaso aprendizaje para relacionarnos con seres humanos de distintos niveles evolutivos.

Las consecuencias de tales prácticas son similares, y la mayoría peores, que cuando elegimos cualquier otro hábito dañino de alimentación, entretenimiento, bebida.

El crecimiento personal implica reflexión y acción transformadora sobre las condiciones nocivas que, consciente o inconscientemente, se padecen o se causan a otros.

Muchas personas se acostumbran a las fugaces compensaciones que provee participar en el juego de los roles de víctima-victimario/a. No advierten que ese estado insano gravita en todos los aspectos del vivir.

Liberar este tipo de carga es una necesidad para realizar los días con cierto grado de satisfacción; pero otras veces, es la diferencia entre la vida y la muerte.

Permítase la oportunidad de mejorar su vida. ¿Qué si lograrlo es difícil? Por supuesto que sí. Eliminar cualquier adicción significa tener que desarrollar la conciencia, la firmeza de carácter, la autoestima, la disciplina. Pero bien lo vale.

Será preferible que establezcamos límites sobre lo que nos permitimos hacer; porque en ningún caso las situaciones tóxicas resultarán evolutivas, gratificantes, redituables.

¡Bendiciones!

“…el mundo ya no importa si uno no tiene fuerzas para seguir eligiendo algo verdadero, si uno se ordena como cajón de cómoda” J. Cortázar