Al ser humano, muchos episodios en su vida le llevan a renunciar a determinados propósitos, le provocan sentimientos de culpabilidad o de decepción consigo mismo o le motivan rupturas emocionales con los demás.
Sin embargo, dar o darse una segunda oportunidad podría ser una forma de restaurar el propio bienestar o la relación con otros.
La actitud que la persona debe evitar es negarse a resolver las situaciones que le causan malestar; cuidar de no emprender una expedición punitiva hacia sí mismo o hacia otra persona, que anule las viabilidades de rehabilitación.
Admitir haberse equivocado o aceptar cuando el otro reconoce su equivocación, podría resultar difícil. Por eso, se precisa de la reflexión y de la comprensión de los acontecimientos para establecer lo favorable de ofrecer u ofrecerse una segunda oportunidad.
Resulta una suma de desaciertos apartarse de las relaciones afectivas por haber sido lastimado en una de ellas, desistir de retomar las iniciativas para desarrollar un buen proyecto porque anteriormente el intento fue fallido o por alguna razón sentirse desilusionado de sí mismo.
También, errado es mantener un sentimiento de culpabilidad y utilizarlo como excusa para vivir un estado de infelicidad, suspender el trato con alguien sin indagar conscientemente si el motivo de la distancia es fruto de una interpretación incorrecta, o dejar que el miedo a no lograr algo conduzca a descartar una aspiración deseada.
La segunda oportunidad permite que, actuando reflexivamente, se pueda mejorar el propio aprecio, comprender las motivaciones de los demás, aclarar las deducciones inexactas, comunicar lo que se siente o perdonar sin tener que conceder permiso para continuar el abuso, si este ha sido el móvil de la separación.
O sea que, una segunda oportunidad facilita salir de la prisión personal que genera la experiencia de cualquier suceso irresuelto, considerado infortunado.
Hay que abandonar la supuesta zona de comodidad individual que elude afrontar ciertas situaciones.
Nadie puede vivir sanamente sintiéndose ofendido, frustrado, culpable o culpado, resentido, temeroso, dolido, decepcionado, teniendo algo pendiente que resolver. La reflexión, el entendimiento y una segunda oportunidad para la acción, pueden transformar el diario vivir.
Aun cuando la persona haya tocado fondo en algún aspecto de su vida, una nueva oportunidad puede ser el camino para reinventarse en el sentir y en la actitud. El arcoíris se ve después de pasar la lluvia, y las opciones pueden ser mayores y superiores.
En fin, lo que se trata de obtener con una segunda oportunidad es mejorar la actuación de sí mismo y facilitarle a otros hacer lo mismo.
¡Bendiciones!
“Una segunda oportunidad puede ser la manera de reparar los puentes que nunca se pensó y puede representar la promesa de celebrar más días para agradecer”. Anónimo
martes, 16 de agosto de 2011
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