Para una significativa parte de la población mundial, la justicia es simplemente una palabra, porque son innumerables las veces que los dictámenes en nombre de ella se parcializan a favor de quienes tienen más poder, más dinero, más influencia, lo cual permite el expansivo estado de deterioro de la misma.
Justicia es la que alguien reclama cuando ha sido víctima de cualquier acto de inhumanidad o ilegalidad. Sin embargo, demasiadas son las veces que las respuestas a tal demanda no son las que se esperan.
Quien ejecuta la justicia debe tener un comportamiento virtuoso, veraz, honesto, y defender los derechos humanos; proteger la ley y demostrar su fuerza aplicándola con rectitud para contribuir a que el infractor de esta se oriente hacia el bien.
Al evadir la administración de la justicia con cabalidad, esta se convierte en una simple palabra del diccionario.
Por otra parte, el individuo que quiere justicia debe entender que su patrimonio, su formación educativa, su rango social o sus conexiones personales, no están por encima de la justicia. Debe saber que sus acciones tienen que mantenerse dentro de los códigos de convivencia establecidos para garantizar también el derecho de los demás, porque si el delinquir no se sancionara se promovería el desprecio por los derechos humanos.
Muchas veces, vencidos los plazos para que quien ha sido abusado pueda obtener justicia, el transgresor se cree inocente ante la ley. Pero olvida que sobre la ley social la conciencia individual rige de manera permanente, y un hecho incorrecto puede atormentar para siempre el alma humana.
Además, y sobre todo, queda la justicia en las acciones diarias de la vida. Las referentes al trato equitativo, honrado, correcto que cada ser humano debe darle a los demás. Esa justicia que pone al descubierto la propia probidad y obra a favor de quien la recibe y de quien la da.
¡Bendiciones!
“En la justicia se hallan representadas todas las virtudes” T. de Mégara
martes, 29 de noviembre de 2011
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