lunes, 12 de septiembre de 2011

Prejuicio

¡Oh ser humano, cuándo aprenderás a relacionarte con tus semejantes sin que medien los prejuicios!

Hay diversas modalidades de prejuicio y son variados los asuntos que se someten a él. Este tema trata los prejuicios entre la especie humana, por considerarlos como una cuestión que dificulta su convivencia.

El color de la piel, la posición, la ascendencia social, el género, el rango de influencia, las posesiones, las afiliaciones, el nivel educativo, la apariencia y hasta la vestimenta son factores de juicio.

El prejuicio humano es una valoración o idea preconcebida, generalmente desfavorable, que se tiene sobre otros; una suposición, un criterio, un sentimiento, una crítica sobre alguien sin tener suficientes elementos objetivos. Una actitud que se puede percibir en los ambientes y actividades de la población sin distinción de estrato social ni edad.

En las oportunidades formativas y productivas, en las facilidades crediticias, en la aceptación en determinados grupos o eventos sociales, en los espacios laborales, religiosos, recreativos, políticos y demás, están presentes los prejuicios.

A los prejuicios están asociadas las conductas discriminatorias o dominantes como la esclavitud, el tribalismo, la intolerancia religiosa, el machismo, la misoginia, el racismo la segregación, la androfobia, el fanatismo, el sexismo, la homofobia, la violencia sobre niños, mujeres u hombres, entre otras.

De manera personal o grupal se utilizan los prejuicios para someter a otros, para establecer categorías de bueno y malo, para proteger las conveniencias, para ocultar sentimientos o carencias.

En ningún caso los prejuicios son una base prometedora para una sana relación humana, porque con sus juicios veloces generan crueldad, exclusión, hostilidad.

¿Acaso aún no se ha entendido que para toda la humanidad solo existe una sola raza, ascendencia, linaje o como quiera caracterizarse? Entonces, si todos tenemos la misma condición de humanos, ¿cómo se justifican los prejuicios? ¿Quién es ese ser de naturaleza distinta que tiene el derecho de enjuiciar, categorizar o menospreciar a otros?

Aunque sea “más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”, como dice Albert Einstein, es necesario comprender esto y abolir esta actitud inhumana, porque los prejuicios continúan atentando contra la coexistencia armónica.

El ámbito familiar tiene un rol fundamental en la construcción o no de los prejuicios o para desmantelarlos. Como base de la sociedad, en él debe incrementarse la consideración; debe brindarse el ejemplo de trato indiferenciado a todos los de su especie y, sin fingimiento, debe esto ser asumido como un imperativo para poder ensanchar la conciencia respecto a la igualdad de cualidad en la humanidad.

¡Bendiciones!

“La diferencia entre una flor y la hojarasca, es un juicio” Anónimo