La adultez mayor, la edad avanzada, la ancianidad, son denominaciones del estadio de la vida humana que representa una sumatoria en años, en vivencias, en experiencias y en ocasiones también en sabiduría. Además, se caracteriza por una serie de cambios somáticos, psicológicos y sociológicos.
Para hombres y mujeres, la esperanza de vida está teniendo un alza con relación a la establecida a principios del siglo pasado; ahora se vive más tiempo. Sin embargo, un aspecto importante en esta expectativa lo es el cómo vivir los 10 ó los 20 últimos años, porque no todas las personas manejan con acierto las circunstancias de la ancianidad y sacan provecho a su existencia hasta el final de esta.
En el tema “Vejez” hicimos referencia a la atención personal que en el transcurso de la vida se debe prestar a la mente, a las emociones y al cuerpo físico, para arribar a ese estado con una salud integral.
Esta vez, la reflexión está orientada al trato que se les confiere a los ancianos, ya que muchas veces se toma distancia de ellos o se reduce la interacción con ellos de manera deliberada o inadvertida.
En ese sentido, inquieta pensar que pueda ser acentuada la frecuente relación excluyente que se tiene con los individuos de edad avanzada, porque estudios al respecto indican que la población mundial de mayores de 65 y más años pronto superará a la menor de 5 años por primera vez en la historia. Para cambiar tal tratamiento ayuda el desarrollo de la sensibilidad o un ejercicio de empatía.
Entre los adultos mayores unos viven recluidos, inactivos; otros se conocen por brindar sus juicios calmos y su prudencia en las decisiones, y hay otros que en sus episodios de vida aún está presente una visión audaz; se adelantan al tiempo, viven más allá de ciertos criterios prevalecientes en la sociedad, se mantienen desarrollando sus facultades y sus pensamientos.
Pero de igual manera cualquiera de ellos puede ser un buen interlocutor, una fuente de valiosos consejos que faciliten iluminación a la experiencia humana de alguien.
Por lo tanto, es apreciable ofrecer a las personas de edad avanzada el trato que quisiera recibirse si se tiene la dicha de llegar a ese estamento, relacionándose con ellas con cariño y cortesía.
Se debe tener presente que las expresiones afectivas pueden funcionar como lenitivo, como medio de rehabilitación y de sanación, como antídoto natural contra los eventos adversos asentados en la memoria. Incluso, pueden servir para no sucumbir a la incertidumbre que presagia la disminución o la suspensión de la actividad productiva.
Sea generoso con sus afectos y con su tiempo hacia los ancianos. Ese comportamiento le acerca a una comprensión anticipada de una etapa a la cual usted posiblemente llegue.
¡Bendiciones!
“De seguir sumando años a la propia existencia quisiera que el diario aprendizaje de vivirla sin egoísmo y sin apego, me permita vivir una ancianidad con el mejor disfrute de una paz interior consciente”. Anónimo
lunes, 20 de febrero de 2012
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