“Fuerza y elevación de ánimo natural de alguien, firmeza, energía” es una clara descripción del carácter, y el desarrollo de tales características resulta de importante beneficio en la vida del ser humano.
Sin embargo, el carácter se debilita con la deshonestidad y con el miedo, estado que puede provocar en la persona actuaciones volátiles, impensadas, vacilantes, impulsivas.
Bajo el mencionado predicamento, la persona puede hacerse propensa a reaccionar de forma incontrolable por la menor tontería, a replegarse frente a situaciones que precisen de determinadas tomas de decisiones, a no valorar las oportunidades para su crecimiento, a paralizarse por la desconfianza, como también a actuar con doblez o inmoralidad en detrimento de su autoestima y de su integridad.
El carácter suele forjarse y fortalecerse en el desafío de lo desconocido, en la incertidumbre de la búsqueda, resolviendo las encrucijadas, afrontando las circunstancias difíciles, adversas.
El adecuado desarrollo del carácter posibilita al individuo actuar con entereza, alcanzar metas, catalizar una profunda transformación en sus emociones y en sus pensamientos, potenciar capacidades, proceder con arrojo, porque la fuerza de carácter le facilita a la persona la consecución o no de lo propuesto.
Apoyado en un camino de principios, el carácter se fragua con más solidez para la formulación de los nobles propósitos, para hacer frente a una necesidad de rehabilitación o para manejarse en ambientes hostiles, enviciados, amorales. Tal base también sirve de malla de seguridad para caerse y levantarse, incluso en situaciones severas, y para aprender de las equivocaciones y superarlas con decisión.
El carácter se manifiesta tanto por medio de las pequeñas acciones como en las posturas que implican salvaguardar la probidad.
Para las personas de buen carácter, la esperanza es un hábito difícil de eludir porque sin separarse de la sensatez obran desde la saludable perspectiva que tiene como lema: puedo hacerlo.
Forjar el carácter es materia de aprendizaje permanente y del individuo es el pleno control para poder lograrlo.
Contar con una vigorosa estructura de carácter es como cumplir la mayoría de edad en el aspecto emocional. Esto permite celebrar la emancipación de algunas sensaciones negativas que obstaculizan la expansión de las potencialidades humanas y vivir epifanías por las propias conquistas.
La gracia y el ánimo del ser humano resultan como pauta reveladora de un carácter tonificado por convicciones y valores personales.
¡Bendiciones!
“El carácter es la energía sorda y constante de la voluntad”.
H. Lacordaire
martes, 12 de abril de 2011
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