martes, 10 de febrero de 2009

Enseñanzas

Los temas que recientemente preceden, están concatenados en su accionar: Espiritualidad, Humanidad y Religiosidad. Por ello, consideramos propicio concluir esta serie de entregas refiriéndonos a las Enseñanzas de quienes tenemos por Maestros en tales manifestaciones.

Es cierto que nadie necesita de otro para ser fundamentalmente divino. Ninguna enseñanza lo provee; la divinidad de cada ser humano no se adquiere, ni se aprende. Sólo es preciso reconocer que se tiene.

Sin embargo, en lo que respecta a la conciencia de su divinidad el individuo es como un niño: posee la potencia pero desconoce cómo emplearla. En este punto gana relevancia la participación del Maestro con sus enseñanzas a través de la palabra, de el silencio y de el ejemplo.

De una forma o de otra el ser humano ha podido disponer de diversos medios para obtener información que le facilita el proceso evolutivo. Desde las narraciones orales, los sucesos documentados, hasta el uso de la moderna tecnología.

Esos recursos han estado accesibles para que la raza humana pueda beneficiarse de la sabiduría de otros: principios y preceptos en textos religiosos y conceptos filosóficos.

Aunque unos eligen como guía de vida un sólo medio de aprendizaje, éste será más rico en conocimiento si se opta por construir una plataforma que sea una taracea de enseñanzas, aceptadas de un gurú hindú, un rabino judío, un iniciado esenio, un sacerdote zoroastra, un imán islámico, un apóstol cristiano.

Igualmente las enseñanzas pueden ser de un iluminado budista, un monje shaolín, un santo católico, un místico sufí, un sabio tolteca, confuciano, taoísta o filósofo, un roshi zen, un chamán tribal. Todas nos ilustran.

Los indicados Maestros nos dicen sobre el Amor, la Unidad, la Compasión, el Desapego. Sus lecciones nos orientan a escuchar sus silencios y sus mensajes, más que sus palabras; a despertar en la conciencia y crecer en la observación; a superar el deseo de complacer el ego e impresionar a los otros con nuestra virtud; a librarnos de la tendencia a justificar actos no evolutivos.

Como también nos enseñan que en nuestro interior están las respuestas a las preguntas que podamos hacernos; que la sabiduría no se expresa en vocablos, sino que se revela en la acción; que primero debemos mirar la bondad y la belleza dentro de nosotros mismos, para poder verlas en los demás; que tenemos que derribar las demarcaciones humanas y religiosas, para legitimar las relaciones de esta inigualable especie.

El verdadero Maestro predica con el ejemplo y propone prácticas de bien. Es quien le enseña lo que usted siempre ha sabido; le muestra lo que usted siempre ha estado mirando y le demuestra que si le presta atención a su esencia, no precisará de un maestro para manifestar su Espiritualidad, su Humanidad y su Religiosidad.

¡Bendiciones!

“Cuando abro mis ojos al mundo exterior, me siento como una gota de agua en el océano; pero cuando cierro mis ojos y miro interiormente, veo el universo completo como una burbuja levantándose en el océano de mi corazón”.
H. I. Khan. La Sinfonía Divina