lunes, 22 de junio de 2009

Todo

Con las excepciones de los verdaderos Sabios y Maestros, las personas, en mayor o menor escala, contribuyen a expandir el hábito de enjuiciar del otro lo que es paja en el ojo propio.

Una osada práctica realizada de manera clara o intrincada. Como si quien lo hace se considerara impoluto y el otro fuera el impuro.

El ser humano aún no ha comprendido la coexistencia de la diversidad y la polaridad en sí mismo. La comparecencia en él de las fuerzas mental y emocional que de formas distintas las exterioriza.

Es un ente con una infinita riqueza espiritual y un semillero interior que debe de sanear.

Compasivo y cruel, generoso y mezquino, leal e infiel, laudatorio y condenador, verdadero y falso, confiado y suspicaz, optimista y pesimista, arrogante y sencillo, flexible e intolerante, sosegado e impaciente… …

Ama y odia, bendice y maldice, ríe y llora, resiente y perdona, armoniza y se enemista, da y recibe, incluye y excluye, persevera y abandona, serena y exaspera… …

Todas, son manifestaciones humanas de lo aprendido y de lo pendiente de transformación.

Esa amalgama de pensamientos, de sentimientos y de actitudes, denominados luminosos y oscuros, yace en una misma persona.

Las palabras del Maestro Jesús nos sirven de referencia: “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”.

Hacer introspección sobre esto ayuda a esclarecer la misión existencial individual de reconocer los componentes del ser para invertir la subordinación a la cual tiene sometida la parte humana al espíritu, y permitir que éste pueda permearla a plenitud y guiar sus poderes.

Luz y oscuridad, de equipaje para recorrer el camino. Positivo-negativo, energías imprescindibles para mantener el equilibrio. Y el todo operante en el sujeto, jugando un importante papel en su proceso evolutivo que él habrá de completar a su particular ritmo.

Lo juzgado o lo alabado de los otros, también está en nosotros.

En ese sentido, ha tenido motivos William Shenstone para indicar que: “Generalmente, un hombre suele tener aquellas buenas o malas cualidades que él atribuye a la Humanidad”.

Siendo así, el ser humano debe examinar su paquete de vida y hacer tarea para crecer de modo personal y como miembro de su especie.

Entonces, quizás sólo corresponde a cada cual realizar las advertencias sin prejuicios, y aportar a los demás el resultado positivo que consiga al mejorar su inherente pensamiento y su proceder.

Como ejemplo, permítannos que, con sabiduría y belleza, sea el inmenso poeta sufí quien concluya esta reflexión, al admitir…

“Conocí el bien y el mal, pecado y virtud, justicia e infamia; juzgué y fui juzgado, pasé por el nacimiento y la muerte, por la alegría y el dolor, el cielo y el infierno; al fin reconocí que yo estoy en todo y todo está en mí”. H.I Khan

¡Bendiciones!